VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Pío XII, a 50 años de su muerte: ninguna discontinuidad con la Iglesia del Concilio

jueves, 9 octubre 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides)- “Una Iglesia que calla, cuando debería hablar; una Iglesia que debilita la ley de Dios, adaptándola al gusto de los deseos humanos, cuando debería proclamarla y defenderla; una Iglesia que se separa del fundamento sobre el que Cristo la ha edificado, para adaptarse cómodamente sobre la arena movediza de las opiniones del día o para abandonarse a la corriente que pasa; una Iglesia que no resiste la opresión de las conciencias y no tutela los legítimos derechos y las justas libertades del pueblo; una Iglesia que, con indecorosa servidumbre, permanece cerrada entre cuatro muros del templo, olvida el divino mandato recibido por Cristo: ‘Id, pues, a los cruces de los caminos (Mt 22,9), instruid a las gentes (Mt 29,19)’. ¡Queridos hijos e hijas! Herederos espirituales de una innumerable legión de confesores y mártires, ¿es esta la Iglesia que veneráis y amáis? ¿Reconocéis en tal Iglesia el rostro de vuestra Madre? ¿Podéis imaginar un sucesor del primer Pedro que se rinda ante tales exigencias?”.
Desde la plaza de San Pedro se levantó un “¡No!” coral a tales preguntas. Quien las pronunció fue el Papa Pío XII, tras haberse enterado del arresto del primado de Hungría, el Arzobispo de Budapest, el Cardenal Josef Mindszenty. ¿Cómo es posible que algunos historiadores, evidentemente ideologizados, sigan sosteniendo la tesis del “Papa del silencio”?
Tales palabras expresan la conciencia de la estructura martirológica del primado romano. Qué gran actualidad tienen, no tanto por las persecuciones que en varios lugares del mundo se repiten, sino por la verdad de cuanto advirtió Jesús: “Me han perseguido, también os perseguirán a vosotros”. Constituyen una prueba para verificar si sobre la verdad del martirio, que es la fundamental de Cristo, la Iglesia no ha permanecido siendo la misma después del Concilio.
Un ejemplo: Cuando Benedicto XVI habla de la “dictadura de los deseos”, ¿no hace eco de Pío XII que habla del “gusto de los deseos humanos”? ¿Dónde está entonces la presunta “discontinuidad” entre la Iglesia “antes del Concilio” y la hodierna? Quien denigra a Pío XII en realidad tiene miedo de esta verdad: la continuidad invencible del Cuerpo de la Iglesia.
Si se leyese la “Gaudium et Spes”, a la luz de sus enseñanzas uno se daría cuenta que existe un mundo por ser salvado y también un mundo del cual tomar distancias, porque persigue a la Iglesia y a los cristianos –“no soy del mundo” dijo Jesús a sus discípulos.
¿Puede imaginarse que tal verdad hubiese sido olvidada por los Padres Conciliares en el ’62, a solo 5 años de los hechos de Hungría, que habían visto otras tribulaciones de la Iglesia del silencio, millones de perseguidos y mártires de la fe? ¡Sería realmente anti histórico presumirlo! Aquellas que hoy, con un lenguaje no muy atento se definen “desafíos” del mundo a la Iglesia, en realidad son los episodios que san Pablo define “tribulaciones”, es decir, espinas dolorosas: pero solamente con estas llega la consolación de Dios.
A Pío XII no le ahorraron tales “tribulaciones”, ni en vida ni tras la muerte. Basta recordar la “piece teatral” orquestada por Hochuth para buscar notoriedad, y que dio lugar al inicio, en 1960, a la leyenda negra sobre el presunto “Papa del silencio”. Le fue bien gracias a la complicidad de cuantos buscaban atacar a Pío XII a causa del decreto del Santo Oficio sobre la adhesión al comunismo y por el apoyo de ambientes del progresismo y del modernismo católico, que no perdonaban al Pontífice la canonización de Pío X. Un congreso reciente, del ámbito cultural hebreo, ha dado ulteriores pruebas de tal falsedad, testimoniando a favor del gran Pontífice.
Montini en 1963, mientras era aún Arzobispo de Milán, escribió en “The Tablet”, el periódico católico inglés, para defender al Pío XII, y cual estrecho colaborador que fue, hizo también un retrato: “El aspecto frágil y dulce de Pío XII, su palabra contenida y refinada, escondían –o más bien revelaban- un carácter noble y viril, capaz de tomar firmes decisiones y de adoptar sin temor algunos posiciones que podían hacerlo incurrir en riesgos considerables… Deseaba penetrar en el fondo de la historia de su atormentada época. Sentía profundamente que él mismo era una parte de esta historia y deseaba participar totalmente, compartir los sufrimientos en su corazón y en su alma”.
Que se medite sobre esto el 9 de octubre del 2008, 50º aniversario de la muerte de Pío XII, Siervo de Dios, y se rece para que goce de la gloria. (Agencia Fides 9/10/2008; 52 líneas, 778 palabras)


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