| Cuestionario Día de
la Vida
Entrevista a Mons. Rodrigo Aguilar Martínez
|
Marzo 2006
1. ¿Cuál es la importancia del Día
de la Vida? ¿Qué se quiere recordar con esta celebración?
La vida es un don maravilloso que Dios nos ha
concedido; es un bien fundamental y base de todos los demás
bienes y valores de la persona; sencillamente, si no vivimos, no
tienen caso los demás bienes y valores.
Esta realidad espléndida debe ser celebrada y de hecho lo
hacemos muchas veces, por ejemplo, cada año cuando festejamos
nuestro cumpleaños. Desafortunadamente en los últimos
tiempos vamos viendo que se intenta difundir una forma de pensar
y de actuar que no contempla la vida de cada ser humano en todas
las fases de su existencia como un bien que admirar, proteger y
promover, sino que en ocasiones se ve como una realidad sujeta al
arbitrio y a las decisiones de otros. Con el “Día de
la Vida”, la Iglesia quiere propiciar una toma de conciencia
sobre el valor de cada vida humana en todas las circunstancias y
etapas en que ésta pueda encontrarse; que nos lleve a dar
gracias a Dios por este espléndido don y a hacernos responsables
de gestionarla, de protegerla, de vivirla, de acuerdo a esta toma
de conciencia. Es una magnífica ocasión para meditar
en las respuestas cristianas frente a los diversos desafíos
que la vida misma del hombre sobre la tierra va planteando a su
inteligencia, por ejemplo con la bendición del avance de
las ciencias, cuestiones como el ejercicio responsable de la sexualidad
y la paternidad, el aborto, la utilización de células
troncales, la asistencia técnica a la procreación,
el modo de relacionarnos con los seres humanos, nuestros iguales,
en la etapa embrionaria y previa a la implantación, el cuidado
de la salud, de los enfermos terminales, la terapia del dolor y
un largísimo etcétera.
2. ¿Cuál es la relación de la fe,
lo que nos dice la Iglesia y la ciencia?
Actualmente la palabra ciencia se aplica casi
exclusivamente a las llamadas ciencias empíricas, es decir
aquellas áreas del saber humano que se basan en su metodología
de investigación con el método experimental. Es sabido
que tal método se basa en la reproducción artificial
de los fenómenos que se observan en la naturaleza para verificar
hipótesis en base a las cuales se formulan nuevas hipótesis,
que al verificarse generan nuevos conocimientos. Las ciencias empíricas
están sujetas, pues, a verificaciones de hechos y sus resultados
son medibles, cuantificables y dan lugar a la tecnología.
La fe, por su parte, es la respuesta libre y racional que una persona
da a la manifestación gratuita de Dios, que llamamos revelación.
Es decir, Dios se comunica, comunica su misterio, su voluntad salvífica,
y el ser humano, aceptando libremente esta comunicación amorosa
de Dios, responde con la fe, que es un acto racional y afectivo
de adhesión a El. Como se puede ver en lo que acabamos de
decir, existe un nexo fortísimo entre la fe y la ciencia.
Ambos son saberes racionales, si bien en el caso de la fe, la inteligencia
rinde un homenaje a Dios, aceptando su auto comunicación
a pesar de que el misterio en cuanto tal muchas veces rebase la
capacidad racional del hombre, sin embargo, los términos
mismos del misterio son siempre racionales y de hecho la teología
es la forma como la fe se profundiza mediante la razón y
la inteligencia humana. Además, Dios es la máxima
racionalidad, es la fuente de la racionalidad, es el creador de
todo y el que posibilita la comprensión de todo. De ahí
que podemos afirmar que tanto las ciencias como la fe tienen una
misma fuente y un mismo instrumento, si bien son formas y metodologías
distintas de buscar la verdad. Ambas se ayudan para alcanzar la
verdad y en cuanto sus adquisiciones son verdaderas, no puede haber
contradicción entre ellas.
Cuando la Iglesia enseña cuestiones morales relativas a la
ciencia, lo hace basada tanto en los datos empíricos que
aportan las ciencias, como en la correcta interpretación
de ellos en sus dimensiones humanas y en sus repercusiones espirituales.
De ahí que sea falsa la acusación que frecuentemente
se hace de que la Iglesia enseña únicamente basada
en una fe subjetiva, entendiendo la fe como una especie de experiencia
psicológica emotiva carente de racionalidad.
Más aún, las ciencias experimentales, por su misma
naturaleza son reductivas, es decir, siendo válido su método
y verdaderos sus conocimientos, sólo están basados
en una partecita de lo real; o sea, lo que se puede medir y verificar
cuantitativamente. Pero la realidad es mucho más grande que
eso, de ahí que la ciencia tenga necesidad de una reflexión,
de una orientación, incluso que le indique ciertos límites
para que sus adquisiciones y sus aplicaciones no vayan en contra
del hombre, al que quieren y deben servir. A este propósito,
la Iglesia tiene una importante aportación que dar, pues
Ella es experta en humanidad y debe, por fuerza, dar una orientación
a quienes son creyentes, una orientación que, como es racional,
según se ha dicho, puede ser recibida y aceptada por todo
hombre que busque sinceramente el bien, aunque no tenga la gracia
de la fe.
3. ¿Por qué a veces se piensa que lo que
dice la Iglesia contradice los hallazgos de la investigación
científica tales como la clonación, la reproducción
asistida y la manipulación de embriones?
