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Asia

2012-05-30

ASIA/SIRIA - El Jesuita p. Paolo Dall'Oglio está en oración en Qusayr para detener el conflicto confesional

Qusayr (Agencia Fides) – El minarete lo despierta en la mitad de la noche, de forma que “le ayuda en la oración antes del amanecer, la de los monjes orientales”. Un oasis de oración “en medio de la lucha, en una ciudad circundada; una oración constante, turbada por las ametralladoras”. Se trata del padre jesuita Paolo Dall'Oglio, el sacerdote católico que se ha instalado en Qusayr, ciudad al sur de Homs, martirizada por la violencia, para realizar una experiencia prolongada de ayuno y oración por la paz.
Según lo revelado en los últimos días por la Agencia Fides, lo está haciendo para mostrar “una señal que va contra corriente”, una forma no violenta de vivir y dar testimonio de la fe en Cristo en medio del conflicto. El jesuita se detendrá en Qusayr por lo menos durante ocho días, viviendo los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola.
“He escogido Qusayr porque, con mi presencia, quiero tratar de sanar la polarización confesional que se verifica en la ciudad. He escuchado la petición de algunas familias cristianas que han visto sus seres queridos secuestrados y quiero hacer todo lo posible, con la oración y el diálogo, para reparar estas divisiones”, dice a la Agencia Fides el p. Dall'Oglio. En la ciudad se ha incrementado el conflicto entre musulmanes y cristianos, con una larga serie de secuestros, asesinatos, venganzas. Las bandas armadas de milicianos fuera de control, que parecen pertenecer a la oposición siria, han r3alizado muchos actos de violencia contra los cristianos. El cristiano André Arbache, padre de familia de 30 años, en enero, fue secuestrado y posteriormente encontrado muerto. Muchos otros cristianos son víctimas de secuestros. Qusayr es una ciudad donde vivía una comunidad greco-católica de entre las más grandes de Siria, unas 10 mil personas, junto con 15 mil musulmanes sunitas. “Casi todos los cristianos – explica el padre Dall'Oglio – han huido de la ciudad, ahora quedan muy pocos”.
El jesuita es huésped de una familia católica, ya que la casa parroquial de Qusayr no es un lugar seguro. “Mi oración y mi presencia quieren ser también un signo de esperanza, para que esta primavera Siria pueda floreA su alrededor se está reconstruyendo la red de relaciones rotas por la dinámica de la violencia, que desemboca fácilmente en una espiral de odio y venganza entre los individuos, familias, comunidades de diferentes religiones. Las palabras claves son “reconciliación y perdón, fraternidad en nombre de Dios”. Con la esperanza de construir, también con la oración, una Siria más humana, respetuosa de la dignidad y los derechos de todos. (PA) (Agencia Fides 30/5/2012)

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