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PROFUNDIZACIONES |
| 6 de enero 2004 – Jornada de
la OPIM |
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Se visten de Reyes magos, son incansables
“sembradores de estrellas”, llaman a las casas, hablan
a las familias, son los protagonistas en las parroquias de una jornada
especial, toda dedicada a sus coetáneos menos afortunados que
sufren en el mundo la explotación, la pobreza y la marginación.
Es el día de los Niños Misioneros, punto de llegada
de un recorrido formativo animado por la misionariedad hacia los que
están lejos geográficamente pero muy cercanos en el
espíritu de las iniciativas que se realizaran gracias a la
recogida de los ahorros y las ofertas.
“Los niños ayudan a los niños” es el slogan
que la Obra Pontifica de la Infancia Misionera hace resonar en todos
los países del mundo, que con la fantasía de los niños
y los animadores consiguen transformar en proyectos de solidaridad.
Y su esperanza consigue con frecuencia contagiar también los
adultos.. El mundo de los niños está lleno de vida.
Una vida sofocada, humillada, explotada para miles de niños
en todo el mundo. Un pueblo que habita en todo el planeta y que es
la dolorosa realidad de esa “infancia negada” de la que
recogemos cifras e historias dolorosas. (Miela Fagiolo D'Attilia) |
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| DONDE LOS NIÑOS SUFREN |
Ahora
por el contrario, queremos centrarnos en escuchar las innumerables
pequeñas voces que gritan desde todos los ángulos
más escondidos del planeta. En el día en que las
Obras Pontificias de la Infancia Misionera propone el compromiso
misionero de los niños más afortunados que sienten
el deber de ayudar a sus coetáneos menos afortunados,
en este día de fiesta y colorido, queremos abrir la puerta
a ese mundo de miles y miles de niños en dificultad,
escondido en la sombra de la clandestinidad, asustado por la
amenaza de la explotación, herido en el corazón
y el cuerpo por la guerra, hambriento y sin familia.
Un pueblo de cachorros vagabundos que se nutren de los que rechazan
los grades cargamentos tanto en Kenia como en Brasil. Niños
sin casa, que viven en las calles esnifando la cola para no
sentir el hambre, y que se enganchan con facilidad en la delincuencia.
¿Qué sucederá con estos niños?
¿Conseguirán alguna vez tener confianza en un
adulto?
Y sobre todo ¿conseguirán convertirse en adultos? |
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