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+Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
IV Arzobispo de Yucatán (México)
La Situación de la Fe en la Eucaristía: Luces y Sombras
en América Latina y el Caribe
LA FE ENLA SAGRADA EUCARISTÍA EN LAS IGLESIAS QUE PEREGRINAN
EN AMÉRICA LATINA.
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I. Introducción
Cuando San Lucas redactó el episodio en el que narra el
encuentro de Jesús resucitado con aquellos dos discípulos
de Emaús, describió de manera concisa lo que ocurriría
muchísimas veces en el devenir de la historia. Porque no
sólo aquellos dos hombres se iban a encontrar perplejos ante
la realidad que les había desbordado, sino que también,
otros muchos hombres y mujeres, como ellos, caminarían por
el mundo “con los ojos cegados y haciéndose preguntas”
. San Juan también nos dice que, al concluir Jesús
de explicar que él es “el pan de vida”, y que
quien comiera de su cuerpo y de su sangre tendría “vida
eterna”, eso provocó una fuerte discusión entre
los judíos y que, peor aún, “muchos de sus discípulos
se retiraron y ya no andaban con él” .
Hoy también nos encontramos con enorme cantidad de gentes
que se encuentran perplejas ante problemas que no logran resolver
o que les rebasan por completo. En efecto, dice el Papa Juan Pablo
II, “son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan
la sensibilidad cristiana.Nuestro mundo empieza el nuevo milenio
cargado de las contradicciones de un crecimiento económico,
cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes
posibilidades, dejando no sólo a millones y millones de personas
al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy
por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana”
Y continúa el Papa, preguntándose: “¿Cómo
es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se
muere de hambre, quien está condenado al analfabetismo, quien
carece de la asistencia médica más elemental, quien
no tiene techo donde cobijarse? Si a las antiguas añadimos
las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a ambientes y grupos no
carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación
del sin sentido, a la insidia de la droga, al abandono en la edad
avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación
social”
“¿Podemos quedar al margen ante las perspectivas de
un desequilibrio ecológico, que hace inhabitables y enemigas
del hombre vastas áreas del planeta? ¿O ante los problemas
de la paz, amenazada a menudo con la pesadilla de guerras catastróficas?
¿O frente al vilipendio de los derechos humanos de tantas
personas, especialmente de los niños?
Muchas son las urgencias ante las cuales el espíritu cristiano
no puede quedar insensible y busca respuestas, a la par que acciones
concretas. Es entonces cuando se repite aquel inusitado encuentro
entre el Señor y los discípulos que le descubrieron
“al partir el pan”. Es entonces cuando la fuerza de
la Eucaristía hace mella en el alma y el corazón de
cada bautizado. Porque... ¿a quién podemos acudir
si solamente El tiene palabras de vida eterna? .
Dios mismo es el único contenido del misterio cristiano.
El misterio que es Dios, el misterio tremendo y fascinante es el
que se hace presente en la Eucaristía, porque en ella se
han concentrado y condensado las situaciones básicas del
ser humano, la vida y la muerte, el dolor y la alegría, la
lucha por la justicia y el don de la fraternidad, todo hecho manjar
que se comparte y se sublima .
Desde Jesús Eucaristía miramos el mundo presente
con sus tristezas y sus alegrías, con sus angustias y melancolías.
Y queremos que, al partir para nosotros el pan, le descubramos vivo
entre nosotros, y con la fuerza de su presencia redentora transformemos
este mundo, de salvaje en humano, y de humano en divino, según
la consigna del Papa Pío XII .
La Eucaristía es, desde los tiempos apostólicos,
la presencia de Cristo resucitado en su Iglesia. El Señor,
por su muerte y su resurrección, ha pasado a un tipo diverso
de existencia, no menos real pero diferente en cuanto al modo, al
resucitar a un modelo de vida nueva. El es ahora el Señor
exaltado a la diestra de Dios que se ofrece continuamente al Padre
por nosotros . Es el único Jesucristo real hoy, y por lo
mismo el que está presente en la Sagrada Eucaristía.
Desde cuando compartía su vida con los Apóstoles,
prometió a ellos y a la Iglesia que nunca la dejaría,
sino que estaría presente siempre en ella y entre ellos hasta
el final de los tiempos.
II. La Doctrina y las orientaciones pastorales relacionadas con
la Eucaristía de los documentos de Río de Janeiro,
Medellín, Puebla y Santo Domingo.
Río de Janeiro (1955)
Es opinión común que el más grande fruto del
encuentro de los obispos de América Latina en Río
de Janeiro en 1955, fue la creación del Consejo del Episcopado
Latinoamericano (CELAM). Sus frutos doctrinales y sus orientaciones
pastorales no son muy conocidos, al punto que no resulta raro que,
incluso algunos clérigos, no sepan de la existencia de este
documento y que, a no ser por las recientes versiones cibernéticas,
sea imposible encontrar en las librerías una edición
de sus textos.
