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Monseñor Jean Baptiste KPIELE SOME
La Situación de la Fe en la Eucaristía: Luces y Sombras
en África
INTRODUCCIÓN
Es de buena costumbre en África saludar a las personas antes
de dirigirles la palabra, sobre todo cuando uno viene de lejos.
Viniendo de Burkina Faso, en el corazón de África
Occidental, donde, desde hace 36 años, soy Obispo de Diébougou,
una diócesis rural en un país económicamente
pobre, me gustaría saludar paso por paso:
Nuestras Eminencias, Señores Cardenales,
Nuestras Excelencias, Arzobispos y Obispos,
Nuestros queridos sacerdotes, religiosos y religiosas.
Sin olvidar a nuestros queridos fieles laicos, sobre todo de la
gran ciudad de Guadalajara, que se convierte por unos días
en la capital espiritual de la Iglesia Universal gracias al Congreso
Eucarístico Internacional que se tiene en su seno por petición
de su Santidad el Papa Juan Pablo II.
I – “¡ESTE ES EL MISTERIO DE NUESTRA FE!”
Esta afirmación doctrinal, que se sitúa en el corazón
de la Plegaria Eucarística consagratoria, es el acto de fe
solemne, compartido por toda la Iglesia repartida en el mundo a
través de los cinco continentes. En África, es esta
misma afirmación la que se proclama, como en todos lados,
en cada celebración eucarística. Nosotros no tenemos
otra fe en el misterio de la Eucaristía que aquella de la
Iglesia católica universal. Es esta única y misma
fe que hemos venido a proclamar desde todas partes del mundo al
gran encuentro eucarístico internacional de Guadalajara.
Yo expreso aquí mi alegría, junto con los Arzobispos,
Obispos y todo el pueblo cristiano de Burkina Faso, por este 48º
Congreso Eucarístico Internacional que representa abundantes
gracias y bendiciones divinas sobre el mundo de nuestro tiempo.
La pequeña delegación de mi país, Burkina
Faso, que ha logrado una hazaña viniendo a participar a este
congreso, se une a su servidor, para agradecer de todo corazón
a nuestro Santo Padre el Papa Juan Pablo II, por la audaz persistencia
en los Congresos Eucarísticos Internacionales que dan la
vuelta al mundo y consecuentemente son parte de la tradición
y de los tesoros espirituales de la Iglesia Católica.
Gran agradecimiento a los organizadores de este 48º Congreso
Eucarístico Internacional. Nombro a su Eminencia el Cardenal
Joseph TOMKO y todos sus colaboradores. He nombrado igualmente a
su Eminencia el Cardenal Juan SANDOVAL IÑIGUEZ, Arzobispo
de Guadalajara, quien me ha invitado a tomar palabra en esta circunstancia
solemne en honor del sacramento de la Eucaristía, “origen
y cumbre de toda la vida cristiana”(1).
II – “POR EL, CON EL Y EN EL”
(Per ipsum, et cum ipso et in ipso)
Al inicio de mi episcopado, yo elegí como divisa episcopal
las primeras palabras de la doxología que concluye la Plegaria
Eucarística de la misa. Era entonces, para mí y para
mi diócesis, todo un programa espiritual de mi cargo pastoral
que debía arraigarse en el culto eucarístico. Con
el paso del tiempo, hoy me doy cuenta que es esta divisa episcopal
eucarística la que ha conducido a toda mi diócesis
a la Orientación Pastoral de base titulada: “Parole
et pain pour tous et par tous”(2) (Palabra y pan para todos
y por todos) en una Iglesia percibida y vista como “Familia
de Dios”. Este arraigo eucarístico de mi cargo pastoral,
permitió a mi diócesis organizar, del 22 al 29 de
abril del 2001 su primer Congreso Eucarístico diocesano para
permitirnos “volver a partir de Cristo”, es decir de
Jesús-Eucaristía para la nueva evangelización
de la cual el Papa Juan Pablo II nos dio el tono en su carta apostólica
“Novo Millennio Ineunte”(2) . Es entonces para mí
una fuente de alegría y de acción de gracias a Dios
Padre, Hijo y Espíritu Santo; a quién le doy junto
con la Iglesia entera, todo honor y toda gloria en la fe en el misterio
de la Eucaristía.
