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Viajes Apostólicos de Juan Pablo II

El Papa peregrino por el mundo para confirmar a los hermanos en la fe, para encontrarse con el hombre

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Desde el inicio de su pontificado una de las características más importantes de este Papa fueron sus continuos viajes apostólicos. Desde el primer momento sintió este impulso grande a viajar porque el Espíritu lo empujaba. El sabía que era el Papa de todos y salía al encuentro de todos como Padre, Pastor, Maestro y peregrino. Iba como Papa de la Iglesia Católica, Vicario de Cristo, a un mundo hambriento de Dios. Iba porque sabía que así millones de personas podrían escuchar la Palabra que da vida, única esperanza de la humanidad. Ninguna consideración médica o política retenían a un Papa totalmente dispuesto a acudir allí donde su presencia era deseada y esperada. El Papa viajaba para anunciar el Evangelio, para confirmar a los hermanos en la fe, para confortar a la Iglesia y para encontrarse con el hombre.
Juan Pablo II realizó durante su Pontificado 104 viajes misioneros visitando un total de 129 naciones diversas y 617 ciudades. Durante estos viajes ha pronunciado un total de 2.382 discursos y ha recorrido 1.162.615 kilómetros. Además de estos viajes internacionales el Santo Padre ha realizado 146 viajes por Italia en los que ha visitado 259 localidades y ha pronunciado 906 discursos.
El primer viaje apostólico del Santo Padre fue del 25 enero al 1 de febrero de 1979, a Santo Domingo, México y las Bahamas para inaugurar los trabajos de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla (México) y el último, el 14 y 15 de agosto del 2004 tuvo por meta el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia), con motivo del 150 aniversario de la promulgación del Dogma de la Inmaculada Concepción. El viaje numero 100 fue realizado a Croacia en junio del 2003. El viaje de mayor duración fue el realizado del 18 de noviembre al 1 de diciembre de 1986 a Bangladesh, Nueva Zelanda, Australia e Islas Seichelles y el más corto el realizado a Bosnia-Herzegovina en junio del 2003, un viaje de apenas 12 horas de duración. (Agencia Fides)

Los países visitados por el Papa peregrino

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – De los 104 viajes misioneros llevados a cabo por Juan Pablo II, 61 han sido a Europa, donde ha visitado 39 países, 22 al continente americano, con la visita a 16 países de América Central, 10 de América Meridional y 3 de América Septentrional, 14 al continente africano en el que ha visitado 42 países, 13 a Asia visitando 17 países y en tres ocasiones ha estado en Oceanía visitando 6 países.
Los países más visitados han sido: Polonia en 9 ocasiones (1979, 1983, 1987, 1991, 1991, 1995, 1997, 1999, 2002); Francia 7 veces (1980, 1983, 1986, 1988, 1996, 1997, 2004); Estados Unidos en 5 ocasiones (1979, 1981, 1984, 1987, 1993, 1995); México 5 veces (1979, 1990, 1993, 1999, 2002); España 5 veces ((1982, 1984, 1989, 1993, 2003); Brasil 4 veces (1980, 1987, 1989,1997); Portugal 4 veces (1982, 1083, 1991, 2000); Suiza 4 veces (1982, 1984, 1985, 2004) y Alemania, Austria, Canadá, Guatemala, Kenia y la República Dominicana que ha visitado en tres ocasiones cada uno.
Estos viajes del Papa no siempre han tenido como destino a los países de mayoría católica. Juan Pablo II se acercó a Mongolia, donde vive una exigua minoría de católicos; o Azerbaiyán, con tan sólo 2000 católicos. Entre sus viajes apostólicos Juan Pablo II ha realizado también algunas peregrinaciones jubilares con motivo del Gran Jubileo del año 2000: la peregrinación al Monte Sinaí en el 2000 y la histórica peregrinación a Tierra Santa, también en el 2000; en el 2001 fue a Grecia, Siria y Malta “tras las huellas de San Pablo Apóstol”.
Algunos de estos viajes internacionales tenían como objeto central la participación en Jornadas especiales, como las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebraron en Buenos Aires, Argentina (1987); Santiago de Compostela, España (1989); Czestochova, Polonia (1991); Denver, USA (1993); Manila, Filipinas(1995); París, Francia (1997), Toronto, Canadá (2002). También han sido dictadas por los Encuentros Mundiales de la Familia, que comenzaron en 1994 con ocasión de la proclamación, por parte de las Naciones Unidas, del Año internacional de la Familia. El primer encuentro se tuvo en Roma en 1994, el segundo en Río de Janeiro en 1997, el tercero de nuevo en Roma para el Jubileo de las Familias durante el año 2000 y el IV en Manila en el 2003, pero en este no participó directamente el Santo Padre. (Agencia Fides)

Primer viaje apostólico a Santo Domingo, México y las Bahamas: “el Papa quiere estar cercano a esta Iglesia evangelizadora para alentar su esfuerzo, para traerle nueva esperanza en su esperanza... para que cada vez sea más fiel a su misión”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El primer viaje apostólico de Juan Pablo II al extranjero tuvo lugar en enero de 1979, apenas tres meses después de su elección como Pontífice, a la Republica Dominicana, a México donde visitó cinco ciudades, y las Bahamas, en un viaje que duró una semana, del 25 al 31 de enero de 1979 durante la cual pronunció un total de 36 discursos y recorrió 23.710 Km . La ocasión era la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla (México). Para el Santo Padre el viaje tenía tres objetivos claros: hacer una auténtica peregrinación de fe, como lo fueron después todos los viajes de su pontificado, ser mensajero del Evangelio, y manifestar su ayuda y apoyo a los hermanos en el Episcopado.