A pesar de eso, podemos anotar que las conclusiones de esta asamblea
latinoamericana sí dedican un espacio al tema de la Eucaristía,
que, aunque es muy breve, deja ver la importancia que el sacramento
de la presencia real de Jesucristo tiene en la acción pastoral
del la Iglesia.
En el número 56, bajo el título “Organización
de la cura de almas”, los obispos expresan “su vivísimo
anhelo de que los párrocos, que participan de la potestad
del Obispo de santificar, enseñar y gobernar, procuren santificar,
buscando el progreso espiritual de sus fieles:
a) con la administración asidua de los Sacramentos, especialmente
la Confesión y la Eucaristía;
b) promoviendo la asistencia frecuente y aun diaria a la Santa
Misa, con el empleo de medios aptos para favorecer la consciente
participación de los fieles al Santo Sacrificio”.
Medellín (1968)
La intención de Medellín es aplicar las enseñanzas
y orientaciones del Concilio Vaticano II en América Latina.
Esto es claramente visible en la estructura redaccional de buena
parte del documento final, que muestra muchos párrafos compuestos
casi exclusivamente por citas textuales de los documentos conciliares.
Sin embargo, y con respecto al tema que nos ocupa, las conclusiones
finales hacen acentuaciones importantes, que presentamos a continuación:
La Eucaristía es mostrada como “raíz y quicio”
de la comunidad y de toda comunidad cristiana, sin cuya presencia
es imposible la edificación de la Iglesia;
La comunión eclesial se sustenta y crece por la celebración
eucarística, por eso, su presencia en las Comunidades Eclesiales
de Base es más que recomendable, aunque compete a los obispos
“permitirla teniendo en cuenta las circunstancias de cada
lugar”.
A los sacerdotes se les encomienda la tarea de incorporar a la
Eucaristía todo quehacer temporal.
Con respecto a la vida consagrada, en el Nº 5 del apartado
sobre los religiosos, el documento apunta: “El testimonio
del mundo futuro se manifiesta de un modo especial en la vida religiosa
contemplativa (…) Para que este testimonio sea auténtico,
se requiere, tanto en la vida activa como en la contemplativa, un
íntimo trato con Dios a través de la oración
personal y una profundización en el sentido de la caridad
cuya mejor expresión es la celebración eucarística.”
Intentando hacer una recopilación de la doctrina Eucarística
del Documento de Medellín, se puede decir que, en comunión
con la Tradición de la Iglesia y atentos a las circunstancias
históricas, los obispos latinoamericanos subrayan la importancia
de fundamentar la comunión eclesial en la Eucaristía,
como celebración de los hermanos en la que Jesucristo nos
congrega en la comunión de un mismo Espíritu. Se podría
decir que una de las grandes preocupaciones de Medellín es
la comunión y que insiste en consolidarla por la vía
de la comunión en los Sacramentos, particularmente la Eucaristía
y por la vía de la comunión jerárquica, especialmente
con el propio obispo.
Puebla (1979)
Las conclusiones de la III Conferencia del CELAM, sin dejar la
clara fidelidad al Magisterio papal y conciliar, muestran un paso
de madurez con respecto a Medellín, al ofrecernos aportaciones
propias.
Atendiendo a las aportaciones del Documento de Puebla con respecto
a la doctrina y pastoral de la Sagrada Eucaristía, podemos
hacer las siguientes anotaciones: La acción litúrgica
tiene una importancia irrenunciable y debe estar sustentada por
la reflexión teológica. Es acción de Cristo
en la Iglesia y la cumbre y fuente de su vida. En ella, la celebración
de los sacramentos, presidida por los ministros ordenados, ocupa
un lugar central. Pero nobasta recibir los sacramentos de manera
pasiva, es necesario hacerlo vitalmente insertados en la comunión
eclesial, ya que, por los sacramentos, Cristo continúa encontrándose
con los hombres y salvándolos y, si esto se puede decir de
todos los sacramentos, se dice de manera especialmente verdadera
de la celebración eucarística.
Al hablar de participación activa, Puebla se cuida de interpretaciones
que separen la vida diaria del católico de su vida litúrgica
y dispone claramente que “ninguna actividad pastoral puede
realizarse sin referencia a la liturgia”. Debe, haber una
“circularidad” entre la vida y la celebración,
entre la celebración y la vida.
El sacerdocio es contemplado en íntima relación con
la Eucaristía como “servicio de la Unidad de la Comunidad”,
en virtud desu participación sacramental con Cristo Cabeza.
Es claro que la más importante acción pastoral para
la edificación de la comunidad eclesial es la celebración
eucarística: “El ser y el obrar del sacerdote, en la
identidad de su servicio, está referido a la Eucaristía,
raíz y quicio de toda comunidad, centro de la vida sacramental,
hacia la cual lleva la Palabra. Por eso, se puede decir que donde
hay Eucaristía hay Iglesia. Como ésta es servida por
el Obispo, en unión con el Presbiterio, es igualmente cierto
decir «donde esté el Obispo está la Iglesia»”.
