| Jornada Mundial de las Misiones 2006: ENTREVISTA
A SU EXC. MONS. ROBERT SARAH, Secretario de la Congregación
para la Evangelización de los Pueblos
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Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – La
Jornada Misionera Mundial es el culmen del mes misionero, un mes
caracterizado tradicionalmente por un gran empeño por la
misión a todos los niveles. La Agencia Fides ha dirigido
al Secretario de la Congregación para la Evangelización
de los Pueblos, Su Exc. Mons. Robert Sarah, algunas preguntas sobre
la situación de la misión hoy y sobre las principales
iniciativas en acto.
Excelencia, hoy se habla a menudo de "misiones",
quizá refiriéndose a conceptos diversos. ¿Puede
explicarnos cuáles son los territorios confiados a Propaganda
Fide y cuáles son las responsabilidades del Dicasterio Misionero?
Desde el siglo XVII hasta hoy, por lo tanto de sus orígenes
hasta nuestros días, por decisión de los Pontífices
que se ha sucedido, el Dicasterio de Propaganda Fide siempre ha
mantenido su función fundamental de ser un centro aglutinante
de promoción, coordinación y dirección de la
acción misionera de la Iglesia. Hoy como ayer es siempre
urgente y de importancia capital anunciar al mundo entero que Dios,
por Amor a nosotros los hombres, sacrificó a su Hijo Unigénito,
Jesucristo, y este ofreció como precio de la redención
de la humanidad, su sangre en la cruz. Él nos interpela para
que nosotros pongamos todo cuidado y empleemos todas nuestras fuerzas
para conducir a las almas a Él, que las ha redimido.
Pero para conducir a las almas a Jesús y a su salvación,
el misionero no puede usar la violencia o recurrir a la astucia,
sino que más bien debe empelar “los caminos suaves
y llenos de caridad que son propios del Espíritu Santo para
la conversión de los infieles, ahora predicando, enseñando,
ahora reprochando, exhortando y rogando y también llevándolos
dulcemente con la oración, ayunos y limosnas, y hasta con
las disciplinas y las lágrimas derramadas por ellos, a la
luz de la verdad, por la salud y administrar los Santos Sacramentos"
(Carta circular de la Sagrada Congregación a los Nuncios
Apostólicos en MR,III/2, pág. 656-659).
Uno de los criterios principales de las competencias de Propaganda
Fide es el geográfico-territorial: su competencia se extiende
a casi todo África y Asia, a Oceanía sin Australia,
a algunas Iglesias del Canadá septentrional y de la América
latina. Algunas regiones de Europa que dependían de la Congregación
como Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Albania, Macedonia y Gibraltar,
a principios de este año pasaron al derecho común.
A la fecha de 17 de octubre de 2006 las Circunscripciones eclesiásticas
dependientes de la Congregación para la Evangelización
de los Pueblos son en total 1084, que representan casi el 40% de
la presencia de la Iglesia universal en el mundo. De ellas 485 están
en África, 85 en América, 468 en Asia, 46 en Oceanía.
La misión del Dicasterio Misionero es ocuparse de toda la
actividad eclesial que se desarrolla en estos Países de misión
confiados a su competencia. Esto es, el nombramiento de los Obispos,
la formación en los seminarios, la vida y el ministerio de
los presbiterios, de los religiosos y de las religiosas, la formación
de los laicos y catequistas en particular, que constituyen la espinosa
dorsal de la misión en tantos lugares… Esto también
conlleva naturalmente importantes consecuencias de orden económico.
Hay además otras incumbencias que recaen en el Dicasterio
Misionero como son proveer a una adecuada distribución de
los misioneros, cuidar la formación del clero local, confiar
a institutos y a sociedades o a Iglesias particulares los territorios
de misión…
Este año en la Jornada Misionera Mundial concluye
el Primer Congreso Misionero asiático...
El domingo 22 de octubre, Jornada Misionera Mundial, culmina el
Congreso Misionero asiático en Chang Mai, Tailandia. Esta
importante iniciativa, que ha madurado en los últimos de
algunos años con el sostén de la Congregación
para la Evangelización de los Pueblos y las Obras Misionales
Pontificias, ve casi una primera realización de la inspiración
del Papa Juan Pablo II, quien afirmó en la "Redemptoris
Missio" que la misión ad gentes en el tercer milenio
se debería orientar "principalmente hacia el continente
asiático" (cfr. RM 37ª).
En Asia los católicos son apenas el 2,91% de la población.
Conscientes de ser "el pequeño rebaño" al
que Jesús se dirigió para darles animo y asegurar
su Presencia hasta el final de los tiempos, no dudan en comprometerse
por la misión. En el continente hay muchas posibilidades
y esperanzas por el anuncio del Evangelio y el "pequeño
rebaño" ciertamente no se echa atrás: compartir
la alegría de la fe en Cristo, despertar una renovada conciencia
de las Iglesias en Asia respecto al Decreto "Ad Gentes"
del Concilio Vaticano II, promover una nueva y viva evangelización
son las motivaciones del Congreso Misionero asiático. Un
empeño y también un desafío que se debe afrontar
con mucha esperanza de cara al tercer milenio.
