VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - “Ecumenismo, Unidad y Primado petrino”

viernes, 16 junio 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Ecumenismo, Unidad y Primado petrino son realidades intrínsecamente unidas, que viven la una de la otra y en la otra y que jamás pueden ser puestas artificialmente en dialéctica contraposición. Cada vez que se presenta el ecumenismo en tensión con el Primado o, peor aún, la Unidad obstaculizada por el Primado, se realiza un grave abuso, ilegítimo intelectualmente e infundado históricamente. Pedro es garantía de plena unidad y de permanencia en la verdad de toda la Iglesia; su palabra no puede confundirse entre las demás, sino que llama a todos, con autoridad, a la conversión, “sequela Christi”, única verdadera posibilidad, realista y no “escatologizante”, del camino ecuménico hacia la manifestación de la plena unidad católica que Cristo nos ha donado.
Las fuerzas centrífugas son fisiológicas en la medida en que su energía es proporcionada al centro, del que obtienen su propia posibilidad de existencia. Cuando en cambio, tales fuerzas degeneran, además de lacerar el cuerpo, determinan su propia dispersión y en definitiva se auto- destruyen. Lo recuerden los falsos profetas de la nada que, ilusionándose de disminuir la fuerza del Primado, hablan de Ecumenismo y Unidad en alternativa a Pedro y se auto-presentan como “intérpretes autorizados del Evangelio”, en un delirio de presencialismo que no tiene nada que ver con el ejercicio auténtico del servicio petrino.
En efecto, una extraña fuerza centrífuga permanece en diversos componentes del contemporáneo pensamiento ecuménico: ésta ve a algunos miembros del pueblo de Dios, disponibles a cualquier forma de apertura y diálogo con los no católicos, no cristianos y no creyentes, pero se descubre totalmente indisponible a aquella “natural docilidad” al Magisterio eclesial, que debería caracterizar a cada cristiano. Es el ecumenismo “sin raíces” que confunde una incierta cordialidad antropocéntrica, con el serio y científicamente fundado “diálogo de la verdad”, tantas veces invocado por el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Es la unidad con el otro, que no parte de la unidad consigo mismo, con la propia morada y que, en definitiva, huye la relación adulta y responsable con “los de casa”, para encontrar un refugio “ad extra” en la malentendida relación con los demás, inevitablemente destinado a desilusionar y herir, porque no empieza y no está fundado en la unidad “ad intra”.
Tal fuerza centrífuga se nutre más de actitudes que de verdaderas y propias posiciones teológicas, más de declaraciones grises y difusas, de un vago sabor conciliador, que de llamadas a la verdad, más de barata presencia mediática que de humilde, fiel y escondido servicio a la Iglesia y a los hermanos. Existen falsos profetas de la nada que desde los máximos organismos de información (¡incluso católicos!) hieren la Familia cristiana e infunden su dosis semanal de pensamiento débil, escéptico y relativista.
Los profetas del “radicalismo evangélico escatológico”, que oponen siempre el Reino de Dios a la Iglesia (sobre todo a la Católica), viven un momento de particular vigor centrífugo cada vez que la realidad en juego es el Primado de Pedro. Lo que es expresión de una precisa y explícita voluntad de nuestro Señor Jesucristo, se convierte en objeto de infinitas distinciones que, finalmente, tienen la única finalidad y el único efecto, de confundir a los débiles y deslucidos, en aquella incertidumbre propia del relativismo filosófico y teológico, la firma y cordial fidelidad a la voluntad de Señor que ha elegido a Pedro y a sus sucesores como guía segura del rebaño y como “perpetuo y visible fundamento de la unidad tanto de los obispos como de la multitud de los fieles” (cf. Lumen gentium 23; CCC 882). Así, en nombre de la unidad “ad extra” se está dispuesto a sacrificar la unidad “ad intra”, dando prueba de una rara miopía tanto teológica como histórica.
Si las formas de ejercicio del Primado petrino pueden ser objeto de estudio y renovación, incluso profundo (cf. “Ut unum sint”), para purificarlas de lo que no es esencial y quitar lo que inútilmente podría obstaculizar la emersión plena de la unidad católica de la Iglesia, sigue firme la realidad misma del Primado del Obispo de Roma y la dependencia a éste de la autoridad del colegio de los obispos, el cual queda privado de toda potestas si “no se le concibe en unión al Romano Pontífice” (Cf. Lumen gentium 22; CCC 883; CJC 336) (Agencia Fides 16/6/2006 Líneas: 57 Palabras: 749)


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