Puebla es conciente de la diversidady complejidad que existe entre
los miembros de la Iglesia y sabe que muchos de sus problemas surgen
de la falta de armonización de las diferencias. Al mismo
tiempo reconoce en ellas la acción del Espíritu que
reparte sus dones a los bautizados para enriquecer a la Iglesia.
Si esta variada riqueza es obra del Espíritu, su armonización
no puede darse sólo como fruto de un esfuerzo humano de organización.
La coordinación entre laicado y jerarquía por sí
mismas no bastan, puesto que son necesarias: a) la cohesión
que vienen de la comunión en la fe y en el amor; b) la coincidencia
plena en la verdad de Jesucristo; y c) los sacramentos.
Finalmente, y mostrando otro modo de “circularidad”
de la vida eucarística de la Iglesia, el Documento de Puebla
señala: “La Eucaristía nos orienta de modo inmediato
a la jerarquía, sin la cual es imposible. Porque fue a los
apóstoles a quienes dio el Señor el mandato de hacerla
«en memoria mía» . Los pastores de la Iglesia,
sucesores de los apóstoles, constituyen por lo mismo el centro
visible donde se ata, aquí en la tierra, la unidad de la
Iglesia. Según el Concilio, el papel de los pastores es eminentemente
paternal . Es evidente, entonces, que suceda en la Iglesia lo que
en toda familia: la unidad de los hijos se anuda -fundamentalmente-
hacia arriba. Cuando la comunicación con la Iglesia se debilita
y aun se rompe, son también los pastores los ministros sacramentales
de la reconciliación”.
En conclusión: ya Medellín había acentuado
la importancia de la comunión eclesial centrada en la comunión
por la Eucaristía y a través del obispo; ahora, Puebla,
subraya la importancia de una vida eucarística de todo el
Pueblo de Dios. Ella debe caracterizar la acción de los pastores,
porque es la cumbre y la fuente de la vida de la familia que conducen;
debe vitalizar y recibir la acción de los laicos en el mundo,
dejando claro que el creyente debe llevar la ofrenda de su vida
diaria a la celebración eucarística y también
debe llevar el espíritu de comunión eucarístico
y renovación salvífica a los ambientes en los que
se desenvuelve para santificarlos; pero, ante todo, la Eucaristía
es constructora de comunión .
Santo Domingo (1992)
En Santo Domingo la Eucaristía es reconocida, en primer
lugar, como sacramento del amor de Cristo, con el que permanece
en medio de su pueblo para ser memorial de su sacrificio redentor,
alimento y fortaleza de los fieles, expresión de la comunión
y solidaridad entre ellos y desde donde se envía a fieles
y pastores a proclamar el Evangelio.
Como en los documentos anteriores se enseña con claridad
que, la unidad de la Iglesia local, brota de la Eucaristía
y es expresión de la unidad de la Iglesia Universal. En torno
al Obispo y en perfecta comunión con él tienen que
florecer las parroquias y comunidades cristianas como células
pujantes de vida eclesial. Una vez más se pone el acento
en la comunión sacramental y jerárquica.
Algo novedoso es la concretización explícita de lo
anterior en la parroquia, que “está fundada sobre una
realidad teológica porque ella es una comunidad eucarística...
La parroquia es una comunidad de fe y una comunidad orgánica
en la que el párroco, que representa al obispo diocesano,
es el vínculo jerárquico con toda la Iglesia particular”.
Así pues, en los documentos analizados encontramos que existe
una clara fidelidad al Magisterio Universal y a la Tradición
de la Iglesia y que por las características propias del Catolicismo
en América Latina, se hace una deliberada insistencia en
la Eucaristía como fuente y componente indispensable de la
unidad y de la comunión, siempre en relación directa
a la comunión jerárquica.
III. Magisterio de S.S. Juan Pablo II
Para nadie es un secreto que el magisterio de Juan Pablo II, a
lo largo de estos casi 26 años de pontificado ha sido pródigo
en enseñanza y mensaje. Particularmente en el tema de la
Eucaristía no ha tenido límites en ampliar y desarrollar
el Magisterio eclesial ungido, además, de una verdadera piedad.
La Iglesia Universal, pero particularmente América Latina,
se ha visto beneficiada con este ejercicio de enseñanza de
Su Santidad.Los recientes documentos Novo millennio ineunte, Ecclesia
in America y Ecclesia de Eucharistia, son un elocuente testimonio
de la fe y amor de Juan Pablo II por la Eucaristía. A continuación
hacemos un breve análisis de estos documentos.
Ecclesia in America(1999)
Juan Pablo II, al concluir el Sínodo de Obispos de América
regaló a la Iglesia, particularmente la que peregrina en
tierras del continente americano, la Exhortación ApostólicaEcclesia
in America y que quiso entregárnosla a los pies de la imagen
de la Santísima Virgen María en su advocación
de Nuestra Señora de Guadalupe, Emperatriz de toda América,
el 22 de enero de 1999.
