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Especial

2004-12-07

EUROPA/ITALIA - 150° aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción - "Un río incesante de gracia y santidad": desde el Santuario de la Beata Virgen del Santo Rosario de Pompeya (Italia)

Pompeya (Agencia Fides) - "El 5 de noviembre del 2003, el Santo Padre Juan Pablo II, nombrándome Obispo de Pompeya y Delegado Pontificio para el Santuario de la Beata Virgen del Santo Rosario, construido en 1876 por el beato Bartolo Longo, me pidió, enseguida, en la Bula de nombramiento: << Te exhortamos, Venerable Hermano, para que, confiando en la divina gracia y con la ayuda de Maria, Santa Madre de Dios, promuevas con ardor la difusión de la devoción mariana y especialmente la sencilla y fecunda oración del Rosario, a Nos tan querida, que "marca el ritmo propio de la vida humana" (RVM) 25, >>.
Y quiso, el mismo Sumo Pontífice, concluir el Año del Rosario, convocado el 16 de octubre del 2002 con la Carta Apostólico Rosarium Virginis Mariae, justo aquí en Pompeya, el 7 de octubre del 2003. ¿Por qué este relación tan estrecha entre el Santuario de Pompeya, dedicado a la Virgen del Rosario, el Santo Padre Juan Pablo II y el culto mariano? Porque fue la Virgen quien construyó Pompeya. Sin la Santísima Virgen, la Pompeya moderna, ahora ciudad de 28.000 habitantes, no existiría, sería como la ciudad muerta y sepultada bajo las cenizas del Vesubio. La nueva Pompeya nace gracias a la conversión del laico, hoy Beato, Bartolo Longo, ocurrido alrededor de 1872, y con la llegada a Pompeya del milagroso Icono, el 13 de noviembre de 1875. Desde entonces surgió primero un arroyo, después un torrente por último un río incesante de gracia y santidad que vio surgir, alrededor del santuario, como por hechizo, un auténtico milagro de obras de caridad: orfanatos, institutos para los hijos e hijas de los presos, casas para ancianos, tipografías, empresas agrarias, editoriales, escuelas de toda clase y grado. Dónde sólo había un valle, un poco triste y abandonado, hoy existe, alrededor del santuario mariano de entre los más célebres al mundo, una ciudad industrial dedicada a Maria.
Bartolo Longo fue el cantor de Maria: un católico, hijo del pueblo santo de Dios, dotado de una cultura teológica excelente y de una doctrina mariana extraordinaria. De él conservamos, además de la célebre Súplica (el 14 de octubre de 1883) que se encuentra entre las oraciones a la Virgen más conocidas del mundo, muchas Novenas a loa Inmaculada que constituyen, todavía hoy, un resplandor de cultura teológica, de amor, de piedad mariana casi insuperable.
A finales del ochocientos, Longo promovió una suscripción que alcanzaba a unos 4 millones de católicos en todos los continentes, y con aquel llamamiento tuvo abundantes ofertas que sirvieron para construir, en 1901, la solemne fachada del santuario, que dedicó a la Paz universal de Cristo. La paz que nace de la gracia divina y del amor fraterno y quiso que hubiera, para protección de este proyecto inspirado, una espléndida estatua de la Reina de la Paz. Pompeya es el lugar donde se venera a la predilecta de la Sma. Trinidad, a la preservada del pecado original y, por lo tanto, Inmaculada, a la madre de Jesús y de la Iglesia, la Mujer nueva, modelo de santidad y esperanza del mundo, la Reina del amor y la paz.
Dadas estas premisas, es bien evidente que en el Santuario de Pompeya la Novena a la Inmaculada adquiere un papel extraordinario y que de toda la Campaña acudan millares de fieles para honrar a la Madre del Señor." + Carlo Liberati, Delegado Pontificio y Obispo-prelado de Pompeya. (Agencia Fides 7/12/2004 - Líneas: 42 Palabras: 600)

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