El etapa principal del viaje era, pues, México pero el Santo Padre quiso realizar su viaje siguiendo la ruta que, en el momento del descubrimiento del Continente, trazaron los primeros evangelizadores. Se acercó también al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, poniéndose bajo su protección al inicio de su Pontificado: “Antes de llegar a la sede de la conferencia, quiero hacer una parada en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. De aquí que quiero sacar el superior consuelo y el necesario estímulo para mi misión de Pastor de la Iglesia y en particular para mi primer contacto con la Iglesia latinoamericana”.
Las anteriores Conferencias del Episcopado Latinoamericano habían tenido lugar en Río de Janeiro en 1955 y en Medellín en 1968. Esta Tercera Conferencia giró en torno al tema “La Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”. Un problema importante en un continente que debía buscar el justo equilibrio entre evangelización y promoción humana, entre evangelización y liberación, entre bienestar material y bienestar espiritual.
Al llegar a Santo Domingo, primera etapa de su viaje, el Santo Padre afirmó en su discurso al Presidente: “El Papa quiere estar cercano a esta Iglesia evangelizadora para alentar su esfuerzo, para traerle nueva esperanza en su esperanza... para que cada vez sea más fiel a su misión”. Y en la homilía pronunciada en la Plaza de la Independencia el 25 de enero de 1979, el Santo Padre invitó a los cristianos a comprometerse en la construcción de un mundo más justo, humano y acogedor, que no se encierre en sí mismo sino que se abra a Dios.
A los sacerdotes de México Juan Pablo II pidió que fueran auténticos servidores de la Palabra de Dios y de la fe, administradores y testigos del amor de Cristo por los hombres. En la misa celebrada en la Catedral de México pidió a todo el pueblo mexicano que permaneciera fiel a la Iglesia, nacida según el designio de Dios, para construir, con todas las gentes, un país fundado en la fe, en la esperanza y en el amor.
El 28 de enero comenzaron los trabajos de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, punto culminante del viaje del Papa. En su discurso, el Santo Padre exhortó a los Obispos a ser Maestros de la verdad que viene de Dios y que trae consigo la auténtica liberación del hombre, pidió que vigilaran la pureza de la doctrina y que transmitieran la verdad sobre Jesucristo, sobre la misión de la Iglesia y sobre el hombre; les instó a ser servidores de la unidad, unidad entre Obispos, sacerdotes, religiosos y con el pueblo de los fieles y que fueran defensores y promotores de la dignidad humana. Y señaló como tareas prioritarias para América Latina la familia, las vocaciones sacerdotales y religiosas y la juventud, esperanza de la Iglesia.
Durante este primer viaje apostólico, el Santo Padre quiso acercarse de forma especial a los pobres, a los marginados, a los que sufren. En Santo Domingo, en un encuentro con los habitantes del barrio pobre de “Las minas”, dijo: “Veo en vosotros una presencia más viva del Señor que sufre en los hermanos más necesitados. Deseo haceros pensar en vuestra dignidad de hombres y de hijos de Dios”. En México, en Oxaca, a los indígenas y campesinos les aseguró: “El Papa quiere ser vuestra voz, la voz de quien no puede hablar o de quien es silenciado” y lanzó un fuerte llamamiento a los responsables de las naciones y a las clases dirigentes: “La conciencia de los pueblos, el grito del desvalido y, sobre todo, la voz de Dios, la voz de la Iglesia, os repiten conmigo: no es justo, no es humano, no es cristiano continuar con ciertas situaciones claramente injustas”. También a los obreros de Guadalajara les recordó el valor del trabajo como colaboración con Dios, perfeccionamiento de la creación, servicio a los hermanos y contribución a la humanización del mundo y sus estructuras. En un encuentro con los habitantes del “barrio pobre” de Santa Cecilia, les aseguró su cercanía y particular atención: “Siendo pobres, tenéis derecho a mis particulares desvelos. EL Papa os ama porque sois los predilectos de Dios”. En el viaje de regreso a Roma el avión realizó una escala técnica en las Bahamas, donde el Santo Padre dirigió un saludo a los cristianos de esas tierras exhortándoles a permanecer unidos en la solidaridad y en el amor. (Agencia Fides)


Ultimo viaje apostólico del Santo Padre al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes con motivo del 150º aniversario de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción: “Vengo como un peregrino ante la Virgen”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El último viaje apostólico del Santo Padre fuera de Italia tuvo por meta el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia) el 14 y 15 de agosto del 2004. Constituyó su viaje número 104 al extranjero, séptimo a Francia y su segunda visita a Lourdes después de la realizada en 1983, también un 15 de agosto. Juan Pablo II ha sido el primer Papa que visitó este Santuario. El motivo principal de la peregrinación era la concurrencia del 150º aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción, hecha por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, uniendo así dos grandes misterios marianos: el de la Inmaculada Concepción y el de la Asunción: “Los dos representan el principio y fin de la peregrinación terrena de Maria”. Ambos dogmas están íntimamente unidos, afirmó Juan Pablo II en la homilía del día 15 de agosto, en cuanto que “proclaman la gloria de Cristo Redentor y la santidad de María, cuyo destino humano ha sido perfecta y definitivamente realizado en Dios”. En esta ocasión el Papa manifestaba una intención particuñar: pedir el auxilio de la Virgen para sanar el alma del hombre.
