"El misterio eucarístico es verdaderamente el centro
de la sagrada liturgia, más bien de toda la vida cristiana.
Por lo tanto la iglesia, instruida por el Espíritu Santo,
trata de profundizarlo cada día más y vivir más
intensamente de él". (Instrucción 1967, "El
culto del misterio eucarístico", n°1) "Para
ordenar y promover rectamente la piedad hacia el santísimo
Sacramento de la Eucaristía hay que considerar el misterio
eucarístico en toda su amplitud, tanto en la celebración
de la misa como en el culto de las sagradas especies, que se
conservan después de la misa para prolongar la gracia
del sacrificio." (Ritual romano 1973, "De la sagrada
comunión y del culto de la Eucaristía fuera de
la misa", n°4) "sin embargo, ninguna comunidad
se edifica si no tiene como raíz y quicio la celebración
en la santísima Eucaristía, por la que debe, consiguientemente,
comenzarse toda educación en el espíritu de comunidad.
Esta celebración para ser sincera y plena, debe conducir
tanto a las varias obras de caridad y a la mutua ayuda, como
a la acción misional y a las varias formas de testimonio
cristiano." (Concilio Vaticano II: Decreto sobre el ministerio
de los presbíteros, n°6) "Quienes participamos
de la Eucaristía estamos llamados a descubrir, mediante
este Sacramento, el sentido profundo de nuestra acción
en el mundo en favor del desarrollo y de la paz; y a recibir
de él las energías para empeñarnos en ello
cada vez más generosamente, a ejemplo de Cristo que en
este Sacramento da la vida por sus amigos (cf. Jn 15, 13). Como
la de Cristo y en cuanto unida a ella, nuestra entrega personal
no será inútil sino ciertamente fecunda".
(Encíclica de Juan Pablo II, 1987, "Sollecitudo
Rei Socialis", n° 48)
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