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| SEA AMÉRICA
LATINA UN CONTINENTE DE ESPERANZA PARA TODA LA IGLESIA
(Mensaje del Papa al COMLA III - Colombia) |
1. Amados hermanos en el Episcopado y queridos congresistas
venidos de toda América Latina;
Me es muy grato dirigiros estas palabras con ocasión del III
Congreso Misionero Latinoamericano, que tiene lugar en Bogotá
y que ha tomado como lema: "América, ha llegado tu hora
de ser evangelizadora",
En vosotros quiero hacer presente mi saludo a todas
y cada una de las Iglesias particulares del continente: a los obispos,
sacerdotes, religiosos, religiosas, a todos los hijos e hijas de la
Iglesia.
Un saludo de gratitud va dirigido también a los organizadores
y responsables del Congresos a Mons. Mario Revollo Bravo, arzobispo
de Bogotá; a los representantes de cada una de las Conferencias
Episcopales del continente y a sus respectivas comisiones episcopales
de Misiones; a los directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias
y al departamento de Misiones del CELAM Y, junto con ellos, a tantas
personas que con la oración y el sacrificio ayudan a hacer presente
el Reino de Dios en el mundo.
2. Os habéis señalado como objetivo general del Congreso:
Impulsar en las Iglesias particulares de América Latina el sentido
misionero para que, con motivo del V centenario del comienzo de su evangelización,
realicen el propósito expresado en Puebla de ‘proyectarse
más allá de sus propias fronteras’ (n. 368). Hace
un año, durante mi visita pastoral a Colombia, os recordaba con
insistencia este mismo objetivo cuando os decía que 'ha llegado
para toda América Latina la hora de emprender una evangelización
sin fronteras'' (Bogotá, discurso en la catedral primada, 1 de
julio de 1986)c
Bien sabéis cuan cercano me siento de vosotros; con cuánta
solicitud mi corazón comparte vuestras inquietudes y aspiraciones;
con qué gozosa esperanza veo llegar la hora misionera de vuestras
Iglesias particulares.,
Signo de mi comunión profunda con vosotros quiere ser también
la presencia del señor cardenal Jozef Tomko, mi Enviado Especial
para este III Congreso Misionero Latinoamericano.,
¡América, ha 1legado tu hora de ser evangelizadora, de
ir más allá de tus fronteras ¡
3. Interpelados por los signos de los tiempos - a casi
ya quinientos años del inicio de la evangelización de
vuestros pueblos y a las puertas del tercer milenio cristiano-, os habéis
reunido para estudiar la manera de ayudar a las Iglesias particulares
de América Latina a concretar su compromiso de proyectarse más
allá de sus fronteras, dando a las misiones desde su pobreza»
No es necesario deciros con qué atención y solicitud he
seguido las actividades que han preparado este Congreso, que se desarrolla
en la línea de los dos primeros celebrados en Torreón
y en Tlaxcala (México). Hago fervientes votos para que de esta
asamblea, de este privilegiado “cenáculo”, surjan
propuestas, sugerencias y líneas de acción capaces de
ofrecer a cada Iglesia particular la posibilidad de traducir en la práctica
y sin dilación el compromiso asumido, que hará de vuestro
continente un continente de esperanza misionera para toda la Iglesia.
4. En mis oídos resuenan las palabras del Divino
Maestro: “Id y haced discípulos a todas las gentes enseñándoles
a guardar todo lo que os he mandado” (Mt. 18,19-20). Este mismo
mandato ha motivado los viajes misioneros del Sucesor de Pedro a los
cinco continentes. Hoy, al contemplar el panorama que ofrece una gran
parte de la humanidad que aún no ha descubierto a Cristo y recibido
su mensaje de salvación integral, el mandato del Señor
Jesús cobra mayor fuerza y se hace sumamente apremiante .
Al final del segundo milenio cristiano, la Iglesia,
que es "misionera por naturaleza', no puede cerrar los ojos ante
semejante panorama y ante tales exigencias.
Para que América Latina pueda responder a esta permanente llamada
que hace la Iglesia universal, ha de saber comunicar a los demás
la fe recibida, compartiendo las gracias particulares que han acompañado
el don de la fe.
Durante este medio milenio de vida cristiana en América Latina,
el Espíritu Santo ha enriquecido con sus dones a las diversas
comunidades de creyentes, concediéndoles grandes santos y numerosos
misioneros. De este modo se han ido preparando los caminos para poder
llevar ahora el Evangelio al mundo de hoy, en todos sus espacios y ambiéntese.
No se puede olvidar que en vuestra hora misionera es el compromiso de
una herencia recibida' (Tumaco, discurso del 4 de julio de 1986),
5. América está llamada a ser “continente de la
esperanza misionera”. Debe y podrá serlo si renueva “su
inspiración más profunda, la que le viene directamente
del Maestro: ¡ A todo el mundo! ¡ A toda creatura! ¡Hasta
los confines de la tierral! (Evangelii nuntiandi, 50). Debe y podrá
serlo enviando, desde su pobreza, mensajeros que anuncien a todas las
gentes el Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación
de todo el que creeos porque en él se revela la justicia de Dios"(Rm
1,16-17).
La Iglesia en América Latina ha sido y es consciente de que proclamar
y dar testimonio del Evangelio a todas las gentes es una responsabilidad
de todos y cada uno de los obispos, consagrados para la salvación
de todo el mundo (cfr Ad gentes,38; Lumen gentium,23). Es también
responsabilidad de todo sacerdote, religioso y religiosa, que, en comunión
con sus Pastores, están llamados a participar plenamente, en
conformidad con su propio carisma, en la edificación del Cuerpo
místico de Cristo, en, todas las regiones de la tierra. Y lo
es, igualmente, de todo bautizado, pues creer en Cristo exige interesarse
por la salvación de todos los hombres, sus hermanos,.
Gracias a esta conciencia, la Iglesia en América Latina ha hecho
ya mucho por el mundo misionero., Pero lo que falta y es posible hacer
es mucho más.
¡Sí, América, ha llegado tu hora!
Examinad, pues, queridos hermanos en el Episcopado, amados hijos e hijas,
esta urgencia prioritaria. Que este encuentro, como signo de unidad
y comunión eclesial, os mueva a todos, obispos, sacerdotes, religiosos,
religiosas y laicos para que con vigoroso empeño -en palabras
de mi venerado predecesor el Papa Pío XII—, podáis
“cumplir la misión que la Divina Providencia parece haber
confiado a ese inmenso continente, que se enorgullece de su fe católica,
y de tomar parte preferente en la nobilísima tarea de comunicar,
más allá de sus propias fronteras, los preciosos dones
de paz y salvación;1 (cf. Ad Ecciesiam Christi, 29 de junio de
1955: AAS 47, 1955, •541).,
6. Pido a Dios que dé nuevo impulso a vuestro
compromiso misionero durante este Año Mariano. Que María,
Estrella de la Evangelización,la primera evangelizadora de América
‘presente en la misión y en la obra de la Iglesia que introduce
en el mundo el reino de su Hijo"(Redemptoris Mater.28) , os acompañe
y asista en vuestras jornadas de estudio y reflexión y obtenga
del Señor las gracias necesarias para hacerlas fructificar abundantemente.
Los santuarios, dedicados a María en cada uno de vuestros pueblos,
se van a convertir en un Magníficat misionero que, como canto
de Iglesia peregrina precedida por María en marcha hacia el V
Centenario de vuestra evangelización y hacia el año 2.000,
va a señalar la hora misionera de toda América Latina.
A todos bendigo de corazón, en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén.
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