III – ALGUNAS PRESUPOSICIONES FUNDAMENTALES COMUNES
Reflexionando sobre la situación de la fe en la Eucaristía:
luces y sombras en África, constatamos que existen convergencias
doctrinales y antropológicas, de un lado a nivel de las realidades
fundamentales y constitutivas de la Eucaristía, y del otro,
a nivel de aquellas de la cultura africana. Estas realidades que
son como presuposiciones fundamentales comunes, se articulan alrededor
de la familia, de la vida, del cuerpo, de la palabra y de las relaciones
con el mundo invisible por medio de sacrificios religiosos. Cada
una de estas realidades parece transportar luces y sombras, o en
otros términos, aspectos positivos y negativos a favor o
en contra del misterio de la Eucaristía.
1 – La realidad de la FAMILIA.
La familia que es una realidad universal, “célula
principal y vital de la sociedad”(3) , tiene una importancia
particular en África. “En la cultura y tradición
africanas, declara Juan Pablo II en Ecclesia in Africa, el papel
de la familia está considerado generalmente como fundamental”(4).
Es por eso que en el Sínodo especial para África,
en 1994, los Padres sinodales, después de reflexionar y concertar,
propusieron al Papa que el concepto de la familia sea retenido como
la imagen preferida de la Iglesia para África; sin excluir
otras imágenes. El Papa aceptó esta proposición
demandando la edificación en África de la Iglesia
“Familia de Dios” (“Familia Dei”, de acuerdo
a la expresión de los Padres de la Iglesia, retomada por
el Concilio Vaticano II), en el arraigo a su fuente principal que
es la Familia Trinitaria, y excluyendo sus aspectos negativos.(5)
Del punto de vista antropológico y cultural, la familia
africana es el lugar de incubación de la vida humana y social,
el lugar primordial de las relaciones diversas (conyugales, paternales,
entre clanes, etc.), el lugar de los aspectos positivos de las relaciones
humanas (solidaridad, fraternidad, acogida mutua, reparto, etc.),
y también el lugar de los aspectos negativos (tensiones,
espíritu de enemistad y venganza, conflictos que pueden escalar
hasta guerras tribales y étnicas).
Del punto de vista eclesiológico y doctrinal, nosotros sabemos
que la Eucaristía hace a la Iglesia y que la Iglesia hace
a la Eucaristía. En África, esta Iglesia que se quiere
“Familia de Dios”, lugar de celebración de la
Eucaristía, tiene sus fuerzas y debilidades, sus luces y
sus sombras. La imagen de la “Familia de Dios” permite
vivir en la Iglesia una verdadera fraternidad cristiana, una verdadera
solidaridad, un espíritu de acogida mutua y de compartir.
Y la Eucaristía que reúne a los fieles de horizontes
diversos se convierte verdaderamente un lugar de alegría
profunda, de unión y comunión. Se pueden observar
estas luces en la vida de las comunidades cristianas de base (CCB)
en África, a semejanza de las comunidades cristianas de la
iglesia primitiva. Gran cantidad de celebraciones eucarísticas
son verdaderos lugares de alegría, de paz, de fraternidad
humano-divina y finalmente de santificación personal y comunitaria.
Pero esta imagen de la Iglesia “Familia de Dios”, cuando
es mal comprendida y mal vista, puede volverse un gueto. He aquí
la observación pertinente de un autor africano en su libro
sobre la Eucaristía en el contexto africano: “La Iglesia
Familia de Dios de la cual sueñan los Obispos de África,
como una figura eclesiológica, no puede adaptarse de una
idolatría de su clan o su país, ni de una ley concluida
del rechazo de otra, a causa de un espacio-tierra que sería
nuestra patria. Se trata antes de todo de cultivar la atención
al otro y una solidaridad protectiva, de mantener el calor de las
relaciones, de promover una acogida tranquilizante y un dialogo
que engendra confianza y comprensión.”(6) La formación
catequética y espiritual de los cristianos es una dimensión
capital a no errar.