El Santo Padre se acercó como un peregrino ante la Virgen, como un enfermo entre los enfermos, realizando los gestos más significativos que realizan todos los años los numerosos peregrinos que llegan a Lourdes. Su presencia ante los enfermos, estando él mismo enfermo, supuso un testimonio del respeto absoluto hacia la vida humana que el Papa nunca dejó de proclamar desde el inicio de su Pontificado.
Este viaje a Lourdes tuvo tres momentos fundamentales: el rezo del Rosario el sábado por la tarde, la procesión ese mismo día y la Celebración Eucarística del domingo 15 de agosto. La tarde del 14 tuvo lugar una meditación itinerante sobre los misterios luminosos del Rosario con distintas etapas: las piscinas donde rezaron en particular enfermeros, médicos y personal sanitario; la Tienda de la Adoración Eucarística con la presencia de los jóvenes; la Iglesia de Santa Bernadette con los enfermos, la Capilla de la Reconciliación con los sacerdotes y el atrio de la Catedral de Nuestra Señora con los acólitos y personas que sirven en el altar. En su alocución la inicio del Rosario el Santo Padre afirmó: “Arrodillándome de nuevo en la Gruta de Massabielle siento con emoción que he alcanzado la meta de mi peregrinación. Esta gruta se ha convertido en la cátedra de una sorprendente escuela de oración, en la que María enseña a todos a contemplar con ardiente amor el Rostro de Cristo”. Y exhortó a los cristianos a transformar el mundo “desde dentro”, es decir, desde la propia conversión.
Por la noche, en la procesión de antorchas, el Papa confió una intención particular: “invocad conmigo a la Virgen María a fin de que obtenga para el mundo el don tan anhelado de la paz” pidiendo que se depongan las armas, que cesen los odios y violencias en todo el mundo.
El domingo 15 de agosto el Santo Padre celebró la Eucaristía ante más de 300.000 peregrinos, entre ellos dos mil enfermos y numerosos jóvenes. En esta ocasión el Papa lanzó un fuerte mensaje de defensa de la vida en una sociedad amenazada por el materialismo, con un especial mensaje a las mujeres: “En nuestro tiempo tentado por el materialismo y la secularización, la mujer esta llamada a ser testigo de los valores esenciales que sólo se perciben solo con los ojos del corazón. A vosotras, mujeres, corresponde ser centinelas del Invisible” y apremió a todos a “realizar todo lo que esté a vuestro alcance a fin de que la vida, toda vida, sea respetada desde la concepción hasta su término natural. La vida es un don sagrado del que nadie puede hacerse dueño”.
Por último lanzó un mensaje para todos los hombres: “Sed mujeres y hombres libres. Recordad que la libertad humana es una libertad marcada por el pecado. Cristo es su liberador pues para ser libres nos ha liberado. ¡Defended vuestra libertad!”. (Agencia Fides)


En Oceanía: “Quiero rendir homenaje a la historia de la evangelización y recordar a algunos de aquellos apóstoles que vivieron y murieron para que los hijos e hijas de esta tierra pudieran conocer y amar a Jesucristo”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Santo Padre, Juan Pablo II visitó en tres ocasiones Oceanía. La primera vez en 1984 a Papúa Nueva Guinea y a las Islas Salomón. La segunda vez en 1986 a las Islas Fiji, Nueva Zelanda, Australia y Seychelles y la tercera vez en 1995, de a Papúa Nueva Guinea, a su capital Post Moresby, y a Sydney, capital de Australia, país que visitaba por segunda vez. Durante este tercer viaje Juan Pablo II proclamó beato en Port Moresby al primer nativo, el catequista Peter To Roth, asesinado durante la ocupación japonesa, en una ceremonia inolvidable, con los fieles ataviados con plumas multicolores y los rostros pintados, según la costumbre del lugar.
El 7 de mayo de 1984 el Papa Juan Pablo II, después de haber visitado Estados Unidos y la República Coreana, llegaba por primera vez a Oceanía, a Papúa Nueva Guinea, donde la Iglesia celebraba el centenario de la llegada de los primeros misioneros. En su discurso de bienvenida, recordó el esfuerzo y los sacrificios personales de los misioneros, que son bien conocidos en todo el mundo, y gracias a los cuales un tercio de la población es hoy católica. El mismo día celebró una misa por las vocaciones en Port Moresby durante la cual rindió homenaje a la labor misionera realizada por las diversas familias religiosas: “En este momento mi pensamiento se dirige de modo particular al mundo misionero: a aquellos que trajeron por primera vez el Evangelio y a aquellos que continúan hoy prestando su servicio en estas tierras. Quiero rendir homenaje a la historia de la evangelización y recordar a algunos de aquellos apóstoles que vivieron y murieron para que los hijos e hijas de esta tierra pudieran conocer y amar a Jesucristo”. Repasando la historia de la evangelización de esas tierras, el Papa dio gracias a Dios “por esta maravillosa, divina llamada que ya ha producido tantos frutos copiosos en esta tierra”.
