VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El objetivo de la fe es la victoria de la razón

jueves, 27 noviembre 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – La comunicación mediática ha sido tocada por la afirmación de Benedicto XVI, según la cual, en realidad, no puede haber diálogo entre las religiones sino entre las culturas. Se trata, para quien conoce el pensamiento de Joseph Ratzinger, de una tesis ya conocida y ampliamente documentada en el importante libro: “Fe, Verdad, Tolerancia” (Cantagalli, 2003). ¿Pero de qué se trata realmente?
El diálogo con las religiones, según esta posición teológica compartida, comportaría una afrenta a la “consciencia religiosa”, es decir a la consciencia que ellas tienen de sí mismas y iría, por sí mismo, más allá de lo “teológico” como nosotros los católicos lo entendemos, o deberíamos entenderlo, es decir basado sobre la Revelación judeo-cristiana y sobre la tradición de la Iglesia.
Por lo tanto la base común del diálogo interreligioso puede ser sólo la razón. Y es el diálogo que el Papa ha propuesto con el histórico discurso de Regensburg. Si dicha posición no es comprendida en modo correcto es porque no se comparte la idea, y sobre todo la experiencia, de la razón. Para el Cristianismo, y el Santo Padre lo está recordando con dedicación petrina, la razón no puede ser prisionera de un mero horizonte empírico, ni puede excluir o censurar elementos que ella misma reconoce como presentes, y por lo tanto constitutivos, en el hombre. Una razón que relegue el sentido religioso al interno de las meras opciones subjetivas, inevitablemente debe interpretar el diálogo interreligioso fuera del propio horizonte, como “teológicamente” fundado (y por lo tanto, en dicha concepción, éste sería no-razonable, porque sería “dogmático”).
¿Existe quizás también una cierta teología que no reconoce a la razón su adecuado horizonte? ¿Qué a fuerza de dialogar con la modernidad y la postmodernidad, con el pensamiento débil (o humilde, como algunos sostienen) no es ya ni siquiera consciente de la propia identidad y del propio elemental estatuto epistemológico?
Al contrario, se pregunta Benedicto XVI en la Encíclica Spe Salvi, en el n. 23: “Pero ¿cuándo domina realmente la razón? ¿Acaso cuando se ha apartado de Dios? ¿Cuando se ha hecho ciega para Dios? La razón del poder y del hacer ¿es ya toda la razón?”. Es evidente cual es la respuesta cristiana a estas preguntas: la razón “sólo se vuelve humana si es capaz de indicar el camino a la voluntad, y esto sólo lo puede hacer si mira más allá de sí misma. En caso contrario, la situación del hombre, en el desequilibrio entre la capacidad material, por un lado, y la falta de juicio del corazón, por otro, se convierte en una amenaza para sí mismo y para la creación” (Ibidem).
Justamente por causa de esta diferente idea y experiencia de razón, no se comprende la real y esencial relación entre razón y fe y cómo esta última se preocupa por la razón, hasta el punto de “hacerla volver” continuamente a su estatura real, a la propia victoria sobre todo tentativo reduccionista impuesto por la cultura dominante. Sigue en efecto el Papa: “la razón es el gran don de Dios al hombre, y la victoria de la razón sobre la irracionalidad es también un objetivo de la fe cristiana”. Por estas razones, el verdadero diálogo intercultural está fundado sobre la razón y es por lo tanto capaz de tener presente también al sentido religioso humano. Más y mejor del así llamado diálogo interreligioso. (Agencia Fides 27/11/2008; líneas 37 palabras 562)


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