INTENCIÓN MISIONERA - Junio 2006: “Para que los Pastores y los fieles cristianos consideren el diálogo interreligioso y la obra de enculturación del evangelio como un servicio diario para contribuir a la causa de la evangelización de los Pueblos” Comentario a la Intención Misionera indicada por el Santo Padre a cargo del P. Ignatius Ismartono, SJ, Secretario del Servicio de Crisis y Reconciliación de la Conferencia Episcopal de Indonesia

martes, 23 mayo 2006

Yakarta (Agencia Fides) - La misión principal de Jesús es amar. El diálogo interreligioso y la inculturación son una cuestión de amor. Vivimos con personas que tienen una formación religiosa y una tradición diferente y somos llamados a amarles, quienes quiera que sean. Nuestra relación con las personas que nos rodean está basado en el amor: amar a Dios (Mt. 22, 37), y amar al prójimo como a nosotros mismos (Mt. 19, 19; 22, 39) y amar a nuestros enemigos (Mt. 5, 44).
Dialogar es una de las tantas formas de amor. En el diálogo (dia - logos = a través de la palabra) encontramos los compañeros, los vemos con nuestros propios ojos; hablamos con ellos o con ella con nuestra boca, de modo que juntos comprendemos cómo expresar nuestro amor. En el diálogo, encontramos los otros con respeto; los respetamos porque Dios les ama también a ellos; encontramos a Dios en su rostro humano.
El ser humano vive en una cultura específica, por lo tanto amar al ser humano significa respetar su cultura, porque cultura significa todo esfuerzo de la comunidad por individuar el mejor modo de ser cada vez más humanos.
No debemos tener miedo al diálogo, dado que todos los pueblos tienen hambre y sed de Dios. A causa de la globalización, la mayor parte de nosotros no vive ya en una sociedad homogénea, nuestros vecinos no tienen nuestra misma religión o cultura. Estamos convencidos sin embargo de que nuestra religión o cultura son diferentes son diferentes, fundamentalmente y naturalmente no están contra Dios, porque Él ha dicho: “Quien no está en contra nuestra, está con nosotros” (Mc. 9, 40). Nosotros consideramos que los musulmanes, hindúes, budistas, confucionistas no están contra Él.
El significado original del termino “evangelio” es “buena noticia”. Decir que tenemos que evangelizar a nuestros vecinos significa que debemos llevarles la buena noticia. No es un trabajo que se hace en un momento. Exige un proceso, a veces - frecuentemente - un largo proceso. Debemos modelar nuestra vida para que se convierta en una buena noticia. Gracias a nuestra experiencia conocemos personas que quieren seguir a Jesús, no en primer lugar porque hayan escuchado un sermón apasionado, sino porque se han encontrado con uno de nosotros, discípulos de aquel Cristo que no predica solamente con las palabras sino con las acciones, con las buenas obras de nuestra vida cotidiana.
Ahora la obra de evangelización se hace más difícil. Las religiones cada vez con más frecuencia vienen descritas como fuentes de violencia. Para los discípulos de Cristo es un desafío presentar a Jesucristo como el constructor de la paz. Llevar la paz no es hacer algo desde el exterior, sino desde el interior. En cada corazón humano hay una semilla de paz, que debe ser nutrida a través de la comunicación a los demás. Prestemos nuestro oído al deseo musulmán de paz que viene expresado con la palabra salam, o el shanty de los hindúes, a la invitación de los budistas a rezar, porque la oración es la fuerza de la paz.
Las comunidades católicas viven y afrontan situaciones diferentes. En cada situación, la llamada a convertirnos en buena noticia es indispensable. Tenemos que testimoniar que llevar la buena nueva constituye nuestra preocupación principal. ¿Dónde estamos? ¿Nos encontramos en situaciones llenas de conflictos violentos? No nos rindamos. Debemos dar el primer paso para salir al encuentro de las víctimas para ayudarlas.
¿Nos encontramos en una situación de tolerancia? En tal caso debemos desarrollar las comunicaciones con las personas que tienen otra formación religiosa y cultural de manera que podamos crear un espacio común para compartir los valores nobles que se encuentran en nuestras respectivas religiones. Teniendo como base estos altos valores comunes y universales, podemos crear una plataforma común para colaborar con la bendición de nuestro Señor; podemos unirnos a su obra para crear un mundo nuevo, un mundo de paz que sea más habitable para todas las criaturas. P Ignatius Ismartono, SJ (Agencia Fides 23/5/2006. Líneas: 54 Palabras: 730)


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