VATICANO - HACIA EL SACERDOCIO de Mons. Máximo Camisasca - "El sacerdote: luz en la noche"

viernes, 17 noviembre 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El abandono confiado en Dios nos permite salir al encuentro de todas las pobrezas del mundo con una mirada llena de regocijo. No sólo para buscar la luz, sino para llevarla, "para alumbrar a los que están en tinieblas y en sombra de muerte" (Lc 1, 79). A esto estamos llamados en estos tiempos de gran soledad: Jesús nos manda al hombre concreto, al hombre real, al hombre lleno de heridas y problemas. Me viene a la mente el libro de Gilbert Cesbron: Los santos van al infierno.
¿Dónde podremos encontrar la fuerza y el calor necesario? "Gloria filiae regis ab intus" dice el Salmo, "toda la gloria de la hija del rey está en lo que ella tiene dentro de si" (Sal 44, 14 volg.). Si estamos vacíos no podremos llenar a nadie, si estamos apagados no llevaremos ninguna luz, si estamos áridos no fecundaremos ningún terreno. Todo lo que podemos hacer a nuestro alrededor depende de lo que llevemos dentro. Como ha escrito Antonio Rosmini: "Sólo de los grandes hombres se pueden formar otros grandes hombres."
A veces nos asalta el miedo de que el mal esté venciendo en nosotros, y puede ocurrir que aumentamos este juicio hasta extenderlo a todo el mundo. ¡No debemos ceder a esta tentación! Antes bien, en los momentos de mayor desaliento, debemos retomar el camino hacia el Señor de la historia, redescubrir nuestra pertenencia a Él. La dependencia está en el origen de la positividad de la vida, primer viso positivo de la existencia del ser en nosotros. He aquí pues nuestra tarea: reconocer nuestra dependencia de Aquel que nos salva, que ha sido crucificado para liberarnos de la esclavitud (cfr. Rm 6, 6). Sólo es posible la entrega de nosotros mismos a nuestros hermanos hombres, como respuesta al don total de Dios que nos ha amado primero (cfr. 1 Jn 4, 10).
En el segundo libro de los Diálogos de Gregorio Magno, dedicado a la vida de San Benito, se comprende bien todo lo dicho hasta ahora sobre la dependencia a Dios que salva. Gregorio Magno cuenta que San Benito, en los últimos años de su vida, se retiró a la parte más alta de una Torre para descansar y allí tuvo una visión. "De repente - cuenta Gregorio Magno - el mundo entero, como recogido en un rayo de sol, fue puesto ante sus ojos". El autor también imagina la posible objeción de un hipotético interlocutor: "¿Cómo es posible que el mundo se hiciera tan pequeño hasta el punto de poder ser contemplado en su totalidad?”. Y rápidamente responde: No es el mundo que se hizo más pequeño, sino que aumentó el ánimo de Benito”.
Este fascinador pasaje de los Diálogos ha sido comentada por el Cardenal Joseph Ratzinger en su libro "Fe, verdad, tolerancia". Ratzinger ha escrito: "San Benito puede ver mejor porque divisa todo desde lo alto y sabe encontrar esta posición porque interiormente se ha hecho grande. El hombre debe aprender a subir, debe pensar en grande, y entonces la luz de Dios podrá alcanzarlo, la podrá conocer y en virtud de ella adquirir una mirada de conjunto. Los grandes hombres, que, en la paciente subida y soportando las purificaciones de la vida, han sido capaces de ver y por tanto, se han convertido en piedras básicas, pueden decirnos hoy algo. Nos enseñan como aún en la noche se pueda encontrar la luz y podemos hacer frente a las amenazas de los abismos de la existencia humana, como se puede salir al encuentro del futuro con Esperanza". (Agencia Fides 17/11/2006 - Líneas: 40 palabras: 611)


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