2 – La realidad de la VIDA. “Yo he venido para que
tengan vida y la tengan en abundancia” (7)
La vida que es primordial por todo el mundo, toma un relieve particular
en África. ¿Por qué? Es porque para el africano,
la vida es el primer don que Dios dio a los seres humanos. De donde
el respeto religioso con el cual se le apoya. El Papa Juan Pablo
II lo confirma en su Exhortación Apostólica post-sinodal:
“Abierto a este sentido de la familia, del amor y del respeto
a la vida, el africano, ama a los hijos, que son acogidos con alegría
como un don de Dios. Todos los hijos e hijas de África aman
la vida […] respetan la vida que es concebida y nace. Se alegran
de esta vida. Rechazan la idea de que pueda ser aniquilada.”(8)
Aquí esta entonces una realidad primordial de la cultura
y de la mentalidad africana tradicional. Desafortunadamente esta
luz no brilla siempre con la misma intensidad en el África
moderna de hoy. Se observan en estos días focos de guerra
y tensiones familiares y tribales que atacan y matan la vida. Los
abortos dictados por el libertinaje sexual se multiplican. “Mi
vientre me pertenece”, dicen sin vergüenza. Por ende,
podemos abortar suprimiendo la vida. Los genocidios están
presentes también, frente a nuestras narices, en África,
en comunidades cristianas. La mesa es a veces triste en ciertos
países.
Se ve bien, las luces y las sombras no hacen falta al respecto
de la vida en África. Esto influencia positivamente o negativamente
la imagen de la Iglesia y la fe en la Eucaristía en África.
En efecto, toda la gran tradición cristiana nos enseña
que es Dios el único que es la vida y la fuente primordial
de vida. La Biblia, desde el libro del Génesis hasta el Apocalipsis,
esta atravesada por la vida de Dios creador. La vida viene de Dios
y regresa a Dios. Dios es el dueño y señor supremo
de la vida. En la plenitud de los tiempos, el Cristo, Verbo de Dios
y Dios el mismo, se encarna. El apóstol San Juan nos dice:
“En el estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.”(9)
Pero en los días de su pasión, Cristo que es la vida
de Dios, revelado a los hombres, fue puesto a prueba severamente
por la muerte. “La muerte y la vida se enfrentan en un duelo
prodigioso, el dueño y señor de la vida murió;
viviendo el reina” (Mors et vita duello conflixere mirando:
dux vitae mortuus, regnat vivus.) Esto es lo que la Iglesia canta
el día santo de Pascua en la secuencia “Victimae pascali
laudes”. Y la Eucaristía es ella misma, fuente de vida,
ya que ella contiene substancialmente a Cristo, pan de vida: “Les
dijo Jesús: Yo soy el pan de vida. El que venga a mí,
no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá
nunca sed.”(10) Ahora bien en África, esta luz de Dios
creador de la vida y fuente de vida, esta luz de Cristo, pan de
vida celebrada en la Eucaristía, esta a veces empañada,
es decir escondida por las sombras de una fe mal vivida en la Eucaristía.
Un buen número de cristianos van a misa, en realidad no para
buscar la vida de Dios en el sacramento de la Eucaristía,
sino por otras intenciones totalmente humanas, por razones totalmente
sociales. Y en las horas sombrías de sus vidas, van hacia
los sacrificios paganos o hacia la magia negra para buscar ahí
la vida y la paz. Esas personas, se encuentran entonces, con el
sincretismo religioso buscando la vida del lado de la muerte. Esto
significa que su fe en la Eucaristía, fuente de vida, se
detuvo a medio camino. Si la formación catequética,
doctrinal y espiritual, la formación continua, no están
bien aseguradas, es una catástrofe a nivel de la evangelización
de África.
3 – La realidad del CUERPO.“Mi carne es verdadera comida
y mi sangre es verdadera bebida” – “Tomad, comed,
éste es mi cuerpo.”(10)
En África tenemos un sentido agudo y un gran respeto al
cuerpo humano. El cuerpo del niño que está acurrucado
en su madre es precioso. El cuerpo de aquel que está muerto,
está rodeado de profundo respeto: aseo y vestimenta bien
cuidados, actitud de sumisión frente a los restos mortales,
entierro con mucho respeto. En breve, vivo o muerto, el cuerpo es
respetado en África. Esto representa una luz, un aspecto
antropológico positivo que permite resaltar bellos gestos
y actitudes corporales durante las misas solemnes. En la tradición
cristiana, el cuerpo humano tiene una gran importancia ya somos
criaturas de Dios, dotados de inteligencia y poseedores de un alma.