El Congreso Misionero de Asia ¿es el único
encuentro misionero continental?
Los grandes Congresos Misioneros continentales han visto en primera
fila a América, con los Congresos Misioneros de América
latina (COMLA), ampliados después también a América
del Norte y que se han convertido en Congresos Misioneros Americanos
(CAM). El tercer Congreso Misionero Americano se celebrará
en agosto del 2008 en Ecuador. De esa experiencia, y de los frutos
que surgieron de cara a la animación misionera, nació
la idea de promover otros Congresos continentales: esta es pues
la razón del Congreso Misionero Asiático y ya está
también en preparación avanzada el Congreso Misionero
de África, que se desarrollará en el 2007.
¿De estas iniciativas se puede pues afirmar que hoy
no existen ya países que sólo "reciben"
y otros países que sólo "ofrecen" misioneros?
Estas iniciativas son una gran signo de la gracia de Dios que nos
concede ver los primeros frutos del crecimiento de la sensibilidad
por la misión Ad Gentes en todas las comunidades eclesiales,
también en las que han nacido hace poco tiempo. Ya el Concilio
Vaticano II en su Decreto Ad Gentes sobre la actividad misionera
de la Iglesia, ya hace cuarenta años, subrayó que
toda la Iglesia es misionera por su naturaleza, puesto que toma
su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo,
según el designio de Dios Padre. pero este designio dimana
del "amor fontal" o de la caridad de Dios Padre (cfr.
AG n.2).
Sobre este tema, sobre la “caridad como alma de la misión",
se centra el Santo Padre Benedicto XVI en su Mensaje para la Jornada
Misionero Mundial 2006. El Papa escribe: " el amor que Dios
tiene por cada persona constituye el centro de la experiencia y
del anuncio del Evangelio, y los que lo acogen se convierten a su
vez en testigos. El amor de Dios que da vida al mundo es el amor
que nos ha sido dado en Jesús, Palabra de salvación,
imagen perfecta de la misericordia del Padre celestial… Jesús
encomendó a los Apóstoles el mandato de difundir el
anuncio de este amor; y los Apóstoles, transformados interiormente
el día de Pentecostés por la fuerza del Espíritu
Santo, comenzaron a dar testimonio del Señor muerto y resucitado.
Desde entonces, la Iglesia prosigue esa misma misión, que
constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable
y permanente". Todos los creyentes, todo bautizado es un misionero,
un testigo del amor del Padre: sobre esto ha insistido el Magisterio
de los Papas y la Iglesia en las últimas décadas,
y hoy podemos entrever ya algún primer fruto, aunque el camino
todavía es largo.
¿Se podría ofrecer algún ejemplo
de este crecimiento de la sensibilidad misionera de los territorios
que un tiempo se conocían únicamente como "de
misión?"
Si miramos los últimos datos publicados por la Oficina Central
de Estadística de la Iglesia, elaborados por la Agencia Fides,
los católicos han aumentado en todos los continentes, a excepción
de Europa. También el número total de sacerdotes en
el mundo ha aumentado y de modo más consistente en Asia,
África y América, mientras que los sacerdotes disminuyen
continuamente en los últimos años en Europa y en medida
más leve en Oceanía. Los religiosos no sacerdotes
han aumentados en todos los continentes a excepción de Europa,
y las religiosas han aumentado en Asia y África, mientras
que han disminuido sensiblemente en Europa, América y Oceanía.
El número de seminaristas mayores, diocesanos y religiosos,
ha aumentado en Asia y Oceanía y el de los seminaristas menores
ha crecido en África, Asia y Oceanía. Son pues signos
positivos de crecimiento de la Iglesia en todos los continentes
"misioneros", mientras que Europa sigue por desgracia
viviendo un período de crisis y restricción. Como
respuesta a esta situación ya es habitual ver a sacerdotes
y religiosos que vienen desde los nuevos continentes al viejo continente.
Muchos sacerdotes latinoamericanos, africanos o asiáticos
están hoy en Europa desarrollando un servicio pastoral en
las parroquias, hospitales, o en las realidades católicas
más diversas.
Tenemos además misioneros que han ido desde América
latina a África, a los países europeos y asiáticos
que antes formaban parte de la ex Unión Soviética,
o a Corea. De África, de la República del Congo, hay
misioneros que han ido a Asia, tenemos misioneros africanos en Japón
o en Taiwán. Los católicos de Corea miran a la Mongolia,
a Timor Este para realizar una labor misionera. Verdaderamente la
misión hoy no tiene fronteras si no las del mundo. Para que
el Reino de Dios sea anunciado hasta los últimos confines
de la tierra existen grupos y movimientos eclesiales, institutos
religiosos, parroquias, asociaciones…que actúan. Si
el Papa Juan Pablo II afirmaba en la Redemptoris Missio que la misión
confiada por el Señor a la Iglesia está todavía
en sus comienzos (cfr. RM 1) también podemos decir que sus
palabras no cayeron en el vacío y que crece en todas las
latitudes la conciencia del compromiso misionero.