El día 8 de mayo el Papa celebró la Misa por la evangelización en Mount Hagen, una ciudad de 13.600 habitantes que recibió a los primeros misioneros en 1934 y, por tanto, celebraba aquel año el 50º aniversario del inicio de la evangelización. “La historia de la Evangelización en vuestro país y el crecimiento de la Iglesia nos revela la grande y maravillosa obra que Dios ha realizado entre vosotros”. En su encuentro con un grupo de jóvenes, el Papa les propuso como modelo a Jesucristo y les recordó que ellos eran muy importantes para Jesús, “para mí y para toda la Iglesia”. Durante el viaje el Papa recordó también la importancia de los principales problemas pastorales del país, aún en las primeras fases de la evangelización: la familia, los sacramentos, la evangelización, la catequesis. Juan Pablo II prosiguió su viaje hacia las Islas Salomón, donde celebró la Misa en Honiara.
En su último viaje a Oceanía en 1995, once años después de su primera visita, Juan Pablo II afirmó: “vengo como amigo, vengo como hermano”. El 17 de enero, durante la Eucaristía celebrada en Port Moresby, beatificó a Pietro To Rot, un laico, padre de familia, catequista mártir, asesinado en 1946, primer beato originario de Oceanía. “El primer beato de Papúa Nueva Guinea abre una nueva época en la historia del pueblo de este país. El Beato Pietro rechazó elegir el camino fácil. ‘Debo cumplir mi deber como testigo’ y no le retuvo siquiera el temor del sufrimiento y la muerte.
En Sydney Juan Pablo II beatificó a la madre Mary McKillop, una extraordinaria mujer, hija de una familia escocesa que a principios del siglo pasado dedicó su vida a enseñar a los aborígenes y a los hijos de los colonos más pobres. En la homilía el Papa exhortó a los católicos a defender los valores de la familia frente al consumismo y la indiferencia religiosa. (Agencia Fides)


En Africa: “Habéis conocido graves pruebas. Quiero reforzar vuestro espíritu. Confiad vuestras necesidades al Señor, que es fiel, y ayudaos mutuamente”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Santo Padre Juan Pablo II visitó en 14 ocasiones el continente africano, llegando a 42 países. El primer viaje a Africa fue en mayo de 1980: Zaire, Congo, Kenia, Ghana, Alto Volta (actual Burkina Faso) y Costa de Marfil, en una viaje de 10 días en los que el Papa pronunció 72 discursos. La última vez que el Santo Padre estuvo en tierra africana fue en febrero del 2000 en Egipto, en la histórica peregrinación al Monte Sinaí. Los países más visitados por Juan Pablo II en el continente africano fueron Kenia y Costa de Marfil, que visitó en 3 ocasiones, y Nigeria, Zaire, Burkina Faso y Camerún, que visitó en 2 ocasiones. En el año 1990 realizó dos viajes a Africa, en enero y en septiembre, y lo mismo en 1992, en febrero y junio.
Algunos de estos viajes tuvieron por objetivo principal la beatificación de algunos siervos de Dios africanos, como ocurrió en la visita Pastoral a Madagascar en 1989, donde beatificó a Victoire Rasoamanrivo, y en La Reunión al Hermano Scubilion (Jean-Bernard Rousseau), o la visita a Nigeria en 1998 para beatificar al Siervo de Dios P. Cyprian Michael Iwene Tansi. En 1995 viajó a Yaundé (Camerún), Johannesburgo/Pretoria (Sudáfrica) y Nairobi (Kenya) con ocasión de la fase celebrativa de la Asamblea Especial para Africa del Sínodo de Obispos.
El contexto histórico del primer viaje de Juan Pablo II a Africa, en 1980, era la celebración del centenario de la evangelización de Ghana y Zaire. Juan Pablo II renovó la consagración misionera a la Virgen en Kinshasa, siguiendo lo que hacían los misioneros cuando llegaban para anunciar el Evangelio. El Santo Padre alentó a la Iglesia africana a ser cada vez más misionera: “vosotros sois los misioneros de vosotros mismos”, dijo con fuerza. A los misioneros de la selva les dijo: “vuestro trabajo merece la solidaridad de toda la Iglesia” y alentó también a los Obispos a un empeño mayor por la pastoral familiar, e insistió en la africanización de la Iglesia. En Brazzaville afirmó: “Sé que continuáis la obra de evangelización en condiciones que no son fáciles, con medios muy pobres. Habéis conocido graves pruebas. Quiero reforzar vuestro espíritu. Confiad vuestras necesidades al Señor que es fiel y ayudaos mutuamente”. Y en Nairobi recordó que el más valioso tesoro de Africa es la fe.
