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Entrevista a Monseñor Norberto Strotmann. Obispo de la Diócesis de Chosica y Presidente de la Comisión de Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Peruana.

El Padre Jaime Phalan, Delegado Nacional del Apostolado del Rosario en Familia del Perú, entrevistó al Obispo de la Diócesis de Chosica , Monseñor Norberto Strotmann. En el diálogo, ambos reflexionan acerca de la relación que existe entre el rezo del Santo Rosario y la acción Misionera de la Iglesia. A continuación, reproducimos la entrevista.

Padre Jaime Phalan: Monseñor Strotmann, se nota que existe en el país un tipo de energía misionera. Hay muchas diócesis, parroquias, personas y grupos que perciben la importancia de ser más misioneros. Desde hace mucho tiempo su voz ha sido escuchada entre las que destacan la urgencia de esta actitud. La diócesis de Chosica desde su fundación ha promovido misiones constantes. ¿Qué nos puede contar sobre esta experiencia?, ¿qué han aprendido?, ¿cómo realizan las Misiones en su Diócesis?, y ¿qué recomendaciones tiene usted?

Monseñor Norberto Strotmann: En la Diócesis de Chosica estamos con el proyecto de la ‘Misión permanente de la Evangelización’ desde la preparación del Año Santo, es decir, desde 1999. Expresé el pedido de una Misión evangelizadora permanente en la toma de posesión como primer Obispo de esta Diócesis, el 13 de abril de 1997. ¿Por qué? En los países del norte (en Europa o los Estados Unidos) se puede observar como un desbalance en la preocupación por la Iglesia: una fuerte preocupación por la institución Iglesia por un lado, y el impulso que caracteriza la obra de Cristo en la Biblia por el otro.

Desde la primera visita pastoral a todas las parroquias (normalmente la hago en Cuaresma) noté que la gente tiene hambre y sed de Dios, hecho que ya había expresado Juan Pablo II en sus visitas al Perú en 1985 y 1988. Como preparación del Año Santo, hicimos en 1999 una gran Misión de 6 a 8 semanas, con mucha preparación a través de folletos de entrenamiento de la gente. Y, a fin de cuentas, han sido entre 8 y 10 mil los laicos que pusieron hombros, para ir de casa en casa y anunciar la Buena Nueva.

Notamos en ese entonces que muchos sacerdotes apoyaron la iniciativa, ayudaron en la preparación de la gente y estaban muy contentos con el éxito, y sabíamos de antemano que esta preparación del Año Santo del 99 era sólo el comienzo de una actitud que no se podía dejar.

La Iglesia siempre se ha caracterizado por su constitución misionera. Como tenemos relativamente pocos sacerdotes, lo menos que podemos hacer, es involucrar a la gente, a los laicos en una Misión permanente en la misma Diócesis. Hay en nuestra Iglesia Joven mucha gente que vive en la marginalidad y la pobreza, pero con ansias de escuchar la Palabra de Dios, el Evangelio.

La gran misión del 99 buscaba anunciar la Palabra de Dios, el Evangelio, la quería consolidar pequeños grupos de oración, facilitar la experiencia de Dios, con la ayuda de gente enviada. Desde esta fecha hemos celebrado muchas veces (durante la fiesta Diocesana una vez al año) el envío de los Misioneros, que ha sido siempre un acto de agradecimiento a todos los que ahí estaban comprometidos.

Voluntad de hacer Misión hay; y la experiencia ha sido muy positiva en la Diócesis. Lo mejor de esta experiencia ha sido la disponibilidad de los laicos. Hemos fallado muchas a veces en lo que es la técnica de preparación, hemos tomado uno y otro método que quizás era muy superficial, pero también aprendimos mucho en estos cinco años que lleva la misión permanente en la diócesis.

Padre Jaime Phalan: Cuándo algunos piensan en realizar misión, siempre piensan en visitar casa por casa, evangelización a las masas. Parece que aquí en Chosica hemos comenzado con esta metodología, pero usted ahora tiene otra visión, otra metodología, otro sentido…

Monseñor Norberto Strotmann: Hemos visto simplemente que en esta misión permanente tenían más logros las personas que no iban a un sector de su parroquia dos o tres veces al año, sino con mucha regularidad. Reuniendo a la gente no sólo para una charla sino encontrándose al mismo tiempo para la oración. Y caí pronto en la cuenta que muchas veces las misioneras más eficientes no eran las más eruditas, sino muchas mujeres sencillas. Gente que no disponían de gran Teología, pero sí sabía rezar. Ante todo, gente que estaba usando el Rosario como medio de la Misión. Y era interesante observar que esta gente tenía realmente la facilidad de invitar a los demás.

