VATICANO - HACIA EL SACERDOCIO a cargo de Mons. Máximo Camisasca - "Ante Cristo, vicarios de Cristo"

viernes, 27 octubre 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Existe un aspecto principal en la vida de aquellos a los que Cristo ha elegido para ser sacerdotes, aspecto que pasa inadvertido para la mayor parte de las personas. La vocación sacerdotal llena la vida de responsabilidad, en el sentido etimológico del término: el sacerdote está llamado a responder a las expectativas de los hombres. Cristo elige a algunos hombres como terminales y medios de las peticiones del hombre. Petición de ayuda, de comprensión, de piedad, de oración, de sentido. Aprender a descubrir esta misión para la que nos ha elegido Dios ayuda a identificar la principal urgencia de nuestra vida, como hombres y como sacerdotes: estar en la presencia de Jesús.
Ayudar a la gente, salir al encuentro de las necesidades de las personas, de sus peticiones, o sencillamente escuchar sus palabras, tiene sentido, será realmente sacerdotal, es auténticamente cristiano, si no se reduce a un "hacer para los otros”. Nuestra labor - que no está nunca en contradicción con el silencio y la oración, antes bien, estas constituyen el humus de donde extrae la sustancia -, nuestra ayuda y nuestra disponibilidad, deben traducirse en "hacer a los otros”. Pero ¿dónde se encuentra el punto fontal de esta diferencia, que puede parecer tan sólo lingüística, pero que en realidad sintetiza una revolución en nuestro actuar como hombres y como sacerdotes? Precisamente: en el estar ante la presencia de Jesús. Si la posición de nuestra vida ante Jesús es un "por Él” y no un "a Él”, nuestra actuación se sitúa a una distancia de Jesús, a una distancia del otro. Hacer por el otro expresa una unión permeada de nostalgia, de lejanía, por la simple razón de que sólo Jesús ha "hecho por los otros”; sólo Jesús ha nacido, ha vivido, ha muerto y ha resucitado por nosotros. Para que nuestra existencia y nuestro actuar puedan ser realmente una ayuda hacia aquellos que nos han sido confiados, es necesario llegar a "hacer a Jesús", es decir comprender la caridad, que es abrazo de una realidad presente. Este nos dice las palabras del Salvador, que él mismo llama definitivas: “A mi me lo habéis hecho" (cfr Mt 25, 40).
El sacerdote está llamado a estar ante Jesús, porque está llamado a ser vicario de Jesús entre la gente. El misterio de la encarnación permite a los hombres estar con Cristo, pero para que el estar con Cristo y ante Cristo adquiera verdadera profundidad, debe empapar todo el drama de nuestra vida y de las vidas de los que nos han sido confiados. En la medida en que nos convertimos en vicarios de Cristo, es decir nos identificamos con El, adquirimos la capacidad de entrar en los problemas de la vida, se nos da la capacidad de relacionarnos con la gente y de situarnos ante nuestra propia humanidad. Es el único camino, porque sólo El es el Salvador. Solamente en la imitación de Jesús, en la identificación con Él, en el estar con verdad ante Él, reside la posibilidad de ser auténticos con la gente.
Entonces la pregunta central sería: ¿cómo podemos identificarnos con Cristo? Precisamente ésta es la identificación con Jesús: no podemos decidir amarlo, sino solamente pedir ser amados, reconocer que Él nos ama. (Agencia Fides 27/10/2006; Líneas: 38 Palabras: 558)


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