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America

2009-01-08

AMERICA/COSTA RICA - La Misión Continental “no puede verse como algo opcional, sino como una exigencia que debe ser asumida por todas las comunidades eclesiales” afirma el Presidente de la Conferencia Episcopal que exhorta a “redescubrir y recuperar la importancia del laicado”

San José (Agencia Fides) – “La Gran Misión en Costa Rica será un llamado a encontrarnos con el Señor. Será encender una estrella que convoque y muestre el camino para hallar y adorar al verdadero Dios”, afirma Mons. Hugo Barrantes Ureña, Arzobispo de San José y Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica durante la homilía de la Misa de la Epifanía, celebrada en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en que tuvo lugar el lanzamiento de la Gran Misión continental en Costa Rica.
“La Misión Continental no conoce fronteras, debe llegar a todos”, continua Mons. Barrantes. Por ello todos deben consagrarse al trabajo de la Misión Continental lo que “supone una entrega y un amor total a Dios y a los hermanos”.
En primer lugar el Arzobispo explica que “la voz del Espíritu, en Aparecida, nos pide, en este momento de la historia, que hagamos una opción radical por la Misión”. Por ello, la propuesta de la Misión “no puede verse como algo opcional, sino como una exigencia que debe ser asumida de manera inaplazable por todas las comunidades eclesiales”. Y no es tampoco “una ocurrencia de unos obispos o una moda del momento que pasará pronto”, sino que es “una puesta en marcha del mandato del Señor: “Vayan, y anuncien el Evangelio”; es la voluntad salvífica de Dio” y “responde pues a la naturaleza esencialmente misionera de la Iglesia”.
Respecto al sujeto de la Misión, según Mons. Barrantes es necesario “superar cualquier vestigio de “clericalización” en donde el laicado se restringe a una función netamente pasiva y receptiva”. Es más bien el momento “de redescubrir y recuperar la importancia decisiva del laicado en la Iglesia”. Precisamente la experiencia enseña que “las comunidades donde los laicos se sienten parte integrante de la Iglesia, son precisamente los más pujantes y evangelizadoras”. Por ello, todos deben asumir su responsabilidad incluyendo las Asociaciones e Iniciaciones Cristianas así como los movimientos apostólicos. Pero superando siempre el peligro de formar pequeñas “islas eclesiales” pues “la identidad eclesial tiene que estar por encima de la identidad grupal, y se tiene que ver al movimiento desde la Iglesia, y no sólo a la Iglesia desde el movimiento”.
“Para ser buenos misioneros – continua el Prelado - se necesita ser cristianos convencidos, convertidos y comprometidos”, para lo cual es necesario una sólida espiritualidad misionera. Pero dado que la espiritualidad misionera no se puede presuponer o improvisar, resulta imprescindible “un proceso de formación humana, espiritual, doctrinal y pastoral, serio y profundo”.
Por otro lado, “la Misión Continental necesita del dinamismo, de la fuerza que nace de la conversión pastoral”. Una conversión pastoral que “toca “todo”, estructuras, métodos de evangelización, lenguajes, etc.; pero, sobre todo, toca a “todos”: los modos de pensar, de ser y actuar”.
Otro aspecto importante de la Misión continental señalado por el Arzobispo es que debe tender como punto de partida una experiencia de Dios, pues la gente busca un Dios vivo y verdadero, no una idea racional de Él. Ello implica que “la Iglesia tiene que volver a ser eminentemente kerigmática”, en la que “la novedad no va a ser el contenido del mensaje en sí, sino la actualización del mensaje: Jesucristo como un Dios resucitado, vivo, y, sobre todo, actual”.
“Es imposible pensar en la Misión Continental sin el protagonismo del Espíritu Santo”, continua el Presidente de la Conferencia Episcopal. Esto significa que “en la programación y realización de la Misión Continental hay que dejarse guiar por el Espíritu Santo” y tener clara la conciencia de ser un instrumento que lleva a “no buscar el éxito en otra seguridad que no sea la fuerza y el poder del Espíritu Santo”.
Mons. Barrantes concluye su homilía con una invocación a Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, para “optar por la Misión Continental que nos lleve a una Iglesia que, a ejemplo de María, sea: Discípula-misionera, Madre – Pedagoga y Samaritana”. “Aquí estamos, en tu casa, pastores y fieles, asumiendo el compromiso de la Misión Continental. Intercede por nosotros para que la Misión Continental sea para Costa Rica una Epifanía, una luz, que atraiga a todos al encuentro de Cristo-Salvador”. (RG) (Agencia Fides 8/1/2009)

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