En la diócesis elaboramos Liturgias de la Palabra para la Misión. Esta gente sencilla con su constancia, semana tras semana, encontrándose con la gente, rezando, conversando sobre las situaciones, facilitaba la experiencia de Dios. Es interesante que esto se encuentre confirmado por una investigación sobre las sectas que realizó José Luis Pérez Guadalupe.

En su investigación, que hizo hace años con el tema “¿Por qué se van los Católicos?”, Guadalupe encontró que muchos fieles se iban de la Iglesia católica porque encontraron en las sectas una experiencia de Dios.

El hombre busca su fe, no sólo en una forma puntual o esporádica. Necesita del anuncio de la palabra de Dios, pero requiere un espacio en donde pueda experimentar a Dios, es decir, una experiencia donde ante todo esté la oración. Y, como había dicho, esta gente sencilla con su Rosario ha tenido muchos logros.

La investigación mencionada nos señala que un concepto de misión, donde se pasa por casualidad por una zona o por una casa, puede ser importante. Nadie lo niega. Pero, no tiene mucho efecto. Lo que la vida cristiana quiere es tener un espacio de encuentro con Dios, pero un espacio también de comunidad, que se logra con la oración. Y también, en tercer lugar, una orientación doctrinal. El Rosario lleva estos elementos a la gente que los necesita.

Padre Jaime Phalan: Monseñor, es muy interesante lo que usted está diciendo. Me parece que usted está destacando la formación y promoción de Grupos de Oración, particularmente de grupos del rezo del Rosario que serían, como entiendo, como promoción de núcleos espirituales en los barrios. Me parece una idea tan sencilla; pero en algo novedosa. ¿Podría explicar un poco más su pensar y la metodología?, ¿Cómo podría proponerlo usted?

Monseñor Norberto Strotmann: Quizás en primer lugar habría que decir el porqué de esta forma de misión. Siempre en nuestra actitud de desarrollar una metodología pastoral nos hemos basado y nos basamos en la situación real de la Iglesia y de su gente.

Recibí en estos días información de Christoph Schönborn, el Cardenal de Viena. Es un material sobre el desarrollo de esta arquidiócesis, en Austria. Esta jurisdicción tiene todavía un clero relativamente joven y un sacerdote por cada 1.200 feligreses. En cambio, nosotros tenemos casi un sacerdote por 20.000 fieles. Entonces, lo que hace realmente falta en nuestro pueblo son plataformas de encuentro con Dios, porque el hombre en lo religioso no requiere de grandes discursos ni tremendas explicaciones, sino la experiencia del Dios vivo. Y este espacio es la “Oración”.

Si usted piensa, dónde poner los ejes de la metodología pastoral, entonces creo que hay que ser muy amplio mirando las posibilidades: por ejemplo, reunir a la gente alrededor de la Biblia y desarrollar de ahí el espacio del encuentro con Dios.

Pero, como usted bien sabe, el Rosario es una oración Cristológica y el espacio para meditar el nacimiento, la vida, la obra de Jesucristo: su camino del Viernes Santo, hasta la Resurrección. Y la última parte del Rosario indica en María (asunción y coronación) la finalidad de Dios para con toda la humanidad. María es el primer fruto de la redención que quiere Dios para con todos los hombres.

Desde allí podemos decir, el Rosario es un espacio de oración y meditación que va hacia Jesús, que se basa en la confianza de María, y desde esta confianza se dirige a su Hijo... Nuestra gente siempre ha tenido una relación muy cercana a la Virgen; porque la gente ha entendido desde un primer momento, que en la suerte de María se trata de nuestra propia suerte delante de Dios.

En María vemos lo que Dios desea para nosotros, para nuestras vidas. Si miramos bajo esta perspectiva la Inmaculada Concepción de María, podemos decir: No hay cristiano bautizado sin una ‘misión’ y cada uno de nosotros recibe para ella la ayuda necesaria.

María ha tenido una misión única. En María notamos que Dios le da a cada hombre la fuerza que necesita para su misión. María que en su vida ha servido al Señor, también recibe el fruto de su “misión” y podemos confiar, que lo mismo vale para nuestras vidas.

Vemos el Rosario, incluso, como fundamentó teológico de la actitud misionera, es metodológicamente una gran ayuda. La gente está mirando, contemplando la vida, la muerte, pero también la obra de Cristo. Experimenta que nuestro Dios no es un Dios ensimismado, sino que nuestra fe cristiana nos habla de un Dios “enamorado de los hombres”, y hace sentir en esta meditación lo que este Dios invierte en nosotros mediante su Hijo, para expresar este cariño.

