VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux ydon Salvatore Vitiello-El sufrimiento es escuela de Esperanza.

jueves, 5 febrero 2009

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El rechazo del sufrimiento, de todo sufrimiento, por parte de la cultura contemporánea, es el síntoma más grave de la desesperación en el que esta se ve precipitada. Ante el misterio del dolor no se pueden hacer trampas, sobre todo si uno se ve implicado directamente en el mismo. Ahora bien, o hay razones para hacerle frente de modo adulto, viril, incluso hasta heroico, pero no estoico, o bien es necesario distraerse o, como dirían los latinos, "di-vertirse".
Pero cuándo esto no es este posible, ¿qué puede hacer el hombre contemporáneo? Cuando no tiene razones para afrontar el dolor, no consigue distraerse, sólo puede intentar eliminarlo, eliminando a aquel que es icono viviente del dolor y del límite.
Todo taque contra la vida, todo intento de eliminación del sufrimiento y de su memoria son un signo de la colmada medida, en la desesperación, de esta nuestra época. En tales circunstancias, lo que se considera como un remedio es, en realidad, peor que el mismo mal, porque no hace sino acentuar el sentido frustrante y psicológicamente detonante de la desesperación. Eliminar, o intentar eliminar todo icono del sufrimiento del mundo es un delirio de omnipotencia dictado por la humana desesperación, que, quizás inconscientemente, termina por imitar el propio Dios.
En la propuesta cristiana a la inteligencia y a la libertad humana, en efecto, Dios es el Único que es auténtico Señor incluso del sufrimiento, habiendo elegido el aumirlo integralmente sobre si, haciéndose hombre y ofreciendo la propia vida en la cruz, en expiación de todo el mal de la humanidad. Y Él, Resucitado, sigue viviendo la propia pasión expiatoria por medio de todos los miembros que sufren de Su Cuerpo Místico que es la Iglesia y, en el modo en que Dios conoce, incluso más allá.
En esta óptica, como ha afirmado el Santo Padre Benedicto XVI, el sufrimiento no es algo que se deba eliminar a toda costa en un tentativa desesperante de afirmar el propio yo en contra de Dios, sino que se convierte en escuela de Esperanza: "Al igual que el obrar, también el sufrimiento forma parte de la existencia humana. Éste se deriva, por una parte, de nuestra finitud y, por otra, de la gran cantidad de culpas acumuladas a lo largo de la historia, y que crece de modo incesante también en el presente. Es cierto que debemos hacer todo lo posible para superar el sufrimiento […] ppero extirparlo del mundo por completo no está en nuestras manos, simplemente porque no podemos desprendernos de nuestra limitación, y porque ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal, de la culpa, que –lo vemos– es una fuente continua de sufrimiento. Esto sólo podría hacerlo Dios: y sólo un Dios que, haciéndose hombre, entrase personalmente en la historia y sufriese en ella. Nosotros sabemos que este Dios existe y que, por tanto, este poder que « quita el pecado del mundo » (Jn 1,29) está presente en el mundo. Con la fe en la existencia de este poder ha surgido en la historia la esperanza de la salvación del mundo. Pero se trata precisamente de esperanza y no aún de cumplimiento; esperanza que nos da el valor para ponernos de la parte del bien aun cuando parece que ya no hay esperanza, y conscientes además de que, viendo el desarrollo de la historia tal como se manifiesta externamente, el poder de la culpa permanece como una presencia terrible, incluso para el futuro”. (Spe Salvi, 36).
No es posible eliminar el sufrimiento, por tanto, es un deber aliviarlo, acompañarlo, asumirlo uno mismo con gestos de amor que son verdaderas luces de esperanza. Así el sufrimiento se convertirá, para quién lo vive y comparte, en escuela de esperanza incluso en un mundo mejor, porque hemos sido salvado por Otro, de quien somos hijos. Por el contrario, el desesperado intento, fingidamente piadoso y destinado a fracasar, de eliminar, o hacer que cese el sufrimiento, no hace sino aumentar la desesperación en los corazones y en el mundo. Y mucho. (Agencia Fides 5/2/2009)


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