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Especial

2005-04-11

KENIA - “¡La sociedad africana está profundamente enraizada en la familia! Se trata de un tesoro que debe de ser conservado, y nunca menospreciado, puesto que todo debilitamiento de la familia es fuente de complejos problemas”

Nairobi (Agencia Fides) - Kenia fue la tercera y última etapa del viaje apostólico de Juan Pablo II con ocasión de la fase conmemorativa del Sínodo africano. El lunes 18 de septiembre de 1995, el Santo Padre llegó al aeropuerto de Nairobi, donde fue acogido por el Presidente de Kenia, Arap Moi, por las más altas autoridades del país y por todos los Obispos de Kenia, a cuyo frente se encontraba el Presidente de la AMECEA (Asociación de las Conferencias Episcopales de África Oriental). En su discurso de saludo el Papa dijo: “Vengo como amigo de Kenia, como quien está cerca de las aspiraciones, de las pruebas y de los éxitos de todos los kenianos, sin distinción. Cumpliendo su propia misión espiritual, la Iglesia promueve la dignidad, la libertad y el progreso del ser humano...La Iglesia de Kenia, bajo la guía de los Obispos, tiene una sólida historia de servicio al bien común...”. Subrayando la importancia de Nairobi como centro comercial, cultural y de comunicación para toda África, Juan Pablo II expresó su profunda preocupación por el destino de los pueblos del continente: “África se encuentra en una encrucijada. Sus pueblos y sus gobernantes están llamados a recurrir a toda su sabiduría para cumplir el difícil y urgente deber de promover un desarrollo que no sea sólo económico y material, sino que comporte la edificación de una civilización basada en el respeto de todos los miembros de la sociedad, de sus derechos y de sus libertades, así como de la naturaleza espiritual de todas las personas...”. El Papa, para finalizar, aseguró el apoyo de la Iglesia: “La Iglesia es un aliado de todos los que obran por un África mejor. Ésta continuará mostrando el camino de la armonía y de la paz...” El martes 20 de septiembre de 1995, el Papa celebró la Misa con los participantes en la Asamblea sinodal y con los fieles de Kenia en el Uhuru Park. Asociando al sacrificio eucarístico el pueblo de Kenia y de todos los pueblos de África, Juan Pablo II tuvo un particular recuerdo por Burundi y por Rwanda, víctimas de los trágicos episodios derivados de los conflictos étnicos. En cada una de las etapas de su viaje a África, Juan Pablo II destacó de manera particular uno de los temas más importantes del Sínodo. En Nairobi se concentró en los agentes de la evangelización y especialmente en la familia; el tema de la Misa fue, de hecho, “Evangelización y promoción de la familia”. En la homilía el Papa recordó que África es el continente de la familia, y la familia el lugar principal de la evangelización, así pues prosiguió diciendo: “¡La familia es fundamental en África! La sociedad africana está profundamente enraizada en la familia! Se trata de un tesoro que debe de ser conservado, y nunca menospreciado, puesto que todo debilitamiento de la familia es fuente de complejos problemas. Si prevalece una concepción utilitarista y materialista de la familia, sus miembros tienden a tener expectativas y exigencias individualistas que socavan su unidad y su capacidad de crear armonía y de educar en la solidariedad”. El Santo Padre presentó, como modelo para todas las familias, la Santa Familia de Nazaret y, recordando que los trabajos del Sínodo de los Obispos se habían desarrollado en el Año de la Familia, evidenció que “había sido una ocasión providencial para los Padres Sinodales a la hora de subrayar la importancia de la familia en la evangelización y para ver a la Iglesia misma como la familia de Dios en África y en el mundo”. Antes de impartir la bendición final de la Misa, y como también había ya hecho en Yaundé y en Johannesburgo, Juan Pablo II entregó una copia de la Exhortación Apostólica “Ecclesia in Africa” a los representantes de los Obispos, de los sacerdotes, de los religiosos y de los laicos, transmitiendo así del fruto del Sínodo africano a todos los miembros de la Iglesia del continente. Esa misma tarde, el Santo Padre presidió también la sesión conmemorativa del Sínodo en el Resurrection Garden de Nairobi. Estuvieron presentes 50 Padres Sinodales, 11 oyentes y 3 expertos, junto a los Obispos de la AMECEA (Eritrea, Etiopía, Kenia, Malawi, Sudán, Uganda, Tanzania y Zambia), el cuerpo diplomático y numerosos fieles.