Esta luz será llevada a la cumbre por Cristo, Verbo de Dios
encarnado. No solamente tomó nuestro cuerpo mortal(11), sino
que nos dio, sobre todo, su cuerpo como alimento, ofreciéndolo
en sacrificio en la cruz por nuestra salvación. “Tomad,
comed, éste es mi cuerpo.”(12) Y desde luego, el cuerpo
de Cristo, es decir, su carne y su sangre, está al centro
del misterio eucarístico como una gran luz en la Iglesia
de los cinco continentes. Es así que el cuerpo físico
de Jesús se volvió su cuerpo sagrado y eucarístico
recibido en la comunión, para ser al fin su cuerpo glorioso
y místico que es la Iglesia. Es por eso que san Agustín
gustaba de decir a sus fieles que se acercaban a comulgar: “Recibid
esto que sois: el cuerpo de Cristo, para volveros esto que habéis
recibido: el cuerpo de Cristo.” Pero por un lado de estas
luces, que hablan del cuerpo, hay sombras que impiden alcanzar una
fe profunda en la Eucaristía. Por ejemplo, con el fenómeno
de la globalización, de la modernidad, así como la
facilidad de los medios de comunicación masivos, el cuerpo
humano – sobre todo el femenino – es cada vez mas percibido
como un objeto de placer y no como una realidad sagrada y respetable.
Además, la clonación humana, que es un tema de actualidad
por todo el mundo, y por medio del cual se puede manipular al cuerpo
desde su origen, es un problema inaceptable y pastoralmente preocupante
en África. Enseguida el cuerpo está muy frecuentemente
dedicado a la miseria y expuesto a todo tipo de enfermedades, tal
como el SIDA, frente al cual quedamos impotentes, del mismo modo
que la falta de aseo, debida principalmente a la pobreza económica
del continente africano. Durante las celebraciones eucarísticas
en las grandes comunidades cristianas africanas, la comunión
con el cuerpo de Cristo puede a veces parecer mas como un requisito
social que espiritual. Ciertos gestos y actitudes poco respetuosos
hacia la Eucaristía observados por todas partes son la prueba.
¿No podríamos, entonces, aplicar a estos cristianos
de África, las palabras de San Pablo dirigidas a los cristianos
de Corinto? “Quien coma el pan o beba la copa del Señor
indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba
de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come
y bebe su propio castigo.”(13) De cualquier modo, ahora solo
queda inculcar una educación con sentido de lo sagrado y
que los gestos litúrgicos se prueben necesarios.
4 – La realidad de la PALABRA.
“Creéisen Dios, creed también en mí”(14)
La 4ª realidad importante en África y en la Eucaristía
es aquella de la Palabra. Ya sea humana o divina, la palabra se
tiene como sagrada, un tesoro, un objeto de atención y de
escucha. En todo caso, en África, continente dominado por
la tradición oral, la palabra profesada tiene importancia
sobretodo cuando viene de gente importante y respetada. Las últimas
palabras de un padre o de una madre son guardadas preciosamente
por la familia como un testamento, y son enseguida comunicadas a
los miembros de la familia que estuvieron ausentes. Este aspecto
positivo de la palabra en África constituye una luz que prepara
y favorece a la escucha de la palabra de Dios en la misa.
En la religión cristiana en general, y a nivel de la Eucaristía
en particular, la palabra de Dios es más que sagrada, es
divina, creadora y eterna. Dios creó todo sólo con
su palabra. Y esta palabra es una persona divina, el Verbo de Dios
hecho carne(15). Ella es pura verdad: “Yo soy el camino, la
verdad y la vida” nos dice Jesús el Verbo de Dios(16).