Dios no nos viene de manera abstracta, para hablarnos del cariño que nos tiene, sino lo hace en esta forma extrema de entregar la vida. Cristo habla de la fidelidad del Padre para con nosotros, no obstante de nuestras debilidades. La forma del Rosario no solo es muy sencilla, sino que el contenido al mismo tiempo es muy rico. El Rosario presenta, por eso, en forma y contenido, el espacio de una experiencia de Dios. Esto, creo, es lo atractivo del Rosario. Claro está, hay que rezar el Rosario con libertad; debo aceptar con buena voluntad esta forma de oración. Para la gente sencilla es una forma de oración de larga tradición.

Padre Jaime Phalan: Compartimos esta convicción, de la utilidad y de la importancia del Rosario para la “misión”, precisamente por proveer este espacio donde se facilite un encuentro con Dios. Yo creo que aquí en el Perú, por los esfuerzos de muchas personas en el transcurso de los años -particularmente por los esfuerzos de muchos en el “Año del Rosario”- tenemos la posibilidad de lograr mucho evangelizando con el Rosario. Pero el gran desafío que tenemos ahora es ayudar a las personas a captar este sentido profundo que usted está compartiendo sobre la meditación del Rosario. O sea, facilitar e invitar a las personas a la meditación profunda, la verdadera contemplación del rostro de Cristo con María. ¿Usted podría ofrecer algunas sugerencias? ¿Cómo aquí en Chosica se está logrando esta enseñanza más profunda?

Monseñor Norberto Strotmann: No quisiera relatar experiencias o hacer sugerencias sino más bien quiero preguntar: ¿hay, hoy en día, materiales en la Iglesia aparte de la Carta del Santo Padre sobre el Rosario? Hay materiales que ayudan mucho. No se si usted tiene el material que la ‘Iglesia necesitada’ ha publicado sobre el Rosario. Tengo este material en alemán, pero la ‘Iglesia necesitada’ los produce normalmente también para América Latina, porque los católicos de nuestro continente representamos ya casi el 50% del catolicismo mundial.

La publicación de ‘Iglesia necesitada’ usa como ilustración la forma de íconos, presentación del misterio de Cristo que abstrae bastante del contexto cultural y, no obstante, lo digo desde las experiencias de retiros espirituales, llega al corazón del hombre. Presenta, además, en forma breve los respectivos textos bíblicos.

Padre Jaime Phalan: Para resumir un poco: me parece tan sencilla la visión que usted está presentando. Una metodología que promueve la oración, formando grupos de oración y centros espirituales en los barrios. Me parece una idea estupenda porque es a la vez posible y eficaz. ¿No sé si usted tuviera alguna indicación más de cómo se puede realizar?

Monseñor Norberto Strotmann: Quizás tan sólo lo siguiente: hace un par de años, paseando por la parroquia de un sacerdote que tenía más de 80 años, me comentó con profunda tristeza que había invertido mucho de sus energías como sacerdote en sus comunidades de base, comunidades que ya tenían más de 20 años. Me dijo: “Lo que me entristece es que allí ya no hay vida, ya no hay luz”. Entonces yo le contesté en forma espontánea: “Entiendo a estos grupos, si están durante 20 años dando vueltas sobre sus problemas y nunca han detectado la misión, a la que lleva su fe. Fe ‘en-si-mismada’ es estéril y muere.” Repito, lo que le dije al comienzo de esta entrevista: Iglesia que se ensimisma muere. Esto vale, también, para los grupos, para los movimientos en la Iglesia.

Quiero subrayar lo siguiente: el punto importante en esta “nuclearización” de grupos de oración, de la experiencia de Dios, es que acepten ser ‘misionados’ o ‘misioneros’. Estos grupos deben aceptar el reto. La transmisión de la fe o se realiza con el “método de la bola de nieve” o algo anda mal con su contenido. ¿Qué quiere decir “método de la bola de nieve”?: que el que realmente ha experimentado lo bello de la fe, se siente invitado a llevarla hacia los demás, a comunicar esta experiencia a los demás. Para decir: “mira, nuestra vida es más que funcionar bien económicamente, que tener reputación social, que tener un montón de cosas.” Es experimentar que el valor de nuestra vida consiste en el aprecio que Dios nos tiene. Y cuidado: cuando te encierras en ti mismo, muere la fe, muere la chispa. La prueba si una misión popular ha sido fructífera es muy simple: Si el mensaje de la palabra de Dios ha llegado al corazón de los oyentes, ellos seguirán anunciando esta Buena Nueva.

Padre Jaime Phalan: Muchas gracias por sus comentarios Monseñor, creo que van a servir a muchas personas. Que el Señor bendiga mucho la obra misionera aquí en la Diócesis de Chosica y a usted.

 
 
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