| PAPEL
Y DIGNIDAD DE LA MUJER SEGÚN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA |
La Iglesia siempre ha defendido y apoyado el papel y la dignidad
de la mujer en la Iglesia y en la sociedad. Son numerosos los
documentos que hace referencia a este punto. Pero ha sido principalmente
el Santo Padre, Juan Pablo II, quien más ha tratado sobre
este tema a lo largo de todo su Pontificado.
Entresacamos algunos texto de documentos escritos por el Santo
Padre en los que habla especialmente de la mujer, sobre su misión
y aporte específico en el mundo, sobre su dignidad y vocación,
valores y características propias y la importancia de su
labor.
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EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL
ECCLESIA IN AMERICA
SOBRE EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO,
CAMINO PARA LA CONVERSIÓN, LA COMUNIÓN Y LA SOLIDARIDAD
EN AMÉRICA
La vida consagrada
43. La historia de la evangelización de América
es un elocuente testimonio del ingente esfuerzo misional realizado
por tantas personas consagradas, las cuales, desde el comienzo,
anunciaron el Evangelio, defendieron los derechos de los indígenas
y, con amor heroico a Cristo, se entregaron al servicio del pueblo
de Dios en el Continente.( La aportación de las personas
consagradas al anuncio del Evangelio en América sigue siendo
de suma importancia; se trata de una aportación diversa
según los carismas propios de cada grupo: " los Institutos
de vida contemplativa que testifican lo absoluto de Dios, los
Institutos apostólicos y misionales que hacen a Cristo
presente en los muy diversos campos de la vida humana, los Institutos
seculares que ayudan a resolver la tensión entre apertura
real a los valores del mundo moderno y profunda entrega de corazón
a Dios. Nacen también nuevos Institutos y nuevas formas
de vida consagrada que requieren discreción evangélica
".
Ya que " el futuro de la nueva evangelización [...]
es impensable sin una renovada aportación de las mujeres,
especialmente de las mujeres consagradas ", urge favorecer
su participación en diversos sectores de la vida eclesial,
incluidos los procesos en que se elaboran las decisiones, especialmente
en los asuntos que les conciernen directamente. [...]
Dignidad de la mujer
45. Merece una especial atención la vocación de
la mujer. Ya en otras ocasiones he querido expresar mi aprecio
por la aportación específica de la mujer al progreso
de la humanidad y reconocer sus legítimas aspiraciones
a participar plenamente en la vida eclesial, cultural, social
y económica. Sin esta aportación se perderían
algunas riquezas que sólo el " genio de la mujer "
puede aportar a la vida de la Iglesia y de la sociedad misma.
No reconocerlo sería una injusticia histórica especialmente
en América, si se tiene en cuenta la contribución
de las mujeres al desarrollo material y cultural del Continente,
como también a la transmisión y conservación
de la fe. En efecto, " su papel fue decisivo sobre todo en
la vida consagrada, en la educación, en el cuidado de la
salud ".
En varias regiones del Continente americano, lamentablemente,
la mujer es todavía objeto de discriminaciones. Por eso
se puede decir que el rostro de los pobres en América es
también el rostro de muchas mujeres. En este sentido, los
Padres sinodales han hablado de un " aspecto femenino de
la pobreza ". La Iglesia se siente obligada a insistir sobre
la dignidad humana, común a todas las personas. Ella "
denuncia la discriminación, el abuso sexual y la prepotencia
masculina como acciones contrarias al plan de Dios ". En
particular, deplora como abominable la esterilización,
a veces programada, de las mujeres, sobre todo de las más
pobres y marginadas, que es practicada a menudo de manera engañosa,
sin saberlo las interesadas; esto es mucho más grave cuando
se hacer para conseguir ayudas económicas a nivel internacional.
La Iglesia en el Continente se siente comprometida a intensificar
su preocupación por la mujeres y a defenderlas " de
modo que la sociedad en América ayude más a la vida
familiar fundada en el matrimonio, proteja más la maternidad
y respete más la dignidad de todas las mujeres ".
Se debe ayudar a las mujeres americanas a tomar parte activa y
responsable en la vida y misión de la Iglesia, como también
se ha de reconocer la necesidad de la sabiduría y cooperación
de las mujeres en las tareas directivas de la sociedad americana
.
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