En febrero de 1982 el Papa realizó su segundo viaje al continente africano, esta vez a Nigeria, Benin, Gabón y Guinea Ecuatorial. Durante este viaje recordó los orígenes de la evangelización y la heroica labor de los primeros misioneros, la importancia de la familia y los tradicionales lazos de unión de la familia patriarcal africana y los valores cristianos, la defensa de la vida y el respeto de los miembros de la familia. El Papa habló de la importancia de los catequistas en la evangelización inicial y permanente y del compromiso de la mujer a favor de la familia y de la instrucción religiosa de los hijos. Durante este viaje Juan Pablo II pidió explícitamente que la evangelización fuera una prioridad suprema, y propuso la unidad y la evangelización como doble propósito de su visita.
En mayo de 1989, en su quinto viaje a Africa tuvo lugar un evento que marcó la historia del pueblo malgache: la beatificación de la primera hija de Madagascar, Victoria Rasoamanarivo. De ella el Papa dijo: “Victoria amó auténticamente a Cristo, dando testimonio así del papel que compete a la mujer en la Iglesia. Su beatificación en un aliento para todas sus hermanas de Madagascar”. En La Reunion proclamó beato a un gran misionero: el hermano Scubilion, apóstol de los esclavos negros, incansable educador y catequista.
En su viaje a Túnez en abril de 1996 (12º viaje a Africa), el Santo Padre realizó un fuerte llamamiento a la paz y al dialogo y animó a los fieles católicos a perseverar en la vida fraterna y en la fidelidad a la herencia recibida: “Sed testigos de la Buena Nueva tras las huellas de los grandes santos que han distinguido esta tierra en el curso de los primeros siglos del cristianismo. Sed herederos fieles de esos testigos supremos”.
Dentro del marco del Gran Jubileo del año 2000 el Santo Padre realizó la histórica peregrinación a las fuentes de la fe cristiana, al lugar del encuentro y del pacto con Dios: al Monte Sinaí. “Hoy con gran alegría y profunda emoción, el Obispo de Roma se hace peregrino al Monte Sinaí... Recibamos hoy de un modo renovado la ley divina como un tesoro precioso”.
Juan Pablo II, en sus numeroso viajes por tierras africanas, visitó países que sufren de epidemias, hambre, guerras y muerte, siempre alentando a la población. En diciembre de 1994 Juan Pablo en Sudán denunció la tragedia silenciosa de los cristianos del Sudán meridional y reafirmó “que el derecho a la libertad religiosa es fundamental para una pacífica convivencia”. En junio de 1992 viajó a Angola y Ruanda, países escenario, durante muchos años, de violencia cruel. Por doquier Juan Pablo II pidió la paz y exhortó a la fraternidad y a la reconciliación. En febrero de 1993 el Papa fue a Uganda, país que sufre particularmente el flagelo del Sida, por lo que su mensaje hizo referencia a esta realidad: a los jóvenes les habló de la fidelidad y castidad, frente a la libertad sexual y la promiscuidad, como armas para combatir tan terrible enfermedad e insistió en que la sociedad precisa tolerancia, solidaridad y comprensión para con los enfermos y sobre todo para con los niños victimas inocentes. (Agencia Fides)


En América: “¡América, abre de par en par las puertas a Cristo! Deja que la semilla plantada hace cinco siglos fecunde tu vida. ¡Adelante América Latina! Ten valor, Continente de la esperanza!”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Santo Padre Juan Pablo II viajó en 22 ocasiones al continente americano, visitando un total de 19 países. Los más visitados han sido Estados Unidos (7 veces), México (5), Brasil (4), y la República Dominicana, Guatemala y Canadá en tres ocasiones cada uno.
El primero de los viajes a América coincidió con el primer viaje apostólico del Santo Padre al extranjero y fue a la Republica Dominicana, México y las Bahamas en enero de 1979 para participar en la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla. El último viaje a América fue en el 2002 a Canadá (Toronto) con motivo de la XVII Jornada Mundial de la Juventud. En esta ocasión se acercó también a Guatemala, donde canonizó al Hermano Pedro de San José Betancur, y a México, donde canonizó al Beato Juan Diego y beatificó a los mártires Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles. En 1987 el papa viajo a Argentina para participar en la II Jornada Mundial de la Juventud y en 1993 a Denver para la VII J.M.J. En 1992 fue a Santo Domingo con motivo del V Centenario de la Evangelización de América y de la IV Conferencia General del Episcopado Latino Americano. En 1992 Juan Pablo II visitó la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York y en 1997 participó en Río de Janeiro (Brasil) en el II Encuentro Mundial de la Familias. En 1999 viajó por cuarta vez a México para la Celebración de la fase conclusiva de la Asamblea Especial para América del Sínodo de los Obispos.
En marzo de 1983 el Santo Padre de hizo mensajero de paz en Centroamérica visitando Nicaragua, Costa Rica, Panamá, El Salvador, Guatemala, Honduras, Belice y Haití, en uno de los viajes má difíciles por las graves tensiones políticas que encontró. Trece años después, en 1996, el Papa volverá a Nicaragua, Guatemala y El Salvador en circunstancias muy distintas, y será recibido con gran entusiasmo. En estos viajes por América Latina el Papa continuamente denunció los grandes males que afligen estos países: la guerrilla, el narcotráfico, la corrupción, el terrorismo, la pobreza...