Se puede decir que el presente documento señala a la Eucaristía
como uno de los tres lugares de encuentro con Jesucristo vivo (junto
con la Escritura y el prójimo), y que conducen a la conversión,
a la comunión y a la solidaridad, aunque se anota que la
Eucaristía es “el lugar privilegiado para el encuentro
con Cristo vivo.
Al recordarnos que la vida cristiana nace y crece con los sacramentos
de la iniciación cristiana, el Santo Padre nos señala
que “la Eucaristía continúa siendo el centro
vivo y permanente en torno al cual se congrega toda la comunidad
eclesial.Los diversos aspectos de este sacramento muestran su inagotable
riqueza: es, al mismo tiempo, sacramento-sacrificio, sacramento-comunión,
sacramento-presencia”.
Señala que los fieles han de ser conscientes de que la Eucaristía
es un inmenso don, a fin de que hagan todo lo posible para participar
activa y dignamente en ella, al menos los domingos y días
festivos.Pero también agrega que los presbíteros han
de hacer todo lo posible para no privar de las celebraciones eucarísticas
a los fieles que habitan en comunidades lejanas siendo su presencia
insustituible.La carencia de sacerdotes, como una sombra que oscurece
el horizonte en cualquier región del mundo, hace indispensable
un trabajo y fomento más eficaz de las vocaciones sacerdotales.
Novo Millennio Ineunte (2001)
Al concluir las celebraciones del Gran Jubileo de nuestra redención
en el año 2000, en el que la Iglesia Universal celebró
los dos mil años del nacimiento de Jesús, Su Santidad
nos regaló la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte
en la que traza los criterios, atisba los horizontes y presenta
los desafíos de la Iglesia Universal en el nuevo milenio.
Nos recordaba ahí mismo el Papa que el año 2000 debía
ser un año “intensamente eucarístico”
en el que el XLVII Congreso Eucarístico Internacional tuviese
un significado determinante .Agregaba que “es mucho lo que
nos espera y por eso tenemos que emprender una eficaz programación
pastoral postjubilar”.
Es cierto, como nos lo recuerda Su Santidad, que “el mayor
empeño se ha de poner en la liturgia, ‘cumbre a la
cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente
de donde mana toda su fuerza’”. Asimismo Juan Pablo
II nos señala que es importante darle un realce particular
a la Eucaristía dominical y al domingo mismo, sentido como
día especial de la fe, día del Señor resucitado
y del don del Espíritu.
Una de la luces, pues, para este nuevo milenio será la celebración
y participación digna en la Eucaristía, donde cada
bautizado debe tener el centro del domingo, como previamente el
mismo Papa nos lo había recordado en su Carta Encíclica
Dies Domini. El deber de la participación en la Misa dominical
debe ser un aspecto específico que identifique a los cristianos
en medio un milenio caracterizado por un profundo entramado de culturas
y religiones. Será un reto el testimoniar con mayor fuerza
este compromiso. Será el lugar privilegiado donde la comunión
es anunciada y cultivada constantemente.
Ecclesia de Eucharistia(2003)
En la Solemnidad del Jueves Santo del año 2003, el Santo
Padre tuvo el tino y el detalle de entregar a la Iglesia, exactamente
en el año vigésimo quinto de su pontificado, la Carta
EncíclicaEcclesia de Eucharistia, que en una correcta traducción
según su sentido, se titularía “La Iglesia vive
de la Eucaristía”.En la Eucaristía, como al
inicio nos señala Juan Pablo II, la Iglesia “no expresa
solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en
síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia”.Desea
suscitar este “asombro” eucarístico, insertado
en el inicio del tercer milenio, en el que ha invitado a toda la
Iglesia ha remar mar adentro en las aguas de la historia con el
entusiasmo de la nueva evangelización.
La Encíclica, salpicada de anécdotas y recuerdos
de sus largos 50 años de vida sacerdotal, es un ofrecimiento
“con el corazón henchido de gratitud” de Su Santidad
a toda la Iglesia. Está convencido el Papa que es la Eucaristía
la que va edificando la Iglesia.La incorporación a Cristo,
por el Bautismo se renueva y consolida con la participación
en el Santo Sacrificio del Altar, particularmente en la comunión
sacramental. “Con la comunión eucarística la
Iglesia consolida también su unidad como cuerpo de Cristo”.Presenta
como una sombra de la humanidad los gérmenes de disgregación
entre los hombres causada por el pecado.A éstos se contrapone
la fuerza generadora de unidad del cuerpo de Cristo.La Eucaristía,
construyendo la Iglesia, crea precisamente por ello comunidad entre
los hombres.
IV. Estado de la cuestión
Ha sido el Papa Juan Pablo II el que afirmó que “si
con el don del Espíritu Santo en Pentecostés la Iglesia
nace y se encamina por las vías del mundo, un momento decisivo
de su formación es ciertamente la institución de la
Eucaristía en el Cenáculo”; esto, dice el Papa,
“nos lleva a sentimientos de gran asombro y gratitud”
y, de inmediato el Romano Pontífice, afirma: “Este
asombro ha de inundar siempre a la Iglesia, reunida en la celebración
eucarística” .
