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VATICANO - Entrevista a Su Eminencia el Cardenal Crescenzio
Sepe, Prefecto de la Congregación para la Evangelización
de los Pueblos, con ocasión de la JORNADA MISIONERA
MUNDIAL
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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Con ocasión de la
Jornada Misionera Mundial, que se celebra el domingo 23 de octubre,
la Agencia Fides ha dirigido algunas preguntas al Prefecto de la
Congregación para la Evangelización de los Pueblos
Eminencia este año la Jornada Misionera Mundial
coincide con la clausura del Año de la Eucaristía
y el Sínodo de los Obispos y además es la primera
Jornada Misionera Mundial en el Pontificado de Benedicto XVI, con
un Mensaje propio dado por el difunto Pontífice Juan Pablo
II ¿Cuáles son sus reflexiones al respeto?
Me gusta mucho esta pregunta porque el Evangelio nos enseña
que debemos estar muy atentos a los signos de los tiempos, a cuánto
se va desarrollando en la historia de la Iglesia hoy. Este período
histórico, sobre todo estos últimos años, podemos
contemplarlo como lo que realmente es: un bordado maravilloso de
la Divina Providencia que, después del siglo de las grandes
guerras y las desoladoras consecuencias de las ideologías
homicidas del nazismo y del comunismo militante, parece introducirnos
en una nueva época eminentemente misionera. Digo esto porque,
como escribió Tertuliano, "la sangre de los mártires
es semilla de nuevos cristianos"; y ¡cuánta sangre
ha sido esparcida durante el pasado siglo de innumerables cristianos
muertos por su fe en Cristo!
Partiendo de la unión de los dos Pontificados de Juan Pablo
II y Benedicto XVI, entramos en la intensidad espiritual de esta
Jornada Misionera Mundial 2005. De la Jornada la Juventud en Colonia
se ha dicho justamente que ha sido la Jornada de dos Papas; de la
misma manera, esta Jornada Misionera, junta idealmente el celo apostólico
de Juan Pablo II con el de Benedicto XVI.
El Siervo de Dios Juan Pablo II, al alba del Nuevo Milenio, ha donado
a toda la Iglesia las programáticas palabras "Duc in
altum", para exhortar a todos, sobre todo a los Pastores, a
remar mar adentro, a no tener miedo a hablar de Cristo, sea en situaciones
oportunas que inoportunas. Hoy, el gran peligro es que se hable
poco de Cristo aun en aquellos contextos donde se debería
- y subrayo el se debería - hablar de Cristo. Si dejamos
de anunciarlo cuando es oportuno hacerlo, cuánto más
dejaremos de hacerlo cuando las circunstancias sean inoportunas.
¿Dónde está, la valentía del anuncio?
"¡Duc in altum", remad mar adentro , "levantaos,
vamos"… son llamadas fuertes de Dios a la Iglesia de
nuestro tiempo! Toda la excepcional acción apostólica
de Cristo culminada con la oblación de si por la salvación
del mundo, nos exhorta a no dormirnos en nuestras seguridades, sino
a cargar sobre nosotros esa santa inquietud de llevar el Evangelio
a los pueblos que no conocen a Dios Trinidad. De esta santa inquietud,
nos ha hablado Benedicto XVI desde el inicio de su Pontificado.
Quisiera citar aquí un bello pasaje "misionero"
extraídos de la homilía del Papa en el día
de la inauguración de Su Pontificado, el pasado 24 abril:
"La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es
indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto.
Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto
del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad,
del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad
de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia
de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores
se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos
interiores. Por eso, los tesoros de la tierra ya no están
al servicio del cultivo del jardín de Dios, en el que todos
puedan vivir, sino subyugados al poder de la explotación
y la destrucción. La Iglesia en su conjunto, así como
sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar
a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia
la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida,
y la vida en plenitud."
Juan Pablo II ha pasado el testigo a su fiel colaborador y amigo
durante mucho tiempo, Joseph Ratzinger, quien desde esa su primera
homilía como Sumo Pontífice, ha marcado, como su Predecesor,
la dimensión misionera de la Iglesia. Creo que este pasaje
de su Homilía nos revela una de las profundas intuiciones
e intenciones del nuevo Papa: el dinamismo misionero de la Iglesia.