Ella es eficaz y operacional. Esta eficacia de la Palabra divina
no depende primeramente de las disposiciones interiores del sujeto,
de su inteligencia, de su voluntad o de su corazón, sino
de todo el poder de Dios. Y es definitivamente esta Palabra de Dios
que es proclamada en misa, la que opera en los sacramentos, notablemente
en la eucaristía, y que es una presencia real y viviente
en la Iglesia en medio del pueblo cristiano. He ahí una luz,
un aspecto positivo doctrinal que permite en África y también
en otros lados, proclamar solemnemente esta Palabra de Dios en misa,
de acoger a veces por procesiones actuadas, rítmicas e incluso
bailadas, por aclamaciones y gritos de alegría en el respeto
y la oración. Ella esta, entonces, en evidencia de los fieles,
fuente de alegría espiritual y de santificación. Ella
no debe estar guardada para si mismo, ella debe ser comunicada a
aquellos que no la conocen. Sin embargo, esta palabra humana puede
estar corrompida con error o mentira (omnis homo mendax), y puede
arrastrarse por el camino de la magia, en el cual África
tiene el triste record de ser especialista. Tal palabra enturbiada
y errada, se vuelve una sombra en las celebraciones eucarísticas.
Se celebra la palabra de Dios en una fe superficial e incluso con
errores de juicio debidos a la percepción errónea
de la palabra humana y divina, y además, frecuentemente no
tienen preocupación de transmitirla a otros, esto indica
una falta de espíritu misionero fuertemente lamentable. Estas
luces y estas sombras son las que hacen de nuestras liturgias de
la Palabra de Dios, celebraciones en claroscuro y actos de fe débiles
en la Eucaristía. Nuestra solicitud pastoral propia debe
llevar el remedio.
5 – La realidad del MUNDO INVISIBLE por medio de sacrificios
religiosos.
“Soy yo, no temáis.”(17)
Esta última realidad toca más de cerca, me parece,
la fe en la Eucaristía. En la Religión Tradicional
Africana (R.T.A.), los adeptos que son por mucho los más
numerosos en África sub-sahariana, tienen una fuerte creencia
en Dios creador y providencia que habita en el universo inaccesible,
el universo invisible de Dios creador y dueño y señor
de todo. Ellos tienen además una fuerte creencia en diversos
“espíritus” o fuerzas ocultas en el universo
visible circundante. Ellos tienen una fuerte creencia en el mundo
invisible de los ancestros en el cual sumergen a las familias y
los seres humanos. Dios estando directamente inaccesible porque
ser infinitamente respetable, los seres humanos, por el sistema
de la mediación, deben pasar por los espectros de los ancestros
y por los diferentes “espíritus” para ofrecer
sacrificios de paz y de reconciliación. Ellos se reconcilian
así con el mundo de los ancestros y de los “espíritus”,
captan sus favores con estos sacrificios y piensan alcanzar en definitiva
a Dios todo poderoso. La noción de los sacrificios es entonces
muy fuerte y esta muy anclada en la mentalidad religiosa africana.
Ella se presenta ya como una luz que anuncia desde lejos de una
manera velada, el sacrificio eucarístico de la cruz.
Es por eso que los africanos no encuentran difícil el entrar
a la celebración eucarística de la misa comprendida
como sacrificio ofrecido a Dios por su Hijo Jesucristo. Ellos comprenden
también fácilmente que el sacrificio eucarístico
es un banquete de comunión porque ellos saben que no hay
sacrificio religioso sin banquete sagrado de comunión. Ellos
celebran entonces la Eucaristía con este manto de fondo luminoso.
Además, hablar de un banquete sagrado, de alimento espiritual
o material, es tocar las cuerdas sensibles de los africanos. En
un clima de hambre crónica, el alimento se reviste de gran
importancia. Positivamente, el banquete tiene un carácter
familiar y manifiesta la solidaridad, el reparto y la fraternidad.
De ahí viene el papel positivo que juega en la eucaristía,
lugar de comunión eclesial y de fraternidad cristiana.
En cuanto a la Eucaristía, por si sola, nosotros sabemos
que es también el memorial del sacrificio de Jesucristo en
la cruz y el banquete sagrado de comunión en el cuerpo y
sangre de Cristo. Ella también tiene una dimensión
familiar si se comprende que la Iglesia, donde se celebra, es la
familia de los hijos de Dios, como lo afirma esta frase tomada de
la Plegaria Eucarística III: “Escucha la oración
de tu familia reunida frente a ti.”(18) En la Iglesia vivida
como la familia de Dios en África, la Eucaristía es
el lugar espiritual de la unidad y de la fraternidad universal.
