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Vaticano

2004-04-07

VATICANO - Carta del Papa a los sacerdotes para el Jueves Santo: “No olvidéis, que los primeros «apóstoles» de Jesús, Sumo Sacerdote, sois vosotros mismos: vuestro testimonio cuenta más que cualquier otro medio o subsidio”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - “Os escribo con alegría y afecto con ocasión del Jueves Santo, siguiendo una tradición iniciada en la primera Pascua como Obispo de Roma, hace ahora veinticinco años”. Así comienza la Carta que el Santo Padre Juan Pablo II ha dirigido a los Sacerdotes para el Jueves Santo 2004. “Este contacto epistolar, que tiene un carácter especial de hermandad por la participación común en el Sacerdocio de Cristo, se sitúa en el contexto litúrgico de este día santo, marcado por dos ritos significativos: la Misa Crismal por el mañana y la Misa in Cena Domini por la tarde”. El Santo Padre, pensando en los sacerdotes reunidos en las Catedrales de las respectivas diócesis en torno a los propios Ordinarios para renovar las promesas sacerdotales, propone algunas reflexiones sobre el Jueves Santo. “En la Última Cena hemos nacido como sacerdotes... Hemos nacido de la Eucaristía. Lo que decimos de toda la Iglesia, es decir, que «de Eucharistia vivit »... podemos afirmarlo también del Sacerdocio ministerial: éste tiene su origen, vive, actúa y da frutos «de Eucharistia»”.
Hablando de la apostolicidad de la Eucaristía el Papa señala que “El Sacramento eucarístico - como el de la Reconciliación - ha sido confiado por Cristo a los Apóstoles y transmitido por ellos y sus sucesores de generación en generación... Al decir: «Haced esto en conmemoración mía» puso el cuño eucarístico en su misión y, uniéndolos consigo en la comunión sacramental, los encargó de perpetuar aquel gesto santo. Mientras pronunciaba aquellas palabras: «Haced esto...», pensaba también en los sucesores de los Apóstoles, que habrían de prolongar su misión, distribuyendo el alimento de vida hasta los extremos confines del tierra”.
El Santo Padre recuerda después que “La Eucaristía, como el Sacerdocio, son un regalo de Dios, «que supera radicalmente el poder de la asamblea» y por tanto reafirma que la asamblea de fieles no puede por sí sola ni «realizar» la Eucaristía ni «darse» el ministro ordenado”. Juan Pablo II exhorta pues a los fieles a rezar para que “no falten sacerdotes en la Iglesia”, recordando que “el número de presbíteros nunca es suficiente”. En algunas partes del mundo su escasez se nota con mayor urgencia mientras que en otras se asiste a una “prometedora primavera vocacional”. “No obstante, más que cualquier otra iniciativa vocacional, es indispensable nuestra fidelidad personal. En efecto, importa nuestra adhesión a Cristo, el amor que sentimos por la Eucaristía, el fervor con que la celebramos, la devoción con que la adoramos”.
Junto a otras iniciativas vocacionales el Papa exhorta a los sacerdotes a privilegiar la atención de los monaguillos: “ El grupo de acólitos, atendidos por vosotros dentro de la comunidad parroquial, puede seguir un itinerario valioso de crecimiento cristiano, formando como una especie de pre-seminario. Educad a la parroquia, familia de familias, a que vean en los acólitos a sus hijos, «como renuevos de olivo» alrededor de la mesa de Cristo, Pan de vida. Aprovechando la colaboración de las familias más sensibles y de los catequistas, seguid con solicitud al grupo de los acólitos para que, mediante el servicio del altar, cada uno de ellos aprenda a amar cada vez más al Señor Jesús, lo reconozca realmente presente en la Eucaristía y aprecie la belleza de la liturgia. Todas las iniciativas en favor de los acólitos, organizadas en el ámbito diocesano o de las zonas pastorales, deben ser promovidas y animadas, teniendo siempre en cuenta las diversas fases de edad”.
“No olvidéis- recomienda el Papa - que los primeros «apóstoles» de Jesús, Sumo Sacerdote, sois vosotros mismos: vuestro testimonio cuenta más que cualquier otro medio o subsidio. En la regularidad de las celebraciones dominicales y diarias, los acólitos se encuentran con vosotros, en vuestras manos ven «realizarse» la Eucaristía, en vuestro rostro leen el reflejo del Misterio, en vuestro corazón intuyen la llamada de un amor más grande. Sed para ellos padres, maestros y testigos de piedad eucarística y santidad de vida” Por ultimo Juan Pablo II exhorta a los sacerdotes a la oración incesante por las vocaciones y por la perseverancia de los llamados a la vida sacerdotal y por la santificación de todos los sacerdotes: “Ayudad a vuestras comunidades a amar cada vez más el singular ‘don y misterio’ del sacerdocio ministerial”. (SL) (Agencia Fides 7/4/2004)

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