En febrero de 1985 el Papa viajó a Venezuela, Ecuador y Perú. En este último país levantó su voz contra la violencia y la injusticia afirmando que “la lógica desapiada de la violencia conduce a la nada”. Con ímpetu y fuerza imploró: “En nombre de Dios, cambiad el camino. Convertíos a la causa de la reconciliación y de la paz”. En julio de 1986 el Santo Padre se dirigió en su sexto viaje a Colombia: como mensajero de paz lanzó un llamamiento a los hombres de la guerrilla que atormentaban al país desde hacía cuarenta años. Desde la ciudad de Barranquilla les dijo: “Que callen las armas, que se estrechen fraternalmente las manos de quienes las empuñan, que llegue para todos esa paz tan querida, invocada y anhelada”. En Calí y Medellín denunció a los traficantes llamándoles “traficantes de la libertad”. Un momento emocionante fue el encuentro con el mundo campesino, a los pies de la Virgen de Chiquinquirá, en el llamado “santuario mariano de los pobres”.
En octubre de 1992 Juan Pablo II viajó nuevamente a Santo Domingo para conmemorar el V Centenario del inicio de la Evangelización del Nuevo Mundo. En esta ocasión también canonizó al Obispo Ezequiel Moreno Díaz. El Santo Padre pidió: “¡América, abre de par en par las puertas a Cristo! Deja que la semilla plantada hace cinco siglos fecunde tu vida. ¡Adelante América Latina! Ten valor, Continente de la esperanza!”
Ante los representantes de los pueblos del mundo reunidos en la Sala dela Asamblea General de las Naciones Unidas, en octubre de 1995, el Santo Padre se presentó como un testigo de la dignidad del hombre, un testigo de la esperanza, un peregrino de paz y de comprensión entre los pueblos. Y afirmó: “¡Es la hora de una nueva esperanza! ¡No debemos temer ante el futuro. No debemos tener miedo del hombre!” En 1997 participó en Río de Janeiro en el II Encuentro Mundial de las Familias, desde donde impulsó nuevamente el papel determinante de la Iglesia doméstica en la nueva evangelización afirmando: “La lucha por las familias y por la vida es la lucha por la dignidad del hombre. Todo atentado contra la vida y la integridad de la familia es un atentado contra la humanidad y su futuro”.
En 1998 realizó un histórico viaje apostólico a Cuba. El Santo Padre dijo: “Os traigo el Evangelio de Cristo: no es una ideología política, ni un sistema económico. Es un camino de paz, de justicia y de libertad”. Y también afirmó: “Los valores del Evangelio no constituyen ningún proyecto social. No tengáis miedo, abrid las familias y las escuelas a Cristo!”
En enero de 1999 se acercó nuevamente como peregrino a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe para entregar los frutos de la Asamblea especial del Sínodo para América. Fue un viaje que indicó caminos seguros de fraternidad y de paz para el continente. En la celebración eucarística en la Basílica de Guadalupe para la clausura de la Asamblea Especial del Sínodo de América afirmó con decisión: “¡Que no haya más ataques contra la vida! ¡Que nadie ose herir el don precioso y sagrado de la vida en el seno materno!” y pidió “una vida digna para todos”. (Agencia Fides)


En Asia: “Permaneced firmes en los grandes ideales que os fueron transmitidos por San Francisco Javier”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El Santo Padre, Juan Pablo II, viajó por el continente asiático en 13 ocasiones; visitando un total de 17 países distintos. El primer viaje apostólico en Asia fue en febrero de 1981 en un viaje de 11 días a Pakistán, Filipinas y Japón, pasando por Guam y Anchorage; en Estados Unidos. El último viaje por Asia fue en septiembre del 2001 a Kazajstán.
Los países más visitados han sido Filipinas, India y la República de Corea, que ha visitado en dos ocasiones cada uno. Juan Pablo II ha estado también en Bangladesh, Japón, Indonesia, Líbano, Kazajstán, Pakistán, Singapur, Siria, Sri Lanka, Tailandia y Tierra Santa, en la peregrinación jubilar realizada en el 2000.
En 1981 viajó a Filipinas para clausurar la celebración del IV Centenario de la Iglesia en Manila y la beatificación de Lorenzo Ruiz, primera beatificación de un hijo nativo, junto con 15 compañeros mártires. Fue además la primera beatificación del Pontífice fuera de Roma. En 1989 en Seúl (Corea), Juan Pablo II participó en el XLIV Congreso Eucarístico Internacional, y en 1995 en Manila (Filipinas) en la X Jornada Mundial de la Juventud. El viaje a Beirut (Líbano) en 1997 tuvo como motivo la celebración en la fase conclusiva de la Asamblea Especial para el Líbano del Sínodo de Obispos. Y también en 1999, en Nueva Delhi (India), el Papa participó en la fase conclusiva de la Asamblea especial para Asia, del Sínodo de obispos. En el 2000 pudo realizar las dos grandes peregrinaciones Jubilares al Monte Sinaí en febrero y a Tierra Santa en marzo, realizando así un gran deseo expresado desde el inicio de su Pontificado.