Los horizontes de la misión se han ampliado considerablemente,
pero también es verdad que la Iglesia se encuentra que debe
enfrentarse a nuevos desafíos. ¿Cuáles son
los principales?
Antes de hablar de desafíos y de criterios de acción,
conviene recordar bien un principio fundamental: el Espíritu
Santo es el protagonista de la misión de la Iglesia, es Él
quien obra en los misioneros y en los que los escuchan, aconseja
en las decisiones que se deben tomar, sobre los problemas que emergen,
indica el camino a recorrer para llegar al corazón de los
hombres. Debemos pues estar atentos a la voz del Espíritu,
debemos invocarlo con la oración y escucharlo con docilidad,
incluso cuando quizá nos inspire actitudes que pueden estar
en contraste con nuestro modo de ver o de actuar. "Hoy se pide
a todos los cristianos, a las Iglesias particulares y a la Iglesia
universal la misma valentía que movió a los misioneros
del pasado y la misma disponibilidad para escuchar la voz del Espíritu".
(RM 30).
Si miramos aquellas que el Dicasterio Misionero considera como desafíos,
en primer lugar se encuentra la animación misionera y la
formación misionera. Muchos nuevos fenómenos sociales
y religiosos están afectando a la humanidad, estamos asistiendo
a una profunda transformación de la realidad en la que vivimos.
Todo cambia rápidamente, ya no conseguimos estar al paso
con los acontecimientos. Sin embargo, el hombre no parece satisfecho
de tanto progreso, de tantas conquistas, más bien, demuestra
incluso más su fragilidad, su inseguridad, su insatisfacción.
La humanidad del tercer milenio tiene más que nunca necesidad
de Cristo, de conocer el amor del Padre y la fuerza de su Espíritu.
Es necesaria por lo tanto una constante y profunda obra de animación
misionera para que cada miembro del pueblo de Dios, incluidos los
niños, ancianos, enfermos, sientan la misión de conocer,
de amar más a fondo y de anunciar a Jesucristo como parte
fundamental del propio ser cristiano. Como escribe el Papa Benedicto
XVI en su Mensaje para la Jornada Misionera, los creyentes en Cristo
deben "ser cada vez más capaces de auténtico
amor, para que en un mundo espiritualmente sediento se conviertan
en manantial de agua viva"
Junto a la animación está el gran tema de la formación.
Si los tiempos en que vivimos son complejos y en ciertos aspectos
indescifrables, es aún más urgente una formación
sólida, profunda, centrada en el Evangelio y en el Magisterio,
alimentada de la oración y de la celebración de los
Sacramentos, profundizada ante la eucaristía, en la escuela
de Maria, Madre del Dios y Madre de la Iglesia. La formación
concierne a todos: desde Obispos a los sacerdotes, a los religiosos,
a las religiosas, a los laicos. En particular se debe cuidar en
los seminaristas y en cuántos se preparan para asumir un
ministerio en la Iglesia. Si se quiere salvaguardar el futuro de
nuestras Iglesias, en particular de las jóvenes Iglesias
de los territorios de misión, hay que insistir mucho en el
concepto de formación y calidad de la formación. "El
nuestro es un tiempo de continuo movimiento, que a menudo desemboca
en el activismo, con el riesgo fácil del « hacer por
hacer ». Tenemos que resistir a esta tentación, buscando
« ser » antes que « hacer »" (Novo
Milenio Ineunte, 15). Sólo podremos afrontar los grandes
desafíos de nuestro tiempo dirigiendo nuestra mirada y nuestro
corazón a la persona de Jesucristo, "conocerlo, amarlo,
imitarlo, para vivir en él la vida trinitaria, y transformar
con él la historia hasta su cumplimiento en la Jerusalén
celeste" (NMI 29).
Una de las particulares urgencias de la misión de
nuestros días es el diálogo con las otras religiones…
El diálogo interreligioso forma parte de la misión
evangelizadora de la Iglesia, teniendo siempre claro el principio
según el cual la salvación viene de Jesucristo. Por
medio de dicho diálogo "la Iglesia trata de descubrir
las semillas de la Palabra el destello de aquella Verdad que ilumina
a todos los hombres, semillas y destellos que se encuentran en las
personas y en las tradiciones religiosas de la humanidad" (RM
56). El diálogo interreligioso no puede ser interpretado
como una nueva forma de sincretismo religioso que excluye la conversión
a Jesucristo y a la misión evangelizadora. La Iglesia está
empeñada en un diálogo verdadero, pero no se puede
olvidar que la tarea del diálogo interreligioso es abrir
el camino del anuncio de Cristo Camino-Verdad-Vida, y por tanto,
no puede sustituirse el anuncio, sino que estar orientado a ello.
(S.L) (Agencia Fides 21/10/2006) |