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Vaticano

2003-06-26

VATICANO - “LA EUCARISTIA Y EL SACERDOTE: INSEPARABLEMENTE UNIDOS POR EL AMOR DE DIOS” - UNA REFLEXION PARA LA JORNADA MUNDIAL DE ORACION POR LA SANTIFICACION DE LOS SACERDOTES

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El don divino por excelencia , la Eucaristía, ha sido destinado en particular a los sacerdotes, que acogiéndolo, llevan la responsabilidad de su eficacia al mundo. Sobre este tema se desarrolla la reflexión propuesta por la Congregación para el Clero con ocasión de la Jornada Mundial por la Santificación de los Sacerdotes, que se celebra en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (este año el 27 de junio) o en otra fecha oportuna señalada por las circunscripciones eclesiásticas particulares. El material de reflexión preparado por el Dicasterio Vaticano se inspira en la reciente Encíclica de Juan Pablo II “Ecclesia de Eucharistia” e intenta crear para esta ocasión “un intenso clima de adoración y de oración en torno al Misterio del Santísimo Sacramento que pueda favorecer, en los Sacerdotes y en los fieles ese ‘asombro eucarístico’ del que habla el Santo Padre, afirmando que este ‘debe invadir siempre a la Iglesia reunida en la Celebración Eucarística. Pero de modo especial debe acompañar al ministro de la Eucaristía” (Ecclesia de Eucharistia, 5).
El material se articula en 6 breves párrafos: El sacerdote, responsable de la Eucaristía; Grito de la fe; Edificación de la Iglesia y adoración contemplativa; Eucaristía y sacerdocio ministerial; Eucaristía y comunión eclesial; Con la fe de María. Al inicio se subraya que la “fiesta del Sacratísimo Corazón de Jesús es para nosotros una invitación a contemplar el amor que brota de la fuente inagotable de Cristo y se difunde a toda la humanidad mediante “el don por excelencia” que es la Eucaristía. La reciente Encíclica de Juan Pablo II atrae nuestra atención sobre el valor de este don que es del todo excepcional”.
Entre otras reflexiones se recuerda que cada celebración eucarística debe despertar en el sacerdote “la responsabilidad hacia un mundo que debe ser transformado, transfigurado por la Eucaristía. Pronunciando las palabras: “Misterio de la fe”, el sacerdote comprende mejor que este grito de la fe le empuja hacia un mundo en el cual Cristo realiza maravillas y siente de forma apremiante en si la urgencia misionera de extender por todas partes su reino. Recibe una luz nueva sobre su propia misión sacerdotal que le ha sido confiada y su papel que debe asumir para que la potencia de la Eucaristía pueda producir todos sus efectos en cada existencia humana”. (S.L.) (Agencia Fides 26/6/2003 Líneas: 33 Palabras: 431)

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