VATICANO - "LAS PIEDRAS, LOS SONIDOS, LOS COLORES DE LA CASA DE DIOS" de Su Exc. Mons. Mauro Piacenza - La función pastoral de los Museos eclesiásticos (III)

martes, 16 enero 2007

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Hoy está difundida la noción de "museo difuso" para indicar la fruición de las obras de arte en el lugar originario para el que fueron pensadas (generalmente iglesias) obviamente donde eso sea posible sin perjudicar la conservación y la seguridad de las obras mismas y en el respeto de las exigencias del culto y de la oración privada. Pero también en el caso de una institución museística central sería bueno recrear entornos análogos a aquellos para los que fueron pensadas las manufacturas. "La sede del museo eclesiástico no puede ser entendida como un entorno indiferenciado; las obras no pueden ser descontextualizáis respecto de su originario destino de empleo como de la sede arquitectónica que los hospeda. Consecuentemente antiguos monasterios, conventos, seminarios, edificios episcopales, entornos curiales, que son utilizados en muchos casos como sedes de museos eclesiásticos, deben poder mantener su identidad y, al mismo tiempo, estar al servicio del nuevo destino, de modo que los usuarios reciban las condiciones adecuadas para apreciar conjuntamente el sentido de la arquitectura y el valor propio de las obras expuestas."
En síntesis, "la Iglesia se ha servido de signos sensibles para expresar y para anunciar la propia fe. También las obras recogidas en los museos están dirigidas a la catequesis ad intra y al anuncio del evangelio ad extra, ya que se ofrecen a la fruición tanto de creyentes como de los alejados, para que ambos, cada uno a su modo, puedan beneficiarse de ello."
Importancia de la formación cultural, técnica y pastoral del personal responsable de los museos eclesiásticos. Dejamos a los especialistas las cuestiones técnicas más exquisitas relativas al museógrafo, a la gestión, a la seguridad, a la conservación. Nosotros nos interesaremos por el contrario, de las personas, afirmando que respecto a la dirección y el personal técnico es importante valerse de profesionales cualificados y competentes, indiferentemente eclesiásticos o laicos. En este último caso, su preparación, además de en el plano técnico, deberá también realizarse en el teológico de base, de modo que adquieran una sensibilidad eclesial. A nivel operativo, se deberá hacer que los diversos agentes en el sector de los bienes culturales, sean corresponsables de los proyectos elaborados por la Iglesia, insistiendo en la calidad pastoral de la gestión museística. Se debe además evidenciar, "la importancia y la utilidad de corresponsabilizar a voluntarios laicos oportunamente preparados en los diversos aspectos organizativos de un museo. Por lo demás, en muchos casos, los museos eclesiásticos, especialmente si son pequeños, están normalmente dirigidos por personas que desarrollan este servicio a título gratuito y voluntario, en espíritu de fe y testimonio."
Pero sobre todo hay que superar cierto desinterés y también cierta desconfianza que puede encontrarse entre los miembros del clero respecto a los bienes culturales, actitud debida, en gran parte, a la falta de preparación específica y sensibilidad en este ámbito, que debería ser, por el contrario, inculcado desde la formación en el seminario: "Los que se encaminan al sacerdocio y a la vida religiosa deben en efecto formarse para poder apreciar el valor de los bienes culturales de la Iglesia con vistas a la promoción cultural y a la evangelización. Habitualmente los sacerdotes con cura de almas tienen también en efecto la responsabilidad de custodiar la fabrica ecclesiae en su realidad arquitectónica y en todas las manufacturas que concretamente la constituyen."
La formación de las sensibilidades concierne a los fieles a todos los niveles: artistas, comunidades parroquiales etc... Es deseable para esto, la colaboración de instituciones académicas eclesiásticas y civiles y asociaciones museísticas eclesiásticas y civiles, que pueden tener un papel apreciable de mediación en la sensibilización de la ciudadanía y en la formación del personal y de los agentes pastorales. Tal difusión de la sensibilidad favorecerá quizás también en nuestros días la vuelta de mecenas y donantes iluminados, encantados de favorecer, gracias a su entusiasmo y a su generosidad, el incremento de los bienes culturales de la Iglesia.
La Iglesia es una realidad viviente porque el Cristo resucitado, de quien es su prolongación en la historia, es su misma vida. Pero ni Cristo ni la Iglesia son trozos de museo. La fe es en si generadora de cultura y los bienes culturales de los que ella es su origen y que no deja de producir en el curso de los siglos, constituyen su demostración más elocuente. Esta fe es un flujo de vida que ha engendrado y continua engendrando multitud de santos, de testigos del amor, de artistas, capaces de suscitar admirables obras de caridad y belleza, para la mayor gloria de Dios, que es la fuente de toda santidad, verdad y belleza. + Mauro Piacenza, Presidente de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia, Presidente de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada. (Agencia Fides 16/1/2007 - Líneas: 56 Palabras: 795)


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