ASIA/SRI LANKA - Ayer brutalizados y adoctrinados, hoy acogidos y educados al amor: “algunos ex niños soldado son maestros y curan a otros chicos .Este es nuestro proceso de paz, no en la mesa de negociaciones sino en la vida concreta” dice el P. Pinto Humer a la Agencia Fides

sábado, 27 marzo 2004

Anuradhapura (Agencia Fides) - Nirmal es un joven de etnia tamil de 12 años. Su padre murió ante sus ojos durante los enfrentamientos entre el ejército regular y los rebeldes tamiles. Entonces los guerrilleros le dieron un arma y le dijeron que podía vengar la muerte de su padre. Nirmal, todavía conmocionado, comenzó a cultivar en su corazón odio y venganza. Fue enrolado en uno de los campos de adiestramiento de la formación guerrillera Liberation Tamil of Tamil Eelam (LTTE) en la zona de Jaffna, Sri Lanka septentrional. Allí permaneció durante un año y medio. A los 13 años fue enviado a primera línea: dispara, mata, ve a muchos de sus amigos morir junto a el. No puede mas con esa vida hecha de violencia y muerte, por ello huye. Hoy, con 14 años, es uno de los 200 chicos albergados en el Don Bosco Training Center de los Salesianos en Nochchiyagama, en el centro de Sri Lanka, en la diócesis de Anuradhapura, zona cingalesa en la frontera con la zona de mayoría tamil. El responsable del centro donde trabajan dos sacerdotes y tres hermanos laicos, es el P. Salesiano Anthony Pinto Humer, sacerdote de 47 años que desde hace 8 se dedica a la recuperación de los niños soldado, huérfanos y abandonados y de los chicos de la calle.
“Muchos de los ex niños soldado, que se encuentran hoy en nuestro centro -dice el P. Anthony a la Agencia Fides - se han rendido al ejército regular, cansados de combatir. El gobierno, no sabiendo como recuperarlos, nos ha pedido que nos ocupemos de ellos. Yo me he encontrado con muchos y por ellos decidimos abrir un centro donde poder acogerlos. Aquí les ofrecemos hospitalidad, educación escolar, formación profesional en artesanía o mecánica. Le damos una nueva vida, hecha de serenidad y amor, no de violencia en la que han sido trágicamente habituados”.
El P. Pinto señala que con el inicio del proceso de paz, en febrero del 2003, su número ha crecido: “Se rinden o escapan: la guerra representaba al principio un juego, pero después se convierte en violencia para sus pequeñas vidas. Los chicos, a la edad de 11-12 años, son manipulados por los guerrilleros: sufren un lavado de cerebro, son adoctrinados al odio y la violencia, adiestrados a matar sin piedad. Son brutalizados y tratados como animales. Coger un arma puede ser al inicio divertido, pero combatir y ver la muerte cara a cara, crea traumas y heridas difícilmente sanables”.
Los trabajadores y voluntarios del centro buscan sanar sus vidas: “”Al llegar aquí están llenos de miedo, cerrados. Tienen enfermedades físicas y dificultades psicológicas. Poco apoco se curan, se abren, recuperan la confianza, van a la escuela y están preparados para aprender: ¡tienen tanto deseo de realizar una vida normal, como verdaderos niños! Hoy los chicos saben que cosa es el juego, la escuela. Además los chicos tamiles viven junto a los chicos cingaleses a los que estaban antes habituados a verlos como enemigos. Esto es muy importante y educativo: experimentan amistad y relaciones positivas. En nuestro centro algunos ex niños soldado son hoy maestros y curan a otros niños: este es nuestro proceso de paz, no en la mesa de negociaciones sino en la vida concreta”.
El P. Pinto dice a Fides que algunos chicos pueden volver a sus familias de origen, mientras que otros que han pasado más tiempo en el ejército tamil, no pueden porque son considerados como traidores, desertores y los querrían muertos: “ Tenemos intención de abrir nuevos centros de acogida en las zonas del Norte de mayoría tamil, donde el fenómeno de los niños soldados es mas amplio. Pero en la actualidad hay todavía problemas de seguridad y además tener un centro en la zona cingalesa, en la frontera con la zona tamil, tiene la ventaja de que los chicos de las dos etnias conviven y aprenden a amarse y a mirarse como hermanos. Esta es nuestra misión y es el desafío de la Iglesia en la sociedad actual de Sri Lanka”.
Los rebeldes del LTEE, protagonistas de una guerrilla en el norte de Sri Lanka, han liberado, desde principios de año, a cerca de 60 chicos. Pero según la UNICEF en el 2003, a pesar de la tregua en acto con el gobierno central de Colombo, los “tigres” enrolaron a 700 menores. Según la Coalición contra el uso de los niños soldado, los niños son reclutados sin que lo sepan sus familias, sobre todo en los distritos de Batticaloa y Jaffna. El LTEE afirma que los jóvenes - a falta de otros recursos para vivir - deciden espontáneamente unirse a los rebeldes, pero realizando solo papeles logísticas y administrativos.
UNICEF recuerda que en junio del 2003, en el curso de las negociaciones de paz con el gobierno, el LTEE firmó un “Plan de acción para los niños implicados en la guerra” (Action Plan for Children Affected by War), comprometiéndose a no enrolar más a ningún menor y a acompañar a aquellos que todavía estaban bajo su comando en centros para su reinserción en la sociedad civil. Para apoyar esta actividad el gobierno de Sri Lanka ha asignado una suma de 14 millones de dólares, destinada a ayudar a 50.000 niños soldado, chicos abandonados, desplazados o afectados de cualquier modo por la guerra.
(PA) (Agencia Fides 27/3/2004 Líneas: 64 palabras: 929)


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