La mayoría de las veces, por el prejuicio
de que la enseñanza de la doctrina de la Iglesia obedece
únicamente a una serie de postulados formulados con base
a experiencias subjetivas que se pretendería fuesen aceptadas
acríticamente; es decir, impuestas dogmáticamente.
Sin embargo, en la respuesta anterior hemos dicho que no es así.
Ni la fe es sólo una aceptación acrítica de
un dogma basado en experiencias subjetivas o impuesto por las autoridades
de la Iglesia; ni tampoco todo lo que dicen las ciencias empíricas,
por el hecho mismo de que sean hallazgos ciertos o posibilidades
reales de manipulación y dominio de la naturaleza, son por
eso mismo buenas y válidas. Tengamos en cuenta las lecciones
que nos da la historia, en donde algunos de los hallazgos de las
ciencias empíricas se obtuvieron mediante investigaciones
y experimentaciones abusivas que no debieron tener lugar. Piénsese
en los abusos ocurridos en el régimen nazi condenados en
Nüremberg. Actualmente en los temas que se han señalado
podríamos estar frente a posibilidades técnicas que
el conocimiento científico actual nos permitiría realizar,
pero que no serían totalmente respetuosas de la verdad del
ser humano.
4. ¿Qué pierde una sociedad que no respeta
el valor de la vida en todas sus dimensiones? ¿Cuál
es la importancia de que los gobernantes tengan claro conocimiento
del verdadero valor de la vida humana?
El Estado Constitucional Moderno está basado
en el acuerdo para proteger, respetar y promover la vida de cada
uno de los ciudadanos. Cuando se pierde el respeto fundamental del
valor de la vida, introduciéndose categorías de seres
humanos cuya vida puede ser manipulada o vulnerada, se destruye
el mismo estado de derecho. Pensemos, por ejemplo, que una de las
adquisiciones de la humanidad después de la Revolución
Francesa, ha sido justamente el principio de la igualdad fundamental
de todos los seres humanos; pues bien, cuando se permite que unos
seres humanos determinen la existencia o no de otros seres humanos
e incluso sus características o su destino, por ejemplo mediante
la producción de seres humanos a través de la clonación
para fines de investigación; o cuando, de entre varios embriones,
se seleccionan unos para ser implantados y a otros se les deja en
congelación o se les destina a investigación o a su
destrucción, luego de obtener de ellos células troncales,
etc.; en estos casos se destruye el principio fundamental de la
igualdad de todos los seres humanos, es un modo de volver a la esclavitud
y al dominio de unos sobre otros.
En resumen, una sociedad que no respeta el valor de la vida, pierde
el valor principal y fundamental, pierde la humanidad. Pierde un
punto de referencia intangible que marca un límite ético,
el cual posibilita una convivencia social ordenada y pacífica.
Por otra parte, un gobernante que quiere servir de verdad al bien
común de la Nación, por ello mismo debe tener claro
el valor de la vida humana, como algo no negociable. Un gobernante,
un legislador, un juez no deberían permitir que se aprobaran
fármacos, técnicas, investigaciones que no demuestren
de manera suficiente ser respetuosos de la dignidad y el valor de
la vida de cada ciudadano, independientemente del estado de su desarrollo
en que se encuentre, o de su situación de vulnerabilidad,
dependencia o grave disminución a causa de la enfermedad.
Una sociedad prueba su grado de civilidad, en cuanto tiene la capacidad
de proteger a sus miembros más vulnerables.
5. Sabemos que el hombre está continuamente en búsqueda,
en el mensaje lo dice “nuestro corazón está
inquieto”, pero no siempre encuentra aquello que llena todo
su ser, ¿cuál debe ser la disposición del ser
humano para encontrar el sentido más profundo de su vida?
A una persona que quiera encontrar el sentido más
profundo de su vida, yo le aconsejaría que tuviera la disposición
básica de dejarse interpelar por la realidad, de estar abierto
a la verdad y también dejarse guiar escuchando en su interior.
Dios ha creado todas las cosas y al mismo ser humano, la realidad
está ahí para ser descubierta e interpretada; también,
y ése es el honor que Dios nos dio, para llevarla a su perfección
utilizando nuestra inteligencia y nuestra libertad dejándonos
guiar por la sabiduría divina, sabiduría que encontramos
en la inteligibilidad de la misma realidad. Hoy muchos creen que
la realidad carece de significados, que éstos sólo
son atribuidos por los hombres, lo cual se realiza de manera frecuentemente
arbitraria o utilitarista. Las cosas no son así, la realidad
está ahí porque Alguien la pensó y eso le confiere
su inteligibilidad, por ello tiene una verdad y un sentido, ciertamente
no totalmente determinado, sino abierto a múltiples posibilidades
y, por eso, el mismo hombre y la naturaleza ha sido confiada al
propio hombre que, de acuerdo a su semejanza con Dios, debería
conducirla, usarla, perfeccionarla con sabiduría y amor.
Particularmente el hombre está confiado al propio hombre.
Hace falta silencio observador, capacidad contemplativa, capacidad
de admiración ante la realidad y ante sí mismo…
“Prodigio soy de tus manos” dice el salmista, lleno
de admiración ante sí mismo; ello supone una auto
comprensión en el amor. En el amor de Aquel que le creó
en y para el amor. De esto nos ha hablado de manera profunda y hermosa
el Papa Benedicto XVI en su Encíclica, “Dios es amor”. |