Julio del 2006: "Para que en la tierras de misión, los varios grupos étnicos y religiosos vivan en paz y construyan juntos una sociedad inspirada en los valores humanos y espirituales" Comentario a la intención Misionera indicada por el Santo Padre a cargo de Su Eminencia el Card. Placidus T. Toppo, Arzobispo de Ranchi (India)

lunes, 26 junio 2006

Ranchi (Agencia Fides) - La diversidad es el fenómeno fundamental que recorre toda la creación. Esto caracteriza la sociedad humana de manera incomparable. El continente asiático vive esta realidad de manera muy significativa. El subcontinente indiano posee características muy peculiares al respeto.
Gracias a los tiempos modernos de la globalización, la mayor parte de las ciudades grandes y pequeñas del mundo han asumido una naturaleza cosmopolita. Comunidades de diversos orígenes étnicos, convicciones religiosas, afiliaciones ideológicas, actividades profesionales, tradiciones sociales y otras diferencias coexisten y se agregan. Los territorios de misión son ejemplos vivientes de tales culturas compuestas.
Las diversas comunidades de la sociedad no pueden ya permanecer separadas unas de las otras como islas. No pueden permitirse el seguir asilándose. La capacidad de construir relaciones sociales con los otros es el verdadero criterio para juzgar la madurez de sus individuales culturas. Un esfuerzo de colaboración para el progreso de la civilización humana es la prueba de la importancia de los valores individuales a los que dan la prioridad. El empeño por afrontar preocupaciones de nivel superior define el valor de su instrucción y su búsqueda espiritual.
"Toda la raza humana tiene un origen común y una suerte común. El ser humano es imagen y semejanza de Dios. Todos los seres humanos forman juntos una única comunidad", subraya la Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, "Nostra Aetate". Por consiguiente, vivir en paz y en armonía los unos con los otros, es signo de la propia paz interior. Es la prueba de la propia comunión con Dios. Cualquier cosa que se haga a la hermana o hermano propio es algo que realmente se ofrece a Dios (cf. Mt 25, 40). Ser espirituales significa ser compasivos los unos con los otros.
Construir una sociedad mejor es la solicitud común de todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Una sociedad que se inspirada en los valores humanos y espirituales, equivale a decir una sociedad mejor, en el sentido propio del término. Las comunidades religiosas deben suscitar una atención consolidada a los valores universales que son intrínsecos en todos ellos. Esto es lo que entendió el gran Papa Juan Pablo II cuando se dirigió a los líderes de las religiones en Nuevo Delhi en 1999: "Los líderes religiosos, en particular, tienen el deber de hacer todo lo posible para asegurar que la religión sea como Dios la entiende: un manantial de bondad, de armonía y de paz".
Los territorios de misión deben difundir la actitud humana de la complementariedad recíproca entre las diversas comunidades étnicas, religiosas y sociales. Los misioneros cristianos deben ser vencidos por el espíritu excepcional de Jesús: "amaos los unos a los otros como yo os he amado" y deben iniciar una cultura del amor universal entre los que sirven. Las tradiciones de fe y las otras ideologías y movimientos de sanos principios del área, deben ser animadas por un compromiso común de vivir en relación los unos con los otros y construir juntos una sociedad para un futuro mejor. Este noble esfuerzo podría constituir ciertamente una celebración anticipada de una sociedad inspirada en los valores humanos y espirituales por excelencia. Card. Placidus T. Toppo (Agencia Fides 26/6/2006; Líneas: 43 Palabras: 585)


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