La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor,
no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso,
sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo,
de su Persona en su santa Humanidad y, además, de su obra
de salvación. Esta no queda relegada al pasado, pues “todo
lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres
participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos...”
Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la
muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente
presente este acontecimiento central de salvación y “se
realiza la obra de nuestra redención” . Este sacrificio
es tan decisivo para la salvación del género humano,
que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo
después de habernos dejado el medio para participar de él,
como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel
puede tomar parte en él, obteniendo frutos inagotablemente.
Esta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las
generaciones cristianas. Esta es la fe que el Magisterio de la Iglesia
ha reiterado continuamente con gozosa gratitud por tan inestimable
don .
Sin embargo, la certeza de que el Señor camina ahora con
nosotros como Luz y Vida del nuevo milenio, nos invita a mirar con
suficiente confianza el devenir histórico de cinco siglos
de evangelización en América Latina, donde los frutos
de santidad se palpan inobjetables, a la vez que son semilla para
incrementar la fe y la caridad en este Continente de la Esperanza.
El conocimiento de la Iglesia latinoamericana ha progresado mucho
en los últimos años, en gran parte gracias a las aportaciones
de las Conferencias del Consejo Episcopal Latinoamericano realizadas
en Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo
y, desde luego, el Sínodo de Obispos para América.
Esta última reunión desarrolló numerosos aportes
iluminadores de la historia y de la realidad de nuestra Iglesia.
Sin embargo, tenemos la impresión de que, así como
se ha aprovechado con hondura teológica el símbolo
de María, Madre y Modelo de la Iglesia, no se ha hecho lo
mismo suficientemente con la Eucaristía, y eso a pesar de
que casi todos los problemas y tensiones eclesiales que se han dado
en estos años han tenido repercusiones muy importantes en
la Eucaristía. Cuando uno lee los documentos emanados de
las Conferencias del CELAM, uno se asombra de la sensibilidad eclesial
respecto de los problemas sociales que gravitan en el corazón
de América y las respuestas que han surgido de dichos ámbitos.
Es por eso que, con admiración y gratitud, miramos la evangelización
de América a lo largo de cinco centurias y descubrimos en
ella las siguientes luces :
Replanteamiento del domingo como el “día del Señor”.
En los últimos decenios se nota que ha crecido el amor a
la celebración eucarística. Cada año se cuentan
por millones los niños,adolescentes (y hasta jóvenes),
que hacen su Primera Comunión.
Los agentes cualificados de la pastoral se han abocado a una evangelización
sobre la Eucaristía más integrada a la vida. Ha crecido
el número de parroquias y rectorías que cuentan con
Equipo de Liturgia al servicio, particularmente, de la Santa Misa.
Como primicia de la renovación conciliar, cada vez ha sido
más decidido el uso y la aceptación de la lengua viva
en la celebración eucarística. Son ya, en la actualidad,
varios cientos de miles de monaguillos al servicio del altar.
Cada vez se ha ido logrando un mejor acercamiento de la celebración
al pueblo y su consiguiente participación más plena;
prueba de ello son el creciente número de Ministros Extraordinarios
de la Sagrada Comunión que, con particular fervor, vuelven
cercana la presencia de Jesús Eucaristía a los enfermos
e impedidos físicamente.
Enriquecimiento de la doctrina de la transubstanciación con
la perspectiva de la transignificación, que, sin sustituir
a la doctrina tomista y tridentina, permite una mejor aproximación
a la contemplación del misterio eucarístico. .
Ha crecido el impulso que da la Eucaristía a la comunidad
para comprometerse en la construcción de un mundo más
justo. Además, como algo significativo, se ha señalado
repetidamente la enorme influencia que los migrantes de América
Latina ejercen al llevar el fervor religioso, particularmente el
eucarístico, a otras latitudes.
Han sido bastante elocuentes los ejemplos de los mártires
latinoamericanos testigos de la Eucaristía
La Eucaristía es luz y calor para la vida de innumerables
jóvenes que ayudan a los demás a través de
sus experiencias apostólicas. Además, se han vuelto
más frecuentes en las parroquiaslas escenificaciones juveniles
de la Ultima Cena y de la Pasión del Señor, gesto
muy particular con que los jóvenes inculcan la doctrina eucarística
a la multitud de fieles.
La adoración al Santísimo es fuente inagotable de
santidad. En casi todos los templos del continente latinoamericano
se ha impulsado la participación de los fieles en la fiesta
del Corpus, las Horas Santas, el jubileo de las ‘Cuarenta
Horas’ y la Misa del Jueves Santo “In Coena Domini”.
Se nota un auge e incremento del número de fieles en la visita
a los “Siete Monumentos” la noche del Jueves Santo y,
de igual modo, cada vez son más los fieles que la noche del
31 de diciembre, para dar gracias a Dios por el año que termina,
participan fervorosamente en la Hora Santa parroquial.
