VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Vivir la fe como esperanza

jueves, 16 octubre 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El Papa Benedicto XVI se pregunta en la Encíclica “Spe Salvi” en qué consiste la esperanza cristiana, con el fin de comprender la afirmación de San Pablo de que hemos sido ya redimidos. La tesis es que “la fe es esperanza”. El Santo Padre observa que en la Biblia “las palabras « fe » y « esperanza » parecen intercambiables. Así, la Carta a los Hebreos une estrechamente la « plenitud de la fe » (10,22) con la « firme confesión de la esperanza » (10,23). También cuando la Primera Carta de Pedro exhorta a los cristianos a estar siempre prontos para dar una respuesta sobre el logos –el sentido y la razón– de su esperanza (cf. 3,15), « esperanza » equivale a « fe »” (n.2).
Los primeros cristianos eran conscientes de tener “una esperanza confiable”, y la parangonaban con la vida que habían llevado antes de la conversión y a con la conducta de los paganos que seguían a ídolos y supersticiones, o como dice Pablo a los Efesios, «sin esperanza y sin Dios en el mundo» (Ef 2,12). La cosa más importante es que la esperanza nos es dada en el encuentro con Cristo y por ello los cristianos no deben afligirse «como los hombres sin esperanza» (1 Tes 4,13), sino ser concientes de que es “elemento distintivo de los cristianos el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente” (Spe salvi, ibid.). Así comprendemos que el anuncio del Evangelio sirve para cambiar la vida del hombre y producir hechos que ayudan a los demás a obtener su salvación: “La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva” (Ibid.).
Luego, el Papa se pregunta “¿en qué consiste esta esperanza que, en cuanto esperanza, es «redención»?” (n.3). Del parangón con el paganismo y el neopaganismo hodierno, la esperanza consiste en conocer al verdadero Dios. Se sabe que este ha sido el recorrido existencial de muchos hombres y mujeres que se han hecho santos en el encuentro real con el verdadero Dios que es aquel que se ha revelado como Padre en Jesucristo. El ejemplo planteado por la Encíclica, de una santa de nuestro tiempo, la africana Josefina Bakhita, que comenzó a tener «esperanza» después de haberse encontrado con Jesús, el único Señor, es verdaderamente conmovedor. En ese sentido, el Papa resalta en ella el descubrimiento de “la gran esperanza: yo soy definitivamente amada, suceda lo que suceda; este gran Amor me espera. Por eso mi vida es hermosa. A través del conocimiento de esta esperanza ella fue « redimida », ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios.” (ibid.)
Lo que sucede a quien tiene “la fe como esperanza” es el ser impulsado a la misión: “sentía el deber de extender la liberación que había recibido –agrega el Santo Padre–, mediante el encuentro con el Dios de Jesucristo; que la debían recibir otros, el mayor número posible de personas. La esperanza que en ella había nacido y la había «redimido» no podía guardársela para sí sola; esta esperanza debía llegar a muchos, llegar a todos.
Hoy se habla poco en la catequesis de las virtudes “teologales” y, por consiguiente, de la esperanza así entendida. Sucede por ello que los jóvenes cristianos crecen sin esperanza y pasan como cualquier persona del mundo. Se vuelven sal insípida, buena para nada. Lamentablemente la experiencia de la esclavitud moral que caracteriza al hombre en el mundo cuando rechaza al verdadero Dios, es la descrita por San Ambrosio en una frase lapidaria: “Cuántos amos terminan teniendo quienes rechazan al único Señor”. En cambio, ser educados en la esperanza en Dios significa confiar en sus promesas, como Abraham: “Esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones” (Rm 4, 18; cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1819). Todo ello significa vivir la fe como esperanza. (Agencia Fides 16/10/2008; líneas 44 palabras 699)


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