VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Más allá de las “zonas de sombra”

jueves, 13 noviembre 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Las recientes discusiones sobre los confines de las posibilidades de un ordenamiento estatal de legislar, sobre los delicadísimos temas de la vida y de la decisión, eventual, de reconocer, o peor aún de declarar, “no vida” los estados permanentes así llamados “vegetativos”, imponen algunas reflexiones.
Ante todo nosotros no creemos en las zonas de sombra. No creemos que, en un tema tan delicado, como el de la vida, uno se pueda entretener, y a veces incluso “esconder”, detrás de incertidumbres que, a fuerza de matizar las posiciones, reduciéndolas a opiniones, terminan por confundir gravemente a la opinión pública e incluso a los fieles católicos.
No pueden existir zonas de sombra, por una simple razón: sobre el tema de la vida es absolutamente ser tucioristas; es decir, hacer prevalecer, sin duda, la vida misma, el “favor vitae”: una vida es vida, y debe ser absolutamente respetada como tal, hasta que no se pruebe lo contrario con certeza científica y moral. Si subsiste una mínima duda, es vida y sigue siendo tal, y nadie puede decidir interrumpirla. Aplicando este simple criterio, las zonas de sombra desaparecen y todo se hace inmediatamente más claro.
Estamos ante un caso evidente en el que los conocimientos médico-científicos han crecido más rápidamente que la conciencia moral, la cual, al contrario se ha oscurecido por algunos equívocos histórico-filosóficos, así como por la “casi natural” (después del pecado de los orígenes) pereza de los hombres para pensar y verificar el fundamento real de sus opiniones, que depende de una fundamental distracción de sí mismos y de las propias preguntas últimas.
Como recordó con eficacia el Santo Padre Benedicto XVI en la encíclica Spe salvi: “hemos de fijarnos en los elementos fundamentales de la época moderna […] la recuperación de lo que el hombre había perdido al ser expulsado del paraíso terrenal se esperaba de la fe en Jesucristo, y en esto se veía la ‘redención’. Ahora, esta ‘redención’, el restablecimiento del ‘paraíso’ perdido, ya no se espera de la fe, sino de la correlación apenas descubierta entre ciencia y praxis. […] Esta visión programática ha determinado el proceso de los tiempos modernos e influye también en la crisis actual de la fe que, en sus aspectos concretos, es sobre todo una crisis de la esperanza cristiana” (nn. 16-17).
Una idea de progreso como factor “redentor” del hombre, ha llevado consigo a una “nueva” (y no por eso automáticamente buena), y reductiva interpretación de las dos categorías fundamentales que caracterizan al hombre en su esencia: la razón y la libertad. La primera se ha transformado en la simple medida de todas las cosas, mientras la segunda, desvinculada del problema de la verdad y del bien, se reduce a simple arbitrio subjetivo o, peor aún, estatal. Todos conocemos qué deriva de lo humano ha representado, incluso en la historia reciente, el arbitrio estatal, y a qué monstruosidades ha conducido.
A la luz de todo esto: “Es necesaria una autocrítica de la edad moderna en diálogo con el cristianismo y con su concepción de la esperanza” (Spe salvi n. 22).
El tema de la vida, en la superación de las “zonas de sombra” y en la recuperación de su absoluta intangibilidad, sea la arena de esta confrontación real, entre edad moderna y cristianismo que espera. (Agencia Fides 13/11/2008)


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