La esmerada exposición doctrinal del Magisterio de la Iglesia
sobre la Sagrada Eucaristía. Innumerables páginas
de los Sumos Pontífices, Conferencias Episcopales y Obispos,
han guiado en los siglos sucesivos tanto la teología como
la catequesis, y aún hoy son fruto de referencia dogmática
para la continua renovación y crecimiento del pueblo de Dios
en la fe y el amor a la Sagrada Eucaristía.
Por otra parte, también debemos detenernos a considerar
con responsabilidad y realismo las siguientes Sombras:
Minimización del valor sacrificial de la Sagrada Eucaristía.
Se pone más el acento en el sentido de ‘una comida
de acción de gracias’, un convivio social para las
interrelaciones humanas, al grado que casi desaparece su intrínseco
valor sacrificial.
Todavía hay quienes intentan apropiarse de la Liturgia sin
consideración de su verdadero sentido eclesial, como el caso
de quienes, con improvisaciones arbitrarias, reducen la anáfora
eucarística a la inspiración personalista del celebrante
o cuando se pretende privatizar la Misa porque se ha pagado el estipendio
por una intención.
Persiste el abandono de la praxis eucarística a nivel de
la Misa dominical y festiva, fenómeno más perceptible
en las nuevas generaciones, en los cinturones de miseria, en medios
rurales largo tiempo desprovistos del cuidado pastoral, en los estratos
sociales urbanos que han entrado más de lleno en el movimiento
económico, social y cultural de un mundo secularizado y hedonista
.
Se ha descuidado, en todos los niveles, la seria y permanente formación
litúrgica según las Instrucciones y documentos del
Magisterio .
No se atiende todavía el proceso de una sana inculturación
de la Liturgia y esto hace que las celebraciones sean aún
para muchos, algo ritualista y privado, que no los hace conscientes
de la presencia transformadora de Cristo y de su Espíritu,
ni se traduce en un compromiso solidario para la transformación
del mundo .
En algunos lugares se han omitido las formas tradicionales del Culto
al Sacramento, como la Bendición con el Santísimo,
procesiones, visita orante al Señor Sacramentado.
Todavía no se tiene una suficiente conciencia clara del ejercicio
del sacerdocio común como participación plena, consciente
y activa –aunque esencialmente distinta- del oficio del sacerdote
ordenado.
La celebración eucarística dominical no siempre es
reconocida en la práctica por los fieles como el centro y
culmen de su vida. Hay quienes profesándose católicos
todavía se preguntan para qué les sirve la Misa.
El lazo existente entre la Eucaristía y la caridad y, por
consiguiente, su compromiso de promoción integral de la persona
y de servicio al bien común, no siempre está presente
de manera explícita en la vida de nuestras comunidades .
V. Conclusión
El Concilio Vaticano II considera a la Eucaristía como “fuente
a la vez que culminación de toda la vida cristiana”
. Mediante ella vive, se edifica y crece sin cesar la Iglesia de
Dios . En estas afirmaciones se expresa con acierto el sentir generalizado
de todo el pueblo de Dios.
Tomando como norte la revelación, tal y como se plasma en
la fe y en la praxis fundamental de la Iglesia, la reflexión
teológica se ha esforzado por encontrar formas renovadas
de expresión de la fe tradicional, adecuadas a la mentalidad
propia de cada época . Esta tarea se realiza en el marco
de una doble fidelidad: por una parte, la teología no puede
volver la espalda a la cultura y al pensamiento contemporáneos,
así como a las esperanzas e inquietudes, a los problemas
y a los logros de nuestro tiempo . Pero, por otra, la teología
deberá mantenerse siempre fiel a la Escritura y permanecer
atenta a ese rico venero que es la tradición eclesial, donde
se encierra un enorme caudal desabiduría, así como
de pluriformes expresiones de la fe .
La insistencia que el magisterio de los obispos latinoamericanos
hacen en mostrar y pedir la comunión sacramental-eucarística
y jerárquica, parece mostrar una de las posibles sombras
amenazadoras en esta parte de la geografía eclesial: si no
se viven, entonces caminaremos necesariamente hacia la división.
Pero, al mismo tiempo, se presenta como una luz orientadora, ya
que marca un acento irrenunciable para la pastoral en todas nuestras
comunidades.
La Eucaristía como memorial salvífico, como presencia
real de Jesucristo y como celebración de la Iglesia reunida
en oración tiene la vocación de ser luz que haga retroceder
las sombras, que denotan que en el campo pastoral quedan muchas
cosas buenas por hacer. Son muchos los testimonios de hombres y
mujeres, clérigos y laicos, fundadores, fundadoras y miembros
de Institutos de Vida Consagrada que fortalecieron su vida con la
Sagrada Eucaristía y en ella se inspiraron para alcanzar
el Martirio . Además, el Continente de la Esperanza está
sembrado de centenares de conventos y monasterios cuyos miembros
han consagrado su vida a la adoración perpetua del Santísimo
Sacramento, mientras que miles de laicos aguardan sus turnos de
velación en los templos expiatorios y capillas de adoración
a Jesús Sacramentado .