En este sentido, pienso precisamente que el "Duc en altum"
se convertirá cada vez más en una característica
principal de este Pontificado apenas iniciado, tan inmerso en la
luz misionera del precedente. Cómo no alegrarse, pues, por
la providencial coincidencia de una Jornada Misionera Mundial que
coincide con el final de un Año Eucarístico convocado
para despertar el estupor eucarístico que hace nacer en cada
uno, si es autentico, el deseo de despertar esta misma maravilla
en los otros, que no conocen el Pan de Vida, Cristo Jesús.
Son cinco billones de personas que no reciben este "Pan cotidiano",
este pan transubstanciado en el Cuerpo de Cristo, por las manos
del sacerdote; estos hombres y mujeres ignorantes del Don de los
dones, están allí en el "desierto" esperándonos
a nosotros que nos nutrimos de este Pan.
Entonces, Eminencia, ¿nos encontramos ante un fuerte empuje
del aspecto misionero de la Iglesia?
No quiero hacer ciertamente de profeta, pero tengo la convicción
interior de que el Pontificado de Benedicto XVI tendrá un
dinamismo misionero característico, que nos dejará
sorprendidos. Tener un dinamismo misionero no significa realizar
cosas extraordinarias; tener un dinamismo misionero significa, yo
pienso, poseer la santa inquietud de que llegue a todos la Verdad,
el Conocimiento y el Amor de Cristo. Una santa inquietud que viene
generada por la confianza total de que Cristo es el único
Salvador del mundo y de que la Iglesia ha recibido de Él
el mandato de conducir a todos los hombres, de todos los continentes
y de todos los tiempos, a la plenitud de la Verdad que es Jesús.
Benedicto XVI está lleno de esta santa inquietud.
No es por casualidad que el Santo Padre, antes incluso de que tomar
posesión de Su Basílica Lateranense, quiso realizar
una peregrinación a las "raíces de la misión”,
acercándose a la Basílica de San Pablo extramuros,
diciendo: “Que el Señor alimente también en
mí un amor semejante, para que no descanse ante la urgencia
del anuncio evangélico en el mundo de hoy. La Iglesia, por
su misma naturaleza, es misionera; su tarea principal es la evangelización".
¡El Señor, ciertamente alimentará esta santa
inquietud en el corazón de Su Vicario, que la transmitirá,
ante todo, a los Pastores de la Iglesia y se verán los frutos!
El dinamismo misionero nace del corazón de la fe en el Resucitado;
en este sentido las raíces de la misión están
allí donde esta fe se vive con totalidad, como la vivió
Pedro, como la vivieron Pablo y los Apóstoles, fuertes en
las palabras "id por todo el mundo… ".
Cuando esta fe cierta en el mandato de Jesús Resucitado se
hace fe incierta, entonces se debilita inexorablemente el dinamismo
misionero. Pero si se tiene en el corazón la seguridad de
que no hay otro Camino a la Verdad y a la Vida, que el trazado por
Cristo, el Hijo de Dios encarnado, entonces se pone al servicio
de esta santa inquietud todos los hombres, todos los medios, todas
las estructuras de que se disponen para conquistar el mundo para
Cristo. Las elecciones realizadas son en función de esto,
los programas surgen del deseo urgente de gritar a Cristo al mundo.
Pero si no se ha conquistado, ¿como se podrá conquistar
alguna vez?
Por tanto, Eminencia ¿la "santa inquietud"
sería una de las claves de interpretación de este
Pontificado?
Precisamente así es. Creo que la "santa inquietud"
de dar a conocer a Jesús a los demás es una peculiaridad
de Benedicto XVI, en absoluta sintonía con el "Papa
misionero" Juan Pablo II.
De la santa inquietud de “transmitir la Palabra de Dios"
por el mundo, pueden surgir proyectos originales. ¡Los jesuitas
que iban como misioneros a las tierras de América Latina,
para conquistar las almas para el Evangelio, estaban impulsados
por esta santa inquietud, que se podría llamar ¡la
santa inquietud de los conquistados por Cristo! Ponía al
servicio de esta "conquista para Cristo" todos los recursos,
incluso la música, por medio de los cuales atraían
a los indios y los fueron llevando, poco a poco, a Cristo Verdad.
Nosotros nos encontramos ante un enorme desafío misionero,
más fuerte que nunca incluso en nuestras tierras secularizadas
del primer mundo y creo que Benedicto XVI ha sido preparado "ad
hoc para este tiempo eminentemente misionero. No por casualidad,
en efecto, ha declarado la guerra - si se me permite la expresión
- a otra solapada ideología: el relativismo.
