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Dossier

2004-08-05

NUEVAS ESCLAVITUDES DEL SIGLO XXI - Séptima parte: -Publicidad y pornografia en los medios de comunicación social -La Unión Europea frente a este problema

PUBLICIDAD Y PRONOGRAFIA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL

Con respecto a la publicidad y la pornografía en las comunicaciones sociales, el Magisterio también se ha pronunciado en numerosas ocasiones.

-El Concilio Vaticano II en el Decreto sobre los medios de Comunicación social (Inter mirifica) declaró: “Para el recto empleo de estos medios es absolutamente necesario que todos los que se sirven de ellos conozcan y llevan a la práctica en este campo las normas de orden moral” (n.4). El orden moral al cual hace referencia es la ley natural que obliga a todos los hombres porque está inscrita en sus corazones y expresa imperativos de la autentica realización humana.

-El Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales publicó con motivo de la XXIII Jornada mundial de las Comunicaciones sociales un documento titulado “Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales: una respuesta pastoral”, en el que constatan como en los últimos años ha tenido lugar una revolución mundial en el modo de percibir los valores morales, con profundos cambios en la manera de pensar y actuar de la gente, debido en gran medida a los medios de comunicación social. “Uno de los fenómenos alarmantes de estos años ha sido la creciente difusión de la pornografía y la generalización de la violencia en los medios de comunicación social”, haciéndolo accesible incluso a niños y jóvenes.
A continuación realiza un análisis de los efectos negativos y degradantes de la pornografía y la violencia, “de los que nadie puede considerarse inmune” siendo los niños y jóvenes especialmente vulnerables. “La pornografía y la violencia desprecian la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan a los individuos - especialmente a los niños y mujeres - destruyen el matrimonio y la vida familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral de la sociedad”. Quienes hacen uso de la misma “no solo se perjudican a sí mismos, sino que también contribuyen a la promoción de un comercio nefasto”.
Afirma el documento que quienes ve, escucha o leen un material de este genero “acaban perdiendo el respeto hacia los demás, en cuanto hijos de Dios y hermanos de la misma familia humana.. ahoga gradualmente el sentido moral de los individuos hasta el punto de hacerles moral y personalmente indiferentes a los derechos y a la dignidad de los demás... leva al menosprecio de los demás al considerarlos como objetos en vez de como personas”. Puede además “interferir en el desarrollo moral de la persona y en a maduración de las relaciones humanas sanas y adultas, especialmente en el matrimonio y la familia, que exigen confianza recíproca y actitudes e intenciones de explicita integridad moral”, pues “en la medida en que la sexualidad se considere como una búsqueda frenética del placer individual, mas que como una expresión perdurable del amor en el matrimonio, la pornografía aparecerá como un factor capaz de minar la vida familiar en su totalidad”.
Además constatan “que la pornografía, como la droga, puede crear dependencia y empujar a la búsqueda de un material cada vez mas excitante y perverso”.
Entre las causas del problema señaladas por el Consejo Pontifico destacan: el beneficio económico de esta industria tan lucrativa; falso argumentos libertarios; la ausencia de leyes cuidadosamente preparadas o su no aplicación; confusión y apatía por parte de muchos incluso miembros de la comunidad religiosa.
El documento señala también algunas repuestas posibles para afrontar este problema, respetas que afectan a todos los sectores:
-Los profesionales de la comunicación a los que se invita a unirse para elaborar y aplicar códigos éticos en materia de comunicación social y publicidad, inspirados en el bien común y orientados al desarrollo integral del hombre
-Los padres que deben esforzarse en dar una completa formación moral, lo que supone una educación en favor de una actitud sana hacia la sexualidad humana, basada en el respeto a la dignidad de la persona, como hija de Dios, en la virtud de la castidad y en la práctica de la autodisciplina.
-Los educadores. Las escuelas y los programas educativos han de promover e inculcar los valores éticos y sociales de cara a garantizar la unidad y el sano desarrollo de la familia y de la sociedad.
-Los jóvenes que contribuirán a poner muros al avance de la pornografía si saben responder positivamente a las iniciativas de los padres y educadores
-El público que debe hacer oír su voz.
-La autoridad pública llamada a dar una respuesta a este problema, promulgando leyes sanas y reforzando las ya existentes en este sentido.
-La Iglesia y grupos religiosos en primer lugar con la enseñanza clara y constante de la fe y la verdad moral objetiva. Una actitud de pura restricción o de censura por parte de la Iglesia no resulta suficiente ni apropiada, sino que debe iniciar un dialogo continuo con los comunicadores conscientes de sus responsabilidades.