En su primer viaje a Asia, en Filipinas, en el barrio de Tondo, en Manila, el Santo Padre habló de la misión de la Iglesia de defender la dignidad humana de los pobres “no para servir a intereses políticos, ni adquirir poder, sino para salvar al hombre en su humanidad y en su destino sobrenatural”. Y en la Misa de beatificación de Lorenzo Ruiz y compañeros mártires dijo que “la vida de todos debe estar a disposición de Cristo” añadiendo que “morir por la fe es un don para algunos; vivir la fe es una llamada para todos”. En Morong visitó el Papa un campo de refugiados, haciendo un llamamiento a todas las naciones para que se incrementasen las ayudas a todos los desplazados del mundo. En Tala visitó una leprosería para llevarles su aliento y mostrar su cercanía a los enfermos. A través de los micrófonos de Radio Veritas Juan Pablo II lanzó un mensaje de esperanza para toda Asia con un llamamiento dirigido a todos y a cada uno “a que se respeten los valores y los derechos de las personas y de los pueblos”.
En esta ocasión también fue a Japón y quiso acercarse a Hiroshima, uno de los puntos negros de la historia de la humanidad, donde presidió una ceremonia en la que el Santo Padre gritó con firmeza: “¡La guerra es una invención del hombre; es destrucción, es muerte! Que no se repita jamás lo sucedido. Que la humanidad no sufra el terrorífico precio de una lucha entre sistemas de poder”. Y se despidió de Japón pidiendo a todos a “permanecer firmes en los grandes ideales que os fueron transmitidos por San Francisco Javier”.
En su primera visita a la India, en 1986, recibió la vista del Dalai Lama, jefe espiritual del Budismo tibetano, subrayando en aquella ocasión la importancia que la Iglesia reconoce al dialogo interreligioso. Tuvo un encuentro con representantes de diversas tradiciones religiosas y culturales ante los que afirmó que “la verdadera liberación sólo se alcanza cuando se busca la visión espiritual del hombre”. En Calcuta se reunió con la Madre Teresa, reafirmando el valor de la dignidad humana, el valor inestimable de toda vida: la existencia humana no puede ser considerada en base a criterios de utilidad.
En octubre de 1989 participó en Seúl en la clausura del 44º Congreso Eucarístico que tuvo por tema “Cristo nuestra paz”. En la Misa de conclusión, ante más de un millón de personas, habló de la reconciliación y la paz que trae Cristo, que no es mera ausencia de guerras, sino la transmisión del amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones. En el Año Jubilar del 2000 fue a Egipto y Tierra Santa, en una peregrinación de conversión y penitencia, de reconciliación de y de paz. Afirmó que “los Diez Mandamientos son la divina pedagogía del amor, porque indican el único camino seguro para la realización de nuestro anhelo más profundo: la búsqueda del espíritu humano del bien, de la verdad y de la armonía”. En Belén celebró la Eucaristía en la Plaza del Pesebre: “la Cuna y la Cruz son el mismo misterio de amor que redime; el Cuerpo que María puso en el pesebre es el mismo Cuerpo sacrificado en la Cruz” –dijo en aquella ocasión el Papa- el Cuerpo que María puso en el pesebre es el mismo Cuerpo sacrificado en la cruz”. En Jerusalén, lugar de la primera Eucaristía y de la institución del Sacerdocio, Juan Pablo II firmó la Carta a los Sacerdotes para el Jueves Santo del 200, en que afirmaba: “La presencia sacramental de Cristo en la Eucaristía es la mayor riqueza de la Iglesia”.
En Líbano, en 1997, Juan Pablo II firmó la Exhortación Postsinodal “Una esperanza nueva para el Líbano” ante un grupo de jóvenes a los que pidió: “¡No alcéis nuevos muros en vuestro país! Por el contrario, es labor vuestra construir puentes entre las personas, entre las familias y entre las distintas comunidades”. (Agencia Fides)


En Europa: “Europa, sé tú misma, aviva tus orígenes, revive aquellos valores auténticos que hicieron valiosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes que te miran”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Europa es ciertamente el continente que fue más visitado por Juan Pablo II: 61 viajes por un total de 39 ciudades. El primero de estos viajes fue precisamente a su tierra natal, Polonia, en junio de 1979, y el último a Lourdes, en agosto del 2004, con motivo del 150º aniversario de la promulgación del Dogma de la Inmaculada. Los países más visitados del continente europeo fueron en primer lugar su país de origen, Polonia, que visitó en 8 ocasiones, a continuación Francia, 7 veces, España, 5 y Portugal y Suiza en 4 ocasiones.
En muchos de estos viajes por el continente europeo el Santo Padre presidió beatificaciones y canonizaciones. En tres ocasiones viajó para participar en la Jornada Mundial de la Juventud: en 1989 en Santiago de Compostela, España (IV Jornada), en 1991 en Czestochowa, Polonia (VI Jornada) y en 1997 en París, Francia (XII Jornada). En 1982 en España participó en la clausura del IV Centenario de la muerte de Santa Teresa de Ávila y en 1993 viajó por cuarta vez a España con ocasión del XLV Congreso Eucarístico Internacional. En el 2001 viajó Kazajstán con ocasión de los 1700 años del Cristianismo en el país. En 2003, en su penúltimo viaje internacional, participó en Suiza en un encuentro nacional con jóvenes.