El relativismo es el enemigo número uno del dinamismo misionero.
Quien no quiere hacer misión es el que ha sido infectado
por este relativismo. Al final por medio de este pernicioso proceso
todo se relativiza, ¡incluso Dios y su existencia!
El Año Eucarístico concluye con el Sínodo
de los Obispos, que ha tenido por tema "la Eucaristía
fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia"
y la celebración de la Jornada Misionera Mundial. Se concluye
un Año dedicado a la Eucaristía pero no se puede concluir
nunca el esfuerzo misionero que es necesario realizar para llevar
al Dios Eucarístico a los "desiertos espirituales"
de nuestro tiempo. La Eucaristía es precisamente lo absoluto
del amor de Jesucristo: Cristo es todo presente, como decía
el gran Santo Tomás de Aquino, presente completamente en
la hostia y en sus fragmentos. La fe en Cristo presente en la Santa
Eucaristía no puede ser de modo alguno relativizada. O se
cree que realmente está, personalmente, vivo en el Pan eucarístico,
o de otro modo no se cree. En la Eucaristía, como en toda
gran Verdad de nuestra Fe, no existen medidas tintas.
Así es también para la misión. No existen
Iglesias locales misioneras e Iglesias locales que lo sean un poco
menos. Todos los cristianos son en potencia, misioneros y realmente
lo serán si, como Cristo, parten el pan de la palabra con
los otros y reciben la misma Eucaristía. El sentido de la
Jornada Mundial Misionera no puede ser por tanto reducido a una
mera celebración. La Jornada Mundial, efectivamente, nos
ayuda a recordar eso que es siempre verdad: no hay cristianismo
auténtico sin el impulso misionero, no hay una Iglesia viva
sin el constante esfuerzo por abrir los brazos al mundo para llevar
a Cristo, Camino, Verdad y Vida.
El Papa Benedicto XVI, como Juan Pablo II, se ha presentado a la
Iglesia y al mundo con los brazos abiertos y así debe ser
con cada uno de nosotros.
Eminencia, mirando ahora a los Países de misión,
¿podría decirnos cuáles son y dónde
están?
A la Congregación para la Evangelización de los Pueblos
le han sido confiadas 1.069 circunscripciones eclesiásticas,
cerca del 30% de todas las circunscripciones del mundo, que comprenden
Archidiócesis, Diócesis, Abadías territoriales,
Vicariatos apostólicos, Prefecturas apostólicas, Administraciones
apostólicas, Misiones sui juris y Ordinariatos militares.
El número mayor de territorios confiados al Dicasterio Misionero
se encuentra en África, con 477 circunscripciones eclesiásticas,
le sigue Asia con 453 circunscripciones, América con 80,
Oceanía con 45 y por último, Europa con 14.
La “Guía de las Misiones católicas 2005",
publicada por nuestra Congregación, ha puesto al día
los datos relativos al mundo misionero con fecha 31 de diciembre
del 2004. De estos datos resulta que los territorios confiados a
la Congregación para la Evangelización de los Pueblos,
que está al servicio del Santo Padre como "centro de
promoción, dirección y coordinación" sea
de la obra evangelizadora de los pueblos como de la cooperación
misionera en todo el mundo, tienen una población total de
2.850.329.546 habitantes, de los que los católicos son 200.284.770,
equivalente al 7,02%, así distribuidos por continente: 20,23%
en África, 56,88% en América, 1,8% en Asia, 10,8%
en Europa y 25,9% en Oceanía. Al servicio de la Misión
Ad Gentes trabajan unos 85.000 sacerdotes, 28.000 Religiosos no
sacerdotes, 45.000 Religiosas y 1.650.000 Catequistas.
¿Cuál es entonces el empeño de la Congregación
en la formación de los futuros sacerdotes de las tierras
de misión?
Antes de responder con datos técnicos, quisiera repetir
un pasaje, dedicado precisamente a los sacerdotes, de Benedicto
XVI. Sin ellos, en efecto, no habría más Eucaristías
Celebradas y sin la santidad personal de cada uno de ellos la eficacia
del Sacramento Eucarístico no sería la misma. Cito
las palabras del Papa a este respeto: "Sabemos bien que la
validez del Sacramento no depende de la santidad del celebrante
pero su eficacia, para sí mismo y para los demás,
será mucho mayor cuanto más él lo viva con
fe profunda, amor ardiente, ferviente espíritu de oración”.
