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Para los más pequeños
Homilía de Su Eminencia el Cardenal Ivan Dias, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos,
en la Misa de apertura del Congreso Misionero de Asia
Chang Mai, Tailandia, 19 de octubre 2006

«Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

En esta Eucaristía con la que inauguramos este primer Congreso Misionero de Asia nos congregamos en el Nombre de Jesús que prometió estar presente donde dos o tres estén reunidos en su nombre. Recordando el gozo que siente Asia al recibir la Buena Nueva de Jesucristo, pidamos a Dios humildemente que bendiga nuestras deliberaciones sobre los muchos retos a los que tenemos que hacer frente en nuestra Misión para extender el Evangelio a lo largo y ancho del vasto Continente asiático y que nos inspire para que tomemos decisiones significativas mientras nos invita de nuevo a “echar las redes”.

Notamos con legítimo orgullo que el continente asiático ocupó desde siempre un lugar privilegiado en la mente de Dios; en el jardín del Edén, después de la caída de Adán y Eva, prometió enviar al género humano un Redentor único y universal. Adaptando las palabras de Jesús a Nicodemo, podemos decir con verdad que Dios amó tanto a Asia que le mandó su único Hijo para que naciese y llevase allí a cabo su misión redentora para que todos los que crean en Él no perezcan sino que tengan la vida eterna. Sí, podemos estar orgullosos de que la “Historia de Jesús” que comenzó en Asia hace unos dos mil años, se haya convertido en la “historia”, en Su historia para toda la humanidad y para todos los tiempos y edades.

Quisiéramos presentar varias intenciones a Dios nuestro Padre del cielo durante esta Eucaristía, a través de Cristo, con Él y en Él, en la unidad del Espíritu Santo. Mirando hacia el pasado, son muchas las personas que debemos recordar, porque el agradecimiento es verdaderamente la memoria del corazón. Recordamos a todos aquellos que desde los primeros siglos de la era cristiana, comenzando con los Apóstoles, extendieron la suave fragancia de Jesucristo por todo el continente asiático. El mensaje del Evangelio se propagó en realidad a través de los siglos -incluso en medio de pruebas y sufrimientos- desde el cenáculo de Jerusalén hasta los países y reinos del centro y sur de Asia, desde el Oriente Medio hasta el Extremo Oriente. No podemos olvidar el gran impulso misionero que, desde el siglo dieciséis en adelante, dieron algunos hombres valientes como San Francisco Javier, Mateo Ricci, Roberto de Nobili, el bienaventurado laico José Vaz, que llevó el cristianismo a la península de Corea, y muchos otros. Y recordamos a los que sufrieron o están sufriendo bajo regímenes adversos o que fueron víctimas de persecuciones en todo el continente asiático: en Armenia, Japón, Vietnam, Corea, India, China, e incluso aquí en Tailandia y en otros lugares. Son nuestros intercesores en el cielo y ojalá que la sangre que derramaron por Cristo sea semilla de nuevos cristianos (Tertuliano).

Mirando hacia el futuro, recordaremos durante este Congreso el mandato misionero que hemos recibido de Nuestro Señor Jesucristo de predicar la Buena Nueva a toda criatura, y los retos que presenta esta proclamación en un marco de diálogo interreligioso ecuménico. Los retos modernos son muchos y variados: desde llevar la sagrada Persona de Jesús a los hombres que adoran a un dios desconocido hasta la urgencia de inculturar el Evangelio y evangelizar nuestras culturas, sin olvidar que somos hijos de nuestras respectivas culturas y padres de las culturas que vendrán después de nosotros. Por una parte, no podemos ignorar la mentalidad centrada en el New Age que prevalece hoy en Asia, donde se considera a Dios como irrelevante. Por otra parte, debemos fijarnos en los retos que nos presenta el Papa Juan Pablo II en Redemptoris Missio (n. 37), que llama “areópagos modernos”, donde menciona nuevas áreas de evangelización que trascienden todas las fronteras geográficas, culturales y sociales, por ejemplo, el mundo de la cultura y la investigación, de los emigrantes y de la pobreza, de las comunicaciones sociales y de las relaciones internacionales -que incluye, por supuesto, la información tecnológica y los medios de comunicación en todas sus formas-, el compromiso con la paz, el desarrollo y la liberación de los pueblos, los derechos de las personas y de los pueblos, especialmente de las minorías, la promoción de la mujer y la educación de los hijos, la salvaguarda ecológica de la creación. Todos los sectores de los modernos areópagos, dice el Papa, deben ser iluminados con la luz del Evangelio, y de ahí que entren en el mandato misionero de la Iglesia. Presentemos todas estas intenciones al Señor durante esta sagrada Eucaristía.

Finalmente, recordemos a los muchos pueblos y personas del continente asiático que no recibieron aún la Buena Nueva de Jesucristo, o más bien la Buena Nueva que es Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. La evangelización, lo sabemos, es primariamente la acción del Espíritu Santo, que estuvo activo en todas las culturas desde el comienzo del mundo. Fue Él quien preparó la Encarnación del Hijo de Dios y su sacrificio redentor hace dos mil años en el suelo asiático y quien dejó sus rastros en todas las culturas del mundo: son las “semillas de la Palabra” que llevarán a los que buscan sinceramente hacia la plenitud de la verdad en Cristo Jesús. El Espíritu Santo comenzó la obra de la evangelización con la proclamación directa e indirecta en el mismo momento del nacimiento de Jesucristo en Belén (Lc 2,8-20; Mt 2,1-12). Proclamación directa: cuando los ángeles anunciaron la alegre noticia del nacimiento de Jesús a los pastores que estaban custodiando esa noche su rebaño. Proclamación indirecta: cuando una estrella surgió en Oriente y condujo a algunos hombres sabios, portadores de dones preciosos, hasta Jesús, el Rey recién nacido y Salvador del mundo. Aplicando esto a los pueblos de Asia, debemos reconocer y respetar los preciosos tesoros de la herencia religiosa y cultural que, como los Reyes Magos, tienen en su seno, así como los esfuerzos que hacen para descubrir la Verdad siguiendo sus respectivas escrituras y sus santos como estrellas guiadoras. Así como los magos no descansaron hasta haber encontrado a Jesús y haber puesto ante Él sus tesoros y haberlo adorado, así tampoco descansarán los pueblos de Asia, con sus variadas y ricas culturas y tradiciones religiosas, hasta que encuentren y adoren al que es el Camino, La Verdad y la Vida. “Nos hiciste para ti, Señor, y nuestro corazón no encontrará reposo hasta que descanse en Ti” (San Agustín).

Que la Bienaventurada Virgen María, estrella de la nueva evangelización, bendiga este Congreso Misionero asiático, a sus participantes y a todos los que se dedican a contar la “Historia de Jesús” en todo nuestro amado continente asiático.

 
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