En la escuela de María, «mujer eucarística»,
adoramos a Jesús verdaderamente presente en los humildes
signos del pan y del vino. Supliquémosle que no cese de llamar
al servicio del altar a sacerdotes según su corazón.
El Santo Padre tiene un hermoso párrafo donde relaciona el
«fiat» de María y el «amén»
que cada creyente dice cuando recibe el cuerpo del Señor.
A María se le pidió que creyera que aquel a quien
ella concebiría «del Espíritu Santo» era
«el Hijo de Dios». En continuidad con la fe de María,
en el misterio eucarístico se nos pide creer que aquel a
quien ella concibió del Espíritu Santo era el Hijo
de Dios y el Hijo de María. Se nos pide que creamos que Jesús
está presente en su total humanidad y divinidad bajo los
signos del pan y el vino. Cuando decimos sí a la Hostia,
estamos diciendo, «creo en Jesucristo que en este momento
está viniendo a mi corazón». Cuerpo de Cristo,
Amén. Cuerpo de Cristo, Sí. Cuerpo de Cristo, «Fiat».
Qué importante puede ser una pequeña palabra cuando
expresa la grandeza de la fe y el amor .
Pidamos también al Señor que no le falte nunca al
Pueblo de Dios el Pan que le sostenga a través de la peregrinación
terrena. Y que la Virgen Madre nos ayude a maravillarnos al descubrir
que toda la vida cristiana está ligada al «mysterium
fidei», al misterio de la Sagrada Eucaristía.
Guadalajara, Jal., 12 de octubre de 2004.
+Emilio Carlos Berlie Belaunzarán
IV Arzobispo de Yucatán (México)
Cf Lc 24, 15-16
Cf Jn 6, 52.66
JUAN PABLO II, Carta Apostólica Novo millennio ineunte,
50. Cf JUAN PABLO II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia,
20.
Ibidem, 51
Jn 6, 68
J. TERAN DUTARI, El misterio eucarístico hoy día
en AA.VV. Jornadas teológicas sobre la Eucaristía,
(Quito, Ecuador 1974) 16
M. OLIVER, La Eucaristía y la nueva evangelización
en Revista Católica Internacional ‘Communio’
(mayo-junio 1993) 217.
Cf. Heb 7, 24
PASTORAL POPULAR Nº 9.
PASTORAL POPULAR Nº 13 y LITURGIA Nn.12 y 14.
SACERDOTES Nº 18: “(…) ha de procurar [el sacerdote],
por la palabra y la acción apostólica suya y de la
comunidad eclesial, que todo el quehacer temporal adquiera su pleno
sentido de liturgia espiritual, incorporándolo vitalmente
en la celebración de la Eucaristía.”
PASTORAL DE CONJUNTO nº. 6
Cf. Nn. 916-923.
Nº. 927.
Cf. Nn. 924-931.
Nº. 661.
Nº. 662.
Cf. Nn. 244 y 245
Cf. Nº. 246. Como es evidente, entre los sacramentos destaca
siempre la Eucaristía, “pues congrega al Pueblo de
Dios, como Familia que participa de una sola mesa, donde la vida
de Cristo, sacrificialmente entregada, se hace la única vida
de todos” Idem.
Lc 22,19
Nº 248
LG 28; CD 16; PO 9
Nº 247
R. EDUARDO DE ROUX GUERRERO, Eucaristía desde Puebla en
‘Revista Theologica Xaveriana’ (Año XXIX, 1979)
291-306.
Nn. 6 y 11. Cf C. IGNACIO GONZALEZ, La Eucaristía en el
documento de Santo Domingo y en la primera evangelización
de la Iglesiaen ‘Revista Teologica Limense’, vol. XXVII
(1993) 476-495.
Cf. Nº 55. Cf J. L. IDIGORAS, Eucaristía e Iglesia
Latinoamericana en ‘Revista Teologica Limense’, (1-1987),
12-15.
Nº. 58. Por otro lado, en los números 51-53, 78-80,
123, 142,143, 225 y 231 se dan orientaciones que buscan responder
a estas carencias.
JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Ecclesia in
America, n. 12.En adelante EA.
EA, 35.
EA 35, cfr. Conc. Vaticano II, Lumen Gentium, 26; cfr. JUAN PABLO
II, Carta Encíclica Redemptor hominis, n. 20.
Cfr. EA 35.
Ibidem, n. 35
Ibidem, n. 35
Texto base del XLVIII Congreso Eucarístico Internacional,
La Eucaristía, luz y vida del nuevo milenio, n. 2.
JUAN PABLO II,Carta ApostólicaNovo millennio ineunte, 2000,
n.11. De ahora en adelante NMI.
NMI, n. 15.
NMI, n. 35.
Idem.
JUAN PABLO II, Carta Apostólica Dies Domini, n. 35.
Cfr. NMI 36.
JUAN PABLO II, Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia,
n. 1. En adelante EE.
Cfr. EE, n. 8.
EE, n. 59.
Cfr. EE, n. 22.
