VATICANO - "LAS PIEDRAS, LOS SONIDOS, LOS COLORES DE LA CASA DE DIOS" de Su Exc. a Mons. Mauro Piacenza - La función pastoral de los Museos eclesiásticos (II)

martes, 9 enero 2007

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - La Iglesia, al mirar sus propios bienes culturales, considera más que la discontinuidad, la continuidad que une entre si los objetos cultuales y otras manufacturas de un tiempo a aquellos actualmente en uso. Efectivamente, gracias a ellos y por medio de ellos se transmite, de modo tangible, la gran Traditio eclesial, más allá de las inevitables y necesarias reformas. Además, la Iglesia siempre ha buscado conservar la memoria histórica del propio pasado para evidenciar mejor la continuidad de su presencia, y en ella, su continua renovación en la fidelidad (Ecclesia semper reformanda). La memoria histórica de la Iglesia es la demostración de que en el curso de su peregrinación por la tierra, “se ha servido de diferentes culturas para difundir y explicar el mensaje cristiano en su predicación a todas las gentes".
Aunque, no ignora el valor venal de las cosas, la Iglesia está interesada en la idea del "bien" no principalmente en sentido económico, sino en sentido cultural, en la dirección de la cultura cristiana. Se trata por tanto de algo absolutamente vivo y actual, generalmente parte integrante del patrimonio religioso y cultural de un determinado territorio y de una comunidad particular, que constituye un bien demográfico y antropológico de carácter religioso entre los más importantes, hasta el punto que incluso los que no pertenecen a la comunidad de los creyentes no pueden prescindir de tal connotación.
Conviene recordar en este momento, que un bien cultural es tal no sólo si fue producido en el pasado, sino también en el presente. El actual contexto epocal comporta ciertamente un arduo desafío para la Iglesia y la cultura de la liturgia, pero también debe considerarse que la gran tradición cultural de la fe posee una energía detonante que vale para el presente: ¡lo que en los museos testimonia un pasado glorioso y conmovedor en la liturgia se hace vivo y presente! Conviene pues no descuidar el impulso que se debe imprimir a la producción artística contemporánea, cultivando y animando a los artistas de nuestro tiempo. También hoy la alegría en Dios y el encuentro con su presencia en la celebración litúrgica constituyen una fuente inagotable de inspiración. Para los artistas la humilde atención a lo que es anterior a ellos les hace libres y los eleva. Obras y manufacturas de arte litúrgico encontrarán su lugar al servicio directo del culto en las iglesias, mientras que obras de arte "religioso" podrán encontrar su plena valorización en las colecciones y en los museos eclesiásticos. ¡Los museos no deben dar ni siquiera vagamente la impresión de una especie de afonía de la fe, sino constituir una particular voz de la misma!
El museo eclesiástico como lugar e instrumento de la acción pastoral de la Iglesia. Una reflexión sobre el museo eclesiástico, pues, va más allá de la categoría museística ordinaria, ya que tiene que tener en cuenta, además de las otras finalidades de naturaleza cultural en sentido amplio, la finalidad pastoral, que es el centro de la acción de la Iglesia. Se deriva de ello que la organización de un museo eclesiástico debería entrar, con pleno derecho, en el corazón mismo de los programas e instituciones pastorales de una Diócesis, teniendo en la base un proyecto concreto de animación y formación de la comunidad eclesial.
Cuánto a tal finalidad pastoral, el museo eclesiástico “se presenta como instrumento de evangelización cristiana, de elevación espiritual, de diálogo con los alejados, de formación cultural, de fruición artística, de conocimiento histórico. Es por lo tanto lugar de conocimiento, gozo, catequesis, espiritualidad." Por tanto, es un lugar abierto al público, cuya organización deberá ser tal que favorezca en quien lo visita una experiencia estética e intelectual en un entorno auténticamente religioso. Desde sus orígenes, la Iglesia ha utilizado la expresión artística para la transmisión del mensaje cristiano y la percepción de lo sagrado. Con la Encarnación del Verbo y el carácter sacramental de la Iglesia, también los objetos de arte ilustran, a su modo, la unión entre Dios y el hombre, y son, de algún modo, una anticipación, en la perspectiva de la belleza sensible, del resplandor de la visión beatífica.
La inserción territorial del museo requiere la realización de diversas iniciativas, a nivel diocesano, que puedan permitir su fruición tanto eclesial como pública: días de estudio, que puedan contribuir a proveer una visión de conjunto de la vida y de la acción de la Iglesia; visitas guiadas a museos, santuarios, iglesias y a eventuales lugares arqueológicos e históricos cristianos u otros lugares diocesanos particularmente significativos, que pongan de relieve las riquezas artísticas y culturales de un determinado territorio; muestras temporales de manufacturas y de obras de arte, antiguas y/o contemporáneos, que constituyan una excelente manera de mostrar la continuidad y la originalidad de los bienes culturales eclesiásticos, como instrumentos privilegiados para el cumplimiento de la misión de la Iglesia. + Mauro Piacenza, Presidente de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia, Presidente de la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada. (Agencia Fides 9/1/2007 - Líneas: 58 palabras: 836)


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