En su discurso, el Papa afirmó que el Sínodo africano representa la respuesta de la Iglesia de África a la llamada del Espíritu Santo, que nos invita a proclamar el mensaje del Evangelio, de la plena liberación en Jesucristo. “Lo que el Espíritu quiere es que la Iglesia de África se convierta en el fruto maduro del generoso empeño de todos los miembros de la Iglesia: Obispos, clero, religiosos y laicos para poner en marcha el programa pastoral puesto a punto por los Padres Sinodales, y ahora expuesto en la Exhortación Apostólica Postsinodal”. El Santo padre animó a la Iglesia africana a que sacara conclusiones del Sínodo: “El objetivo es la orientación de vuestra vida eclesial en vista del Gran Jubileo del año 2000”, y evidenció que sólo si la Iglesia está evangelizada y profundamente renovada puede cumplir fielmente su misión. “Es con inmensa alegría y esperanza que confío la Exhortación Apostólica “Ecclesia in Africa” a todos los sectores del Pueblo de Dios en África, a los agentes de la evangelización”.
Juan Pablo II tuvo entonces palabras de estímulo para todas las categorías del Pueblo de Dios, empezando por los laicos: “La madurez de la comunidad católica de África consistirá fundamentalmente en capacitar a los laicos para que ejerciten responsablemente su plena vocación y dignidad cristianas. Los laicos, hombres y mujeres, y sobre todo jóvenes, a menudo se quedan desilusionados por el espacio que se les concede en la Iglesia y por el hecho de que nos se les ayude a desarrollar plenamente sus específicos carismas. Los Padres Sinodales han reconocido la necesidad de un laicado dinámico: padres que sean personas profundamente creyentes, educadores conscientes de sus propias responsabilidades, líderes políticos que tengan un sentido profundo de la moralidad”. Dirigiéndose entonces a los jóvenes africanos, que constituyen la parte mayor de la población y la esperanza para el futuro del continente, el Santo Padre dijo: “Los jóvenes sufren a menudo de crisis de identidad: entre modelos de vida contrastantes que les dejan confundidos y sin ideales. La Iglesia tiene que encontrar medios oportunos de estarles cerca, prestando particular atención a lo que carecen de instrucción, a los niños de la calle, a los hijos de los emigrantes y de los refugiados. El Sínodo exhorta a ser apóstoles de su generación, transmitiendo a los demás la luz de Cristo que ilumina su interior”. A los catequistas, el Papa les dijo: “Los frutos del Sínodo están especialmente confiados a los catequistas, que han estado siempre y lo están también hoy determinados a la fundación y a la expansión de la Iglesia en África. En nombre de toda la Iglesia doy las gracias a todos los catequistas por la obra indispensable que cumplen al servicio del Evangelio. A menudo obráis de manera silenciosa, a escondidas. El Señor, que ve en el secreto de vuestros corazones, no dejará de recompensaros”. Haciendo entrega del documento a las personas consagradas, religiosos y religiosas, tanto africanos como misioneros de otros o países, Juan Pablo II les dijo: “Vosotros sois los signos vivos del amor absoluto a Dios y de la absoluta dedicación al crecimiento de su Reino. La exhortación Apostólica os anima a buscar posibilidades de crecimiento y de expansión, promoviendo nuevas vocaciones, y a continuar llevando la riqueza de vuestros carismas a las Iglesias y a los pueblos que servís, como habéis hecho desde el inicio de la ‘plantario Ecclesiae’ en este continente”. A los sacerdotes y diáconos, el Papa se dirigió con estas palabras: “Dependerá sobre todo de vosotros y de vuestros Obispos el que vuestras parroquias, comunidades y organizaciones sufran esa renovación que el Espíritu está ofreciendo y de la que los pueblos de África tienen tanta necesidad, con el fin de entrar en el Tercer Milenio con el firme empeño de poner en práctica con gran fidelidad las decisiones y las orientaciones que, con la autoridad apostólica del Sucesor de Pedro, presento en esta Exhortación...Con amor ardiente en el Señor por cada uno de vosotros, os animo a ser servidores y líderes a través de la fidelidad a la Eucaristía y a la palabra de Dios. Estáis en primera línea en la gran empresa de la nueva evangelización, que debe encaminarse hacia las verdades y hacia los valores del Evangelio en la lengua, en la historia y en la vida social, política y económica de vuestros pueblos”.
Para concluir su discurso, el Pontífice afirmó: “El Sínodo se ha concluido. El Sínodo acaba de empezar. El camino por recorrer no será fácil, pero todos los miembros de la familia de Dios en África -Obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosas y religiosos, laicos, hombres y mujeres- todos, deben confiar en la promesa del Señor: “ Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20)”.(S.L.) (Agencia Fides 11/04/2005)

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