VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - “El sacerdote ministro de reconciliación y no de legalidad”

jueves, 14 septiembre 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - “Nosotros hacemos de embajadores para Cristo - dice el Apóstol Pablo - como si Dios exhortase por medio nuestro… …. El contexto es el del conocimiento de Cristo no según la carne sino según la novedad del Espíritu.
“¡Qué poca fe hay en tantas teorías… - dice el Card. Joseph Ratzinger en el Vía Crucis del 2005 - incluso entre aquellos, que en el sacerdocio, deberían pertenecer completamente a El! ¡Cuánta soberbia, cuanta autosuficiencia!”. Siempre está a mano la tentación de conocer, esto es, de someter a Cristo a los criterios humanos, a las modas políticas del momento; en tal caso, como sucede hoy, la identidad sacerdotal queda comprometida. Algunos sacerdotes “televisivos” se afanan mucho por participar con los políticos en las marchas de la legalidad en vez de preocuparse por aquello para lo que han sido hechos sacerdotes: anunciar a Jesucristo, dar la Eucaristía y la reconciliación. Esto significa tener claro que este ministerio no tolera comportamientos divididos, esto es a favor o en contra de algunos, sino tan solo la exigencia y la misión de la compasión, como Jesús, por la conversión de todos. ¿No debería el sacerdote católico tener el corazón de pastor que busca a las ovejas perdidas en vez de suscitar odio hacia estas, si hubieran caído en organizaciones malvadas , incluso la mafia, terminando por convertirse en un mercenario a quien no le interesan las ovejas, por tanto en un hombre que hace diferencias? ¿No son los pecadores los que necesitan el ministerio de la reconciliación que comienza con el reclamo a la conversión para realizar la recuperación, su arrepentimiento, como exhortó con fuerza Juan Pablo II en Agrigento? ¿No se dice que hay que condenar el error pero no a los que yerran? ¿No deberían los sacerdotes estar en primera línea no sólo en la defensa del V y VII mandamiento sino también del VI y IX sobre temas de la pureza, de la familia y de la vida?
Si los sacerdotes se ocupan ante todo de cuestiones socio-políticas- como esos políticos que se inmiscuyen en cuestiones religiosas - son los cristianos sencillos lo que se ven escandalizados o perdidos. Incluso se preguntan como es que el Obispo no tiene el valor de llamar a tales sacerdotes “superstar” a su ministerio. El problema es que son incluso algunos Obispos lo que ocupan la escena: es el caso de Mons. Milingo; después del escándalo, con mucha misericordia ha tenido el todo el tiempo para pensar y cambiar. Ciertamente para evitar un cisma se han cerrado los ojos a sus comportamientos extravagantes Supongamos que quisiera hacer propaganda del matrimonio de los sacerdotes, pase, pero que se haya unido a la secta del “reverendo” Moon, significa probamente la perdida del equilibrio. Ahora la disciplina eclesiástica deberá tomar medidas inequívocas, de otro modo se desmolarizaría el clero, porque muchos pensarían que un Obispo puede hacer ciertas cosas y un sacerdote no.
El problema de la disciplina de los Obispos y del clero en la doctrina, en la liturgia, en la moral es hoy muy urgente. Ya lo advirtió el Papa Juan XXIII y lo sufrió dramáticamente Pablo VI. Juan Pablo I tuvo apenas el tiempo de hacer ver que habría tratado el asunto. Ahora no se puede esperar por el bien de la unidad de la Iglesia; de otro modo cuando no se tiene el valor de hacer desde el principio lo que se debe hacer, se paga el precio del escándalo del pueblo cristiano. Quizá no hay otro camino misericordioso en estos casos que la reducción ex officio al estado laical visto que de hecho han dejado ya de ejercer el ministerio de la reconciliación.
El ministerio de la reconciliación confiado a los sacerdotes y Obispos significa el deber de hacer conocer y amar con pasión a Jesucristo y la belleza del cristianismo y dar razón de la fe de la Iglesia. Por ello, es necesario pasar del conformismo mundano, del seguir la mentalidad del siglo presente, a la secuela de Cristo. "Pero para que este paso sea perfecto - dice San Buenaventura - es necesario que, suspendida la actividad intelectual, todo afecto del corazón sea transformado integralmente y trasladado a Dios". Aquel a quien es confiado el ministerio de la reconciliación debe dejarse reconciliar con el Señor y con su Iglesia y poder ejercer este servicio no de forma llamativa sino en un modo humilde y profundamente eficaz que constituye el carné de identidad del sacerdocio católico. (Agencia Fides 14/9/2006; Líneas: 51 Palabras: 768)


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