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Intención Misionera

2010-12-29

INTENCIÓN MISIONERA - “Para que los cristianos puedan alcanzar la plena unidad, testimoniando a todo el género humano la paternidad universal de Dios” - Comentario a la Intención Misionera de enero de 2011

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Papa Benedicto XVI ha anunciado diversas veces que uno de los principales deseos de su pontificado es el trabajar por el ecumenismo, seguir dando pasos para poder alcanzar la unidad que Cristo desea: “que todos sean uno; como Tú, Padre en Mí y Yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 21). En 1910 tuvo lugar la Conferencia de Edimburgo, donde se reunieron más de mil misioneros, pertenecientes a distintas ramas del protestantismo y del anglicanismo, a los que se unió un huésped ortodoxo. Querían reflexionar juntos sobre la necesidad de alcanzar la unidad para anunciar de modo creíble el Evangelio de Jesucristo. Precisamente el deseo de anunciar a Cristo a los demás y de llevar al mundo su mensaje de reconciliación hace experimentar la contradicción de la división de los cristianos. ¿Cómo podrán los incrédulos acoger el anuncio del Evangelio si los cristianos están en desacuerdo entre ellos? Por tanto, la comunión y la unidad de los discípulos de Cristo es una condición particularmente importante para una mayor credibilidad y para que su testimonio tenga eficacia.
La unidad es un don que tenemos que suplicar al Padre de las misericordias. Es realmente triste que la división que introdujo el pecado, continúe estando presente en la Iglesia de Cristo. Por eso, es necesario, junto a la oración, el diálogo sincero para poder caminar hacia la unidad El Hijo de Dios murió en la cruz para destruir el muro de separación, para unificar a las ovejas descarriadas de Israel. Es el poder de la cruz el que puede crear de nuevo la unidad perdida, el que puede reparar los desgarros que los hombres hemos producido en la túnica inconsútil de Cristo. Cristo crucificado es el puente que salva el abismo que nos separaba de Dios, y nos abre un camino nuevo y vivo hacia el Padre. Nacido de mujer, crucificado por nuestros pecados, resucitado para nuestra justificación, el Hijo eterno nos da la posibilidad de ser hijos y coherederos en Él.
En un mundo marcado por la indiferencia religiosa e incluso por una creciente aversión hacia la fe cristiana, es necesaria una nueva e intensa actividad de evangelización, no sólo entre los pueblos que nunca han conocido el Evangelio, sino también en aquellos donde el cristianismo se ha difundido y forma parte de su historia Por eso el Santo Padre Benedicto XVI, en la celebración de las Vísperas que cerraban la Semana de oración por la unidad de los cristianos 2010, afirmaba: “Mientras caminamos hacia la comunión plena, estamos llamados a dar un testimonio común frente a los desafíos cada vez más complejos de nuestro tiempo, como la secularización y la indiferencia, el relativismo y el hedonismo, los delicados temas éticos relativos al principio y el fin de la vida, los límites de la ciencia y de la tecnología, y el diálogo con las demás tradiciones religiosas. Hay también otros campos en los que desde ahora debemos dar un testimonio común: la salvaguardia de la creación, la promoción del bien común y de la paz, la defensa de la centralidad de la persona humana, el compromiso para acabar con las miserias de nuestro tiempo, como el hambre, la indigencia, el analfabetismo, la distribución no equitativa de los bienes” (Homilía en la Basílica de San Pablo, 25 de enero del 2010).
Sólo llegando a ser una sola familia en Cristo, los cristianos podremos testimoniar la única paternidad de Dios. Y al mismo tiempo, solamente dónde los hombres reconocen a Dios como Padre puede existir verdaderamente una fraternidad auténtica. No hay familia si no hay un Padre común. Que nuestra oración sea perseverante y confiada, porque se apoya en el poder de Cristo. Que su cruz derribe las barreras que los creyentes construimos para que haya un solo rebaño y un solo Pastor (cfr, Jn 10, 16), y el mundo crea. (Agencia Fides 29/12/2010)

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