Ella recuerda cada día a los cristianos de los cinco continentes
que fuera de la muerte y de la resurrección de Cristo, no
hay fraternidad universal posible. La Eucaristía es entonces
un llamado a volvernos hermanos universales, cada uno a partir de
su país y de su cultura.
Mas, todos estos puntos luminosos pueden ser ensombrecidos por
un cierto numero de puntos negativos que emanan de la cultura africana.
Por ejemplo, puede ser que el banquete familiar se vuelva hacia
el individualismo y el egoísmo, puede que la participación
en la Eucaristía y la comunión con el cuerpo de Cristo
lleven a los cristianos de África en el espíritu de
“cada uno para si mismo y Dios para todos.” Se puede
constatar que el alimento material o eucarístico crea diferencias
y divisiones notorias. Tal persona, tal familia, tal región,
tal país, o tal comunidad cristiana tiene que comer y se
encuentra en la abundancia, mientras que otra puede estar sumida
en la hambruna y la miseria. Esto arrastra, no un movimiento de
solidaridad, sino de sentimientos de celos y de odio pudiendo conducir
a la guerra. Además, la noción de sacrificio de paz,
de comunión y de reconciliación, cuando no está
purificada por la luz del evangelio y transfigurada por el sacrificio
de la cruz, mantiene un buen número de cristianos de África
en el sincretismo religioso. Ellos vienen a misa a celebrar el sacrificio
de Cristo y regresan a sacrificar a los “espíritus”
y a los “espectros” de los ancestros. Encontramos ahí
también una fe en la Eucaristía que se quedó
a medio camino. Ahora bien, Jesús dijo en el evangelio de
San Mateo: “No penséis que he venido a abolir la Ley
y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.”(19)
Alargando las perspectivas evangélicas, se puede decir que
Jesús vino a realizar una vasta purificación-transfiguración
de las culturas y costumbres religiosas de todos los países.
En particular, el vino a purificar y transfigurar todos los sacrificios
por su sacrificio en la cruz.
Es por eso que la Iglesia proclama en el Prefacio Pascual nº5:
“Cuando entregó su cuerpo en la cruz, todos los sacrificios
de la Antigua Alianza alcanzaron su cumplimiento” Es decir
que el sacrificio eucarístico es el mas grande de todos los
sacrificios. Una fe sólida en la eucaristía debería
hacer abandonar definitivamente los sacrificios de la Religión
Tradicional Africana. Este no es el caso en el continente. Del mismo
modo, la fe en el Espíritu Santo 3ª Persona de la Santísima
Trinidad, quien precedió a la formación del cuerpo
de Cristo en el seno de la Virgen María, y cuyo poder transforma
todos los días el pan y el vino en cuerpo y sangre de Cristo,
debería hacer abandonar los sacrificios a los “espíritus”
y a los espectros de los ancestros y conducir a los cristianos de
África al culto y a la comunión de los Santos.
Subrayemos finalmente el fenómeno del miedo en África.
Muchos africanos tienen miedo del mundo invisible: Los “espíritus”,
los ancestros, los genios y otras fuerzas ocultas. Ellos están
frecuentemente paralizados por el miedo en su respeto a muchas circunstancias
de su vida. Es eso lo que explica el número incalculable
de sacrificios que ellos ofrecen para entrar en gracia. Se puede
decir, entonces, que la Religión Tradicional Africana es
una religión dominada por el miedo. Ahora bien, nosotros
cristianos, creemos que Cristo vino a exorcizar el gran temor de
los hombres. “Soy yo, No temáis”, nos dice el
en la ribera de nuestras vidas. Es él otra vez quien está
presente en la Eucaristía y nos dice: “Y he aquí
que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo.”(20) Estas palabras de Cristo constituyen para nosotros
una gran seguridad si las acogemos en la fe.
CONCLUSION
¿Qué decir en síntesis final sobre la fe en
la Eucaristía en África? Sabiendo que África
es un gran continente en el cual no debemos generalizar, yo quisiera
testificar de algunas practicas conocidas concernientes al culto
y la devoción eucarística.