EE, n. 23. Hermosa es la incorporación de la reflexión
en el texto de la Encíclica que el Santo Padre hace de la
Santísima Virgen María.Le dedica todo el Capítulo
VI de la Carta titulándolo En la Escuela de María,
mujer “Eucarística”.Agrega ahí que “si
queremos descubrir en toda su riqueza la relación íntima
que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a María,
Madre y modelo de la Iglesia”. Agrega que María practicó
su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera
instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal
para la encarnación del Verbo de Dios. Cf EE, n. 53.55
Cfr. EE, n. 24.
Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 5
Catecismo de la Iglesia Católica, 1085.
Con. Ecum. Vaticano II, Constitución dogmática Lumen
gentium, 3
Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia, 11. Cfr. Pablo VI, el “Credo”
del pueblo de Dios (30 de junio 1968), 24: AAS 60 (1968), 442; Juan
Pablo II, Carta apostólica Dominicae Cenae (24 febrero 1980),
9.
Desde el momento en que recibí la encomienda de relatar
esta panorámica latinoamericana, me puse en contacto vía
epistolar con las 22 Conferencias Episcopales de nuestro continente,
con todos los Obispos de México y el acervo tan abundante
del Instituto Teológico-Pastoral de América Latina
(ITEPAL). Mi agradecimiento fraterno a todos. Sus aportaciones,
observaciones y sugerencias fueron muy valiosas y todas, de algún
modo, están presentes en esta reflexión.
M. GESTEIRA GARZA, La Eucaristía. Misterio de comunión,
Edic. Sígueme (Salamanca 1999) 473-612.
“Una gran luz es el ver cómo la gloria del Señor
se ha manifestado a lo largo de los siglos, y especialmente en el
siglo que hemos dejado atrás, concediendo a su Iglesia una
gran multitud de santos y de mártires”. Documento base
para el XLVII Congreso Eucarístico, 21
Sin pretender ser exhaustivos, sólo anotamos algunas desviaciones
o defectos, teniendo en cuenta que la Congregación para el
Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos ha sobreabundado
sobre este asunto; cfr. Instrucción Redemptionis Sacramentum
sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la
Santísima Eucaristía (23 de abril 2004).
R. EDUARDO DE ROUX, Aproximación a la religiosidad popular
eucarística en ‘Rev. Theologica Xaveriana’, 96
(1990) 260.
Cf Carta Apostólica Vicesimus quintus annus, 4
Doc. de Santo Domingo, núm 43
JUAN PABLO II, Carta Encíclica ECCLESIA DE EUCHARISTIA,
n. 35.
LG, n. 11
UR, n 15
GS, n 62
OT, n 15
DV n. 24
M. GESTEIRA GARZA, op. cit., 19. Es muy actual a este respecto
la enseñanza del Concilio Vaticano II: «El mensaje
cristiano, no aparta los hombres de la tarea de la construcción
el mundo, ni les impulsa a despreocuparse del bien de sus semejantes,
sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber
». Cf Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre
la Iglesia en el mundo actual, 34.
Tal es el caso de San Pedro de Jesús Maldonado Lucero, que
nació en la ciudad de Chihuahua (Arquidiócesis de
Chihuahua, México), el 15 de junio de 1892. Párroco
de Santa Isabel, Chih., su propósito de seminarista fue:
«He pensado tener mi corazón siempre en el cielo, en
el sagrario», lo cual se convirtió en el ideal de su
vida. Sacerdote enamorado de Jesús Sacramentado, estaba seguro
de que moriría mártir y que no le haría falta
la Sagrada Eucaristía en el momento de morir.Fue, además,
un continuo adorador y fundador de muchos turnos de adoración
nocturna entre los feligreses a él confiados. El 10 de febrero
de 1937, miércoles de ceniza, celebró la Eucaristía,
impartió la ceniza y se dedicó a confesar. De pronto
se presentó un grupo de hombres armados para apresarlo. El
Padre Pedro tomó un relicario con hostias consagradas y siguió
a sus perseguidores. Al llegar a la presidencia municipal, políticos
y policías le insultaron y le golpearon. Un pistoletazo dado
en la frente le fracturó el cráneo y le hizo saltar
el ojo izquierdo. El sacerdote bañado en sangre, cayó
casi inconsciente; el relicario se abrió y se cayeron las
hostias. Uno de los verdugos las recogió y con cinismo se
las dio al sacerdote diciéndole: «Cómete tu
superstición». Por manos de su verdugo se cumplió
su anhelo de recibir a Jesús Sacramentado antes de morir.
En estado agónico fue trasladado a un hospital público
de Chihuahua y al día siguiente, 11 de febrero de 1937, aniversario
de su ordenación sacerdotal, consumió su glorioso
sacrificio el sacerdote mártir.
En la actualidad, sólo en territorio mexicano, suman ya
más de 4 millones de fieles asociados a la Adoración
Nocturna Mexicana. Se espera que aumente dicho número con
motivo del presente Congreso Eucarístico Internacional.
Arzobispo Sean O’Malley, Congreso Eucarístico en la
Basílica de la Inmaculada Concepción de Washington,
D.C., agosto de 2003.
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