El segundo viaje del Santo Padre por Europa fue a Irlanda en septiembre de 1979, donde habló de concordia y se dirigió sobre todo a los jóvenes: “Os suplico de rodillas que abandonéis los senderos de la violencia y volváis a los senderos de la paz ... Con todo el amor que siento por vosotros, jóvenes de Irlanda, os digo que no escuchéis las voces que hablan del lenguaje del odio, de la venganza. Amad y respetad la vida”.
Al término de su viaje a España, en 1989, al despedirse realizó un llamamiento vibrante a crear una Europa unida en sus raíces cristianas y gritó: “Europa, vuelve a encontrarte, sé tú misma, aviva tus orígenes, revive aquellos valores auténticos que hicieron valiosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes que te miran” .
En agosto de 1997, los jóvenes en París acogen a Juan Pablo II para la XII Jornada Mundial de la Juventud. El Pontífice proclamó beato al laico Federico Ozanam, principal fundador de la sociedad de San Vicente de Paúl, y recordó el centenario de la muerte de Santa Teresa de Lisieux. “Sois la ‘carta de Cristo’ para el nuevo milenio” dijo a los jóvenes durante el envío misionero que realizó el 23 de agosto.
Otro viaje importante de Juan Pablo II en Europa fue la peregrinación tras las huellas de San Pablo: Atenas, Damasco y Malta. El Sucesor de Pedro, durante la Misa en Damasco, entregó a los cristianos del tercer milenio el desafío del Apóstol de las Gentes. “La ardiente misión de Pablo testimonia que el Evangelio es un potente factor de transformación del mundo”. Y en Atenas dijo: “los numerosos areópagos de hoy requieren el testimonio de los cristianos”. Un momento significativo de esta peregrinación fue el encuentro del Papa con el Metropolita: rezaron juntos las palabras de alabanza y agradecimiento al Padre que Jesús mismos confió a sus discípulos, el Padrenuestro. En la gran mezquita de Omayyadi, Juan Pablo II, primer Papa que entra en un lugar de culto musulmán, se reunió con la comunidad musulmana.
Dentro del capítulo de los viajes del Santo Padre por Europa merecen una mención aparte los viajes tras el “telón de acero”. El primero de estos países, su patria, Polonia, visitada en 9 ocasiones. El Papa llegó a Polonia por primera vez después de su elección al Pontificado el 2 de junio de 1979, y pudo celebrar en el centro de Varsovia la primera Misa pública en una nación comunista. En la homilía afirmó “que no se puede excluir a Jesucristo de la historia de la humanidad”. Poco después en Gniezno habló por primera vez de su “misión” de ser puente entre el Oeste y el Este y de trabajar por la reconciliación de dos mundos que desde hacia años estaban enfrentados. Las otras ocasiones en que ha visitado Polonia: en 1983, 1987, en junio de 1991 en que realizó algunas beatificaciones, agosto de 1991 con motivo de la VI Jornada Mundial de la Juventud, 1997 con motivo del XLVI Congreso Eucarístico Internacional en Wroclaw, del Milenario del Martirio di S. Adalberto en Gniezno, del 600° Aniversario de la Facultad Teológica de la Universidad Jagellonica en Kraków, y de beatificaciones y canonizaciones, 1999 en que también realizó beatificaciones y canonizaciones y el último en el 2002. En abril de 1990 entra en el primer país del Este después de Polonia, Checoslovaquia, donde fue calurosamente recibido. Al año siguiente el Papa viajo a Hungría y rezó ante la tumba del Cardenal Mindszenty, el abanderado de la Iglesia del silencio. Al despedirse dijo: “Sabed apreciar y vivir la libertad. Sed conscientes de la inmensa fortuna que representa para vuestro futuro la libertad conquistada de forma irreversible”. En 1993 el Papa pidió a los albaneses: “Dad el ejemplo de un amor sin condiciones que supere las ofensas recibidas, dispuesto a ofrecer el perdón a los propios perseguidores. Que el pasado sirva de advertencia pero no traiga revanchismos”. En septiembre de 1993 el Santo Padre viajó a las Repúblicas Bálticas, Lituania, Letonia y Estonia. En Lituania subió al monte de las cruces en centro de la nación, en Siauliai, donde habló de la importancia de la cruz en la vida de la humanidad y recordó: “El hombres es débil cuando es victima, pero aún más cuando es opresor”.
Desde el comienzo de la guerra en Bosnia, el Santo Padre había manifestado su deseo de viajar a Saravejo. En un principio la visita se fijó para 1994 pero no pudo ser en esta ocasión. El Papa consiguió realizar su deseo en 1997: “Hoy he venido para deciros: ¡valor, no os canséis de hacer progresar la paz tan deseada durante tanto tiempo! El alba de Dios está ya presente en medio de vosotros, la luz del nuevo día resplandece ya en vuestro camino”. (Agencia Fides – FIN)

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