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ENTREVISTA A SUOR GIUSY SOZZA, Sierva Misionera del Santísimo
Sacramento.
Responsable de la Oficina de Misiones de la USMI-PUM (Unión
de Superioras Mayores de Italia-Unión Pontificia
Misionera)
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1- ¿Son abundantes las vocaciones misioneras femeninas
en Italia? Podría facilitarnos algunos datos.
Las religiosas italianas al servicio de la misión en
el extranjero han disminuido ligeramente en el número respecto
a hace algunos años. En 1988 eran 8030. Actualmente son
7330. También los Institutos Misioneros en Italia se resienten
de la problemática común de la vida religiosa: el
envejecimiento (edad media 64-65 años) y la escasez de
nuevas vocaciones misioneras.
Hay sin embargo signos de esperanza: hoy como ayer el Espíritu
no deja de suscitar en los corazones de los jóvenes y de
las jóvenes el deseo de seguir a Cristo en la consagración
religiosa y en particular en la misión.
Es importante, sin embargo, el empeño de toda la comunidad
eclesial: la promoción de las vocaciones misioneras debe
ser para la iglesia local una prioridad, ayer como hoy.
2-¿En qué países trabajan principalmente
las misioneras italianas y qué labores realizan?
Las Misioneras Italianas están presentes en todos los continentes
pero son más numerosas en América Latina y en África.
Ofrecen sus servicios en el campo de la evangelización,
de la pastoral diocesana y parroquial de la promoción humana,
en particular de la mujer, de la asistencia a los ancianos y enfermos,
en la escuela de todo orden y grado, en las prisiones, en la escucha
atenta a las realidades y urgencias de las iglesias locales, llevando
su aportación valiosa y reconocida tanto por parte de la
Iglesia local como de la gente entre la que trabajan. No son pocas
las que, por testimoniar el amor de Cristo en medio de los hermanos,
han sacrificado la vida hasta el don extremo de si mismas.
Es también interesante notar el aumento de religiosas al
servicio de la animación misionera en Italia. Algunas son
Directoras o colaboradoras de Oficinas Misioneras Diocesanas,
otras están integradas en equipos intrecongregacionales
de animación; otras son animadoras misioneras a nivel de
Instituto, otras llevan el dinamismo misionero en la catequesis,
en la liturgia en el servicio de caridad y en otras múltiples
actividades.
3-¿Qué criterios debe seguir una misionera frente
al reto de la inculturación como llamada a colaborar con
la gracia para llegar a un acercamiento de las diversas culturas?
La inculturación es un proceso vital por medio del cual
la iglesia local vive profundamente su fe, expresando los valores
evangélicos en la cultura y sensibilidad religiosa del
ambiente en el que está presente. El proceso de inculturación
es esencialmente una progresiva maduración de la comunidad
cristiana en la santidad, por medio de la cual vienen evangelizadas
y por tanto, purificadas y elevadas también las culturas
locales.
La inculturación es un proceso lento que viene realizado
esencialmente por la comunidad cristiana.
Las religiosas tienen un papel importante en este proceso.
Primero de todo, ellas encarnan con su vida la radicalidad evangélica
sea a nivel de maduración cristiana que de donación
gratuita. Por esto, deben ser un punto de referencia. Por otro
lado, sabemos que los valores culturales son transmitidos principalmente
por la mujer que tiene mayor capacidad de escucha de comprensión,
de relaciones interpersonales. Las mujeres son las que transmiten
la cultura, son educadoras de la humanidad.
La inculturación no es una operación académica
sino una transmisión de valores vitales, raíz de
la cultura del mensaje evangélico. Aquí las religiosas
pueden ser verdaderamente interpretes de la realidad local e introducir
el contenido evangélico según la sensibilidad cultural.
Por esto, las religiosas deben ser personas:
-capaces de escuchar
-acogedoras, receptivas de los valores y la belleza de una comunidad
y de una cultura, transmisoras de simpatía y amor.
-atentas también a estudiar la religiosidad y los modelos
culturales del pueblo en el que trabajan
-Pacientes, comprensivas, abiertas para aceptar y valorar las
diversidades, porque la inculturación requiere en cada
caso la aceptación y la valorización de la diversidad.
4- En la Exhortación apostólica "Vita Consecrata"
el Papa Juan Pablo II habla de la necesidad de un reconocimiento
más profundo de la misión de la mujer. Vd. como
mujer y religiosa ¿cuál cree que deben ser esa misión
en el mundo de hoy¿ ¿Qué es lo que podría
aportar como específico la mujer?
Con el paso de los años, uno se da cuenta del valor
del trabajo apostólico desarrollado con la generosidad
y la particular riqueza del "genio femenino" de la mujer
consagrada. Creo sin embargo que es fundamentalmente y urgente,
como dice el Papa Juan Pablo II, el "dar algunos pasos concretos
a partir de la apertura de espacios de participación a
la mujer en varios sectores a todos los niveles, también
en los procesos de elaboración de decisiones" (VC
58).
Por lo que respecta a nuestra aportación específica,
creo que como mujeres y como consagradas estamos llamadas de modo
particular a dar vida, a ser madres y hermanas, a acompañar
en el crecimiento humano, cristiano y misionero. Compasión,
intuición, acogida, solidaridad, atención recíproca,
capacidad de crear comunión, simpatía, ternura,
confidencia son las cualidades femeninas que nos ayudan a descubrir
e interpretar nuevos caminos y nuevas modalidades de presencia
y de acción en nuestro servicio.
Tres adjetivos importantes que tomo de Novo Millennio Inenute
41 deben marcar nuestro compromiso:
- Audacia: superando las tentaciones de la mentalidad cerrada,
del hábito, de la pasividad, poniendo atención a
las nuevas exigencias conl a lectura de los "signos de los
tiempos" en escucha al Espíritu Santo que hace nuevas
todas las cosas.
-Creatividad: en la búsqueda de nuevas síntesis,
producciones, alternativas, estrategias, comportamientos, proyectos
formativos para que el Evangelio pueda ser fermento en todas las
situaciones.
-Confianza: viviendo nuestra misión con la confianza puesta
en el Resucitado más que en nuestras capacidades humanas;
conscientes, en nuestra fragilidad y debilidad, de que es el Señor
quien conduce y lleva a cumplimiento la historia de la salvación.
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