Por lo que respecta al aspecto estadístico hay que decir
que la Congregación para la Evangelización de los
Pueblos, por medio de la Obra Pontificia de San Pedro apóstol,
sigue el camino de formación espiritual y académica
que se realiza en 307 Seminarios Mayores interdiocesanos, 516 Seminarios
Menores y 101 Seminarios propedéuticos, asegurándoles
un apoyo económico. En el año 2004 se ha asegurado
una ayuda a 80.297 seminaristas, en su mayoría de África
y Asia.
Además, en los dos Colegios Romanos dependientes de la Congregación,
"San Pedro apóstol" y "San Pablo apóstol",
en el pasado Año académico fueron acogidos 331 sacerdotes
procedentes de 54 países, que vinieron a Roma para completar
sus estudios en la Pontificia Universidad Urbaniana o, bien en otras
Universidades Pontificias. También el "Foyer Pablo VI"
ha hospedado a 79 religiosas de 21 países, venidas también
a Roma por motivos de formación y estudio en la Pontificia
Universidad Urbaniana. Además acabamos apenas de inaugurar,
el 4 de octubre pasado, el Colegio San Francisco que acoge a unos
cuarenta Catequistas que estudian en Roma.
La expresión más alta de la labor de Propaganda Fide
en la formación cultural y científica de los trabajadores
pastorales en tierras de misión lo constituye, sin duda,
la Pontificia Universidad Urbaniana, frecuentado por cerca de un
millar de estudiantes, con unos 130 profesores. Desde sus principios
la Urbaniana ha sido una institución de carácter misionero
que ha servido a la Iglesia en el cumplimiento de su mandato misionero-apostólico
en la formación de misioneros o expertos en el sector de
la Misionología u otras disciplinas, necesarias para la actividad
evangelizadora de la Iglesia. Desde 1966 la Urbaniana ha aceptado
filiaciones y agregaciones de Seminarios e Institutos de Filosofía,
Teología, Misionología a y Derecho Canónico
en África, Asia, América, Oceanía y también
en Europa.
La misión también comprende la instrucción
de las jóvenes generaciones y la asistencia sanitaria…
En efecto, una amplia página del compromiso del Dicasterio
Misionero en tierras de misión concierne al compromiso de
la Iglesia en el campo educativo y formativo, con la gestión
de unas 42.000 escuelas, a las que se suman la actividad médica
y sanitaria, que comprende 1.600 hospitales, más de 6.000
dispensarios, 780 leproserías. Tanto las escuelas como las
estructuras sanitarias son administradas por la Iglesia católica
pero están abiertas a todos, sin distinción de religión,
clase social, casta… Son innumerables los ejemplos que se
podrían traer al respeto.
¿Qué papel tienen las Obras Misionales Pontificias?
Las Obras Misionales Pontificias, cuya dirección está
asegurada por un Comité supremo presidido por el Cardenal
Prefecto de la Congregación para la Evangelización
de los Pueblos, tienen el objetivo de evidenciar la naturaleza misionera
de la Iglesia y el deber de todos los cristianos de participar en
su Misión. La Jornada Misionera Mundial, que es el momento
culminante de la actividad anual de animación misionera y
ciertamente el más conocido, fue instituida tras solicitud
de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. Las Obras
Misionales Pontificias en efecto son cuatro, fundadas en épocas
diferentes; sin embargo constituyen una institución única
y tienen un objetivo fundamental que las aúna: promover el
espíritu misionero universal en todo el Pueblo de Dios.
La Obra Pontificia de Propagación de la Fe promueve la oración
y el sacrificio por la Misión y la recogida de contribuciones
financieras para sustentar el trabajo de evangelización.
La Obra Pontificia de la Infancia Misionera quiere despertar y desarrollar
en los niños y jóvenes una conciencia misionera, para
llevarlos hacia la comunión espiritual y la ayuda material
con sus coetáneos de otras Iglesias. La Obra Pontificia de
San Pedro Apóstol tiene como objetivo fundamental la fundación
y ayuda espiritual y económica a los Seminarios e Instituciones
de formación religiosa en tierras de misión. La Pontificia
Unión Misionera por último, el alma de las otras tres
Obras, promueven la conciencia misionera entre los seminaristas,
sacerdotes y religiosos/as suscitando entre ellos vocaciones misioneras.
(Agencia Fides 22/10/2005)
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