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A los Participantes en el
TERCER ENCUENTRO PREPARATORIO DEL CAM II
San Salvador, 25 - 28 de Noviembre de 2002

Queridos hermanos en el Episcopado,
queridos hermanos y hermanas,

1. Siento una gran alegría al dirigirles este Mensaje, y me uno de buen grado al gozo de todos Ustedes que se encuentran reunidos en San Salvador para reflexionar sobre "El anuncio del Evangelio de la vida", en vista del ya inminente II Congreso Americano Misionero, que, Dios mediante, se celebrará el próximo año en la Ciudad de Guatemala. Saludo, en modo particular, al Exc.mo Arzobispo de San Salvador, S.E. Mons. Fernando Sáenz Lacalle, que les acoge fraternamente, a todos los Obispos presentes y a los Directores Nacionales de las Obras Misionales Pontificias.

Saludo, también, a los numerosos representantes de las Comisiones Nacionales y Diocesanas de Centro América, Vicarios de Pastoral, Misionólogos y teólogos, Superiores y Superioras Mayores, Delegados de los Movimientos Eclesiales y de las nuevas Comunidades, así como a los Delegados Nacionales de la Pastoral Indígena y afroamericana.
Junto con todos Ustedes, deseo bendecir al Señor de la mies, por la encomiable iniciativa pastoral del Año Santo Misionero (28 Noviembre 2002 - 30 Noviembre 2003), mediante el cual los Obispos de América Central han convocado a todos los fieles para prepararse al II Congreso Americano Misionero. Será este, ciertamente, un tiempo de gracia durante el cual se realizará, con renovado entusiasmo, una amplia e intensa misión evangelizadora en las Iglesias particulares de América Central, con la finalidad de impulsar la misión ad gentes, dentro y más allá de sus fronteras.

En toda América, ya desde ahora, numerosas convocaciones a nivel parroquial, diocesano y nacional, están permitiendo a un copioso número de fieles y comunidades una participación activa, directa y responsable al Congreso Misionero. Deseo destacar, entre ellas, el estudio y reflexión sobre el Instrumento de Trabajo del CAM II, así como los diferentes Congresos Misioneros Nacionales que se han celebrado, o que se celebrarán en los próximos meses, en varios países americanos.
Todas estas acertadas iniciativas pastorales nos llenan de esperanza y nos hacen entrever que la fase celebrativa del CAM II, constituirá, sin duda, un precioso don de Dios para toda la Iglesia en América.

2. Entre tantas y fecundas iniciativas, un acontecimiento entre todos, ha marcado en modo providencial este estupendo camino de preparación al CAM II. Me refiero al Viaje Apostólico que Su Santidad Juan Pablo II ha realizado a Guatemala y México, del 29 de Julio al 1º de Agosto, para canonizar al Hermano Pedro de San José Betancur y a Juan Diego Cuauhtlatoatzin y para beatificar a los mártires Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles.
Amadísimos hermanos y hermanas, mediante la canonización y la beatificación de los nuevos santos y beatos americanos, el Santo Padre, nos ha mostrado que el itinerario más apropiado en el que debe situarse la acción pastoral, evangelizadora y misionera de vuestras Iglesias particulares, hasta los últimos confines de la tierra, es el de la santidad (cf. Novo millennio ineunte, 30).
"Suscitar un nuevo anhelo de santidad", he aquí el gran desafío pastoral que tenemos ante nosotros, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a los anhelos y esperanzas de los pueblos de América y de todos los pueblos de la tierra. Por otra parte, ¿no es éste también el objetivo central que se propone el Año Santo Misionero?
El Santo Padre nos enseña que para emprender los "caminos de la santidad" no es suficiente renovar los métodos pastorales, "ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe" (Redemptoris missio, 90). La
vía de la santidad exige, tanto en su dimensión personal como comunitaria, una paciente pedagogía pastoral centrada en la persona de Jesucristo, una catequesis de iniciación y una sólida formación cristiana, capaz de plasmar la personalidad de cada creyente y de cada una de las Iglesias particulares, para constituirlas, ante el mundo, signo creíble de un Pueblo congregado en la Unidad y en el Amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Los frutos de una semejante pastoral de evangelización no podrán quedar circunscritos a los ámbitos eclesiales ya existentes, sino que alcanzarán también, dinámicamente, a todos aquellos que "debido a la ausencia o insuficiencia del anuncio evangélico y de la presencia eclesial", desconocen a Cristo Redentor. Es esta la misión ad gentes, la "actividad primaria", "esencial y nunca concluida" (Redemptoris missio, 31), a la cual la Iglesia hoy en América, en obediencia al mandato de su Fundador, debe consagrar sus mejores energías.

3. Sí, queridos hermanos y hermanas, después de la promulgación de la Exhortación Apostólica Ecclesia in America y la celebración del Gran Jubileo del año 2000, la Iglesia en América, - desde Alaska hasta la Tierra del Fuego -, se sitúa, hoy más que nunca, ante la responsabilidad de acoger con decisión la nueva evangelización y la misión ad gentes.
El Congreso Misionero hacia el cual caminamos, será, por tanto, el momento privilegiado en el que las Iglesias particulares en América, asumirán dicho desafío y darán una respuesta concreta al ardiente llamado del Santo Padre, "a extender su impulso evangelizador más allá de sus fronteras continentales" (Ecclesia in America, 74). Cada uno de nosotros está invitado, por tanto, a prepararse responsablemente a dicho evento, que constituirá una intensa experiencia de comunión eclesial y una feliz ocasión para impulsar la vida y el testimonio apostólico de la Iglesia en América.
Este Año Santo Misionero coincide en gran parte con el Año del Rosario, proclamado por el Santo Padre. Vivamos intensamente este tiempo de gracia, en unión con la Virgen María, Madre y Evangelizadora de América, en la contemplación de los misterios de la vida de Jesús, siguiendo también la práctica popular del Rosario Misionero.

Estas palabras que les hago llegar por medio del Padre Massimo Cenci, P.I.M.E., Subsecretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, a quien he nombrado Delegado mío y del Dicasterio para el encuentro actual, me hacen pregustar el gozo de acompañarles personalmente en el Congreso Americano Misionero, dentro de un año, en la ciudad de Guatemala.
Queridos hermanos y hermanas, encomendemos confiadamente el próximo Congreso Americano Misionero en las manos del Santo Cristo de Esquipulas, y a la intercesión del Santo Hermano Pedro de Betancur, de los Santos y las Santas del continente americano.
¡Iglesia en América, tu Vida es Misión!

Roma, 21 de Noviembre de 2002

CRESCENZIO CARDENAL SEPE
Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos
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