VATICANO - HACIA EL SACERDOCIO a cargo de Mons. Massimo Camisasca - “Educación al silencio”

viernes, 14 julio 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - No hay posibilidad de estar ante una Presencia, ante la persona de Cristo, presente ahora, si no se está educado al silencio. El eremita Laurentius decía: “Comprendí entonces que mi vida trascurriría en la memoria de lo que me había ocurrido. Y tu recuerdo me llena de silencio”. Nuestra conciencia de Cristo es un donum Dei altissimi, por eso debe ser implorada, tenaz y fuertemente.
Por eso un tiempo de la jornada sistemáticamente dedicado al silencio es fundamental en la vida de un sacerdote, que de lo contrario termina dispersa entre mil cosas y preocupaciones. La vida de un sacerdote, incluso del más activo misionero, debe tener en el fondo una osamenta monástica, sino será algo frágil, sin capacidad de construcción auténtica. Es en el silencio que se aprende a estar con la gente en manera diversa, a hablar con la gente en manera diversa, a reír con la gente en modo diverso. Se hace uno más feliz y más profundo al mismo tiempo.
El silencio no puede ser reducido a tiempo de “ponerse al día”. Aunque sea un tiempo de lectura - de vida de santos o de historia de la Iglesia - ese tiempo tiene la estructura de la oración. Por eso enseño a mis seminaristas a comenzar la hora de silencio que cada día hacemos en nuestra casa de formación con diez minutos de oración de rodillas frente a Cristo y a concluirla con un misterio del rosario: oración que es petición, que es ofrecimiento de si, oración que es invocación de la bendición de Dios sobre la Iglesia, sobre las personas que nos son confiadas. Sólo por una razón apremiante de caridad debería dispensarse de este tiempo de la jornada donado directamente a Cristo. (Agencia Fides 14/7/2006 Líneas: 22 Palabras: 311)


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