Se observa en varias diócesis de África una gran
participación, libre y consciente de los cristianos en las
misas dominicales, en las fiestas y solemnidades litúrgicas,
sobre todo en los países con fuertes comunidades cristianas.
Para la mayoría de los cristianos de África, ser cristiano
es ir a misa y poder comulgar. Aquellos que son privados de la comunión
por razones diversas sufren terriblemente.
Además se observa que muchos cristianos piden misas por diversas
intenciones (por los vivos y difuntos, por la paz, por la sanación,
la reconciliación o en acción de gracias a Dios, para
pedir por el temporal, buenas cosechas, etc.) Del mismo modo, están
presentes en estas misas demandadas.
Notamos también la participación masiva de cristianos
en misas de peregrinajes y procesiones de Corpus Christi durante
las cuales las calles de las ciudades están llenas de gente.Es
la religión popular la que se expresa aquí, y la que
llevan en el corazón.
Las adoraciones y salutaciones con el Santísimo Sacramento
son organizadas en las diócesis y las parroquias a petición
de los Obispos y con una buena participación de los fieles.
Estas adoraciones se intensifican en ciertos tiempos fuertes del
año litúrgico (en el mes del Rosario, en el mes misionero,
en tiempo de cuaresma, el Jueves Santo, en peregrinaciones.) Son
organizadas también por grupos constituidos (movimiento de
acción católica, renovación carismática,
legionarios)
Sin olvidar, claro está, la devoción eucarística
habitual de las personas consagradas, notablemente las congregaciones
religiosas contemplativas o semi contemplativas que ponen la Eucaristía
celebrada y adorada como centro de su vida.
Resurge de todo lo que se ha dicho que la fe en la Eucaristía
no es una palabra vana ni una ilusión en la Iglesia de África,
sino más bien una realidad espiritual de vida cristiana.
Las luces que hemos levantado lo muestran suficientemente. Mientras
que las sombras indican que hay todavía un camino a hacer
en la profundización de la de en la Eucaristía. Es
eso un trabajo pastoral de primer orden, al cual deben unir los
Obispos y sus colaboradores en un continente sediento de Dios-Trinidad
y de Jesús-Eucaristía, Él que “ayer como
hoy es el mismo y lo será siempre.”(21)
Les Agradezco
Monseñor Jean Baptiste KPIELE SOME
Obispo de Diébougou. Burkina Faso
Notas
(1) Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución
Dogmática LUMEN GENTIUM 11
(2) En esta formulación, la palabra “Parole”
(palabra) representa todas las realidades espirituales de la pastoral
diocesana, a saber: la catequesis, la liturgia con sus sacramentos,
la moral cristiana y todas las otras formas de oración y
de devoción. La palabra “Pain” (pan) representa
todas las realidades materiales y temporales de la pastoral diocesana,
a saber: todos los esfuerzos de desarrollo y de mejoramiento de
las condiciones de vida de los pueblos así como el esfuerzo
de auto promoción individual y colectiva, basado en la participación
de todos sin distinción de religión.
(3) Juan Pablo II, Carta Apostólica NOVO MILLENNIO INEUNTE
29. Roma 6 de Enero, 2001.
(4) Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto APOSTOLICAM
ACTUOSITATEM 11
(5) Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal
ECCLESIA IN AFRICA 43
(6) Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal
ECCLESIA IN AFRICA 63
(7) Alphonse QUENUM, EUCHARISTIE. RENDEZ-VOUS D’AMOUR, DE
VERITE ET DE PAIX. UCAOUUA Abidjan 2002, p.90
(8) Jn 10,10
(9) Juan Pablo II, Exhortación apostólica ECCLESIA
IN AFRICA 43
(11) Jn 1,4
(12) Jn 6,35
(12)Jn 6,55; Mt 26,26
(13) Jn 1,14; Flp 2,7
(14) Mt 26,26
(15) 1Co 11, 27-29
(16) Jn 14,1
(17) Jn 1,14
(18) MISAL ROMANO DE PABLO VI. Plegaria Eucarística III
(19) Mt 5,17
(20) MISAL ROMANO DE PABLO VI. Plegaria Eucarística III
(21) Hb 13,8
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