-El mismo Consejo Pontifico publicó en febrero de 1997 otro documento titulado “Ética en la publicidad” en la que señalan como la publicidad tiene un profundo impacto en la sociedad de hoy en cómo entienden las personas la vida, el mundo y a si mismas, especialmente en relación a sus valores y sus modos de elección y comportamiento (n.1). El documento indica como la publicidad es un medio en sí y como tal puede ser usado bien o puede ser usado mal como ocurre cuando es usado como medio para despertar un consumismo exagerado orientado al “tener” y no al “ser” y que quiere tener más no para se más sino para consumir la existencia en un goce que se presupone como fin en si mismo (n.10). O también cuando “en la lucha por atraer la mejor y más grande audiencia y ponerla a disposición de los publicitarios, los comunicadores se pueden encontrar tentados de dejar a un lado las normas artísticas y morales y a caer en la superficialidad, mal gusto y miseria moral”. Y señala como un problema muy frecuente a este respecto el modo en que la publicidad trata a las mujeres: “son muchas las veces en que se la trata no como persona, con una dignidad inviolable, sino como objeto cuya finalidad es la satisfacción de los apetitos de placer y de poder de otros” (n.12). Además “la publicidad puede ser vulgar y moralmente degradante cuando los publicitarios buscan conscientemente conmocionar y turbar mediante contenidos de una suave, perversa naturaleza pornográfica”. (n.13)
Indica el documento algunos principio éticos y morales señalando como “los medios de comunicación social tiene tan solo dos opciones. O ayudan a la persona humana a crecer en su conocimiento y práctica de lo que es verdad y bueno o son fuerzas destructivas en conflicto con el bienestar humano” y señala la grave responsabilidad de los publicitarios en las estrategias que incitan a la gente a un comportamiento determinado (n.14).
“Un requisito imperativo de la publicidad” - se lee en el documento - “es que respete la persona humana y su derecho-deber a hacer una elección responsable, su libertad interior; se vulneran todos estos bienes cuando se explotan las bajas inclinaciones del hombre o se disminuye su capacidad a reflexionar y decidir” (n. 16).

-La Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española, dio en una mesa redonda sobre Etica y publicidad un decálogo sobre la publicidad en valores, en el que afirma que la publicidad es uno de los modernos medios de comunicación social y es un instrumento de comunión y progreso pero debe respetar ciertos límites éticos en la creatividad.
-La publicidad es un servicio.
-Es un medio, no un fin en si mismo. De ahí que el fin no justifica ni el medio ni los medios. En la publicidad no existe el todo vale.
-Los límites de la publicidad son los que marcan la ley natural, las mismas leyes positivas legisladas al respecto y los principios éticos y deontológico, reconocidos por todas las personas de buena voluntad.
-La publicidad debe conocer, respetar y basarse en una correcta y adecuada antropología que no anteponga nunca el tener al ser. Una publicidad que solo lleve al disfrute personal, hedonista y egoísta, que ahondase la fractura entre ricos y pobres, sería una publicidad solo del tener.
-La publicidad debe siempre proclamar y fomentar la sagrada e inviolable dignidad de la persona humana y de sus derechos.
-Debe huir de cualquier manipulación sexista, defendiendo la igualdad entre el hombre y la mujer.
-No debe anteponer jamás en la persona humana su dimensión corporal y física a la espiritual e intelectual. La exaltación del cuerpo por el cuerpo, del sexo por el sexo, como reclamo publicitario es el camino erróneo en la defensa y promoción de estos ideales.
-La veracidad debe ser un principio categórico e inexcusable.
-La publicidad es un servicio público y como tal debe contribuir al desarrollo integro de la persona y de la sociedad.
-La publicidad en valores y en ética es la que promueve, garantiza y respeta valores como la entera dignidad de la persona humana, el servicio a la solidaridad, el respeto a la verdad y defensa y fomento de la tolerancia, la paz, la comprensión, la reconciliación, al salud, la educación, la libertad, el descanso, la familia, y los valores patrios y religiosos.

LA UNIÓN EUROPEA ANTE ESTE PROBLEMA
El tráfico de mujeres es un problema de proporciones globales, que exige por tanto, respuestas urgentes y bien coordinadas. Una red se la combate con otra red. Es esencial tener una visión de conjunto para abordar los aspectos políticos, económicos, sociales, legales e institucionales de este tráfico. Y se precisa una buena cooperación en todos los ámbitos entre las personas que trabajan en este campo.
La Unión Europea decidió en julio del 2002 unificar en lo posible la legislación de los 15 países miembros en estos asuntos y en septiembre, reunió a 1.000 expertos en Bruselas para crear un grupo de trabajo conjunto con la ONU, representantes gubernamentales y ONGs. De esta reunión salió una declaración que afirma que las políticas en este campo “deben dirigirse a toda la cadena del trafico - países de origen, transito y destino, reclutadores, transportistas, explotadores y clientes - y han de atender a las raíces del problema, como el desempleo, la pobreza y la desigualdad sexual. (Agencia Fides 5/8/2004)

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