VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - La Liturgia, fuente de la misión

jueves, 25 septiembre 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – La Iglesia es conciente de no tener otra fuente de donde sacar fuerza para su propia misión sino el mismo Señor Jesucristo. La justa evaluación y autonomía de las ciencias humanas, de la historia a la filosofía, de la psicología a la sociología, etc., no debería nunca sustituir el criterio sobrenatural del discernimiento espiritual.
Es Cristo, con su propuesta al corazón del hombre, el único e imprescindible punto de referencia para la misión de la Iglesia. Fuente de tal misión es pues la adoración del Señor que se expresa principalmente en la Divina Liturgia.
Demasiadas celebraciones se han reducido a una “autocontemplación antropocéntrica” del hombre sobre el hombre, casi impidiendo, por medio de la verbosidad del celebrante, los ritmos convulsivos de la música y el frenesí de los movimientos, el contacto con el Misterio. La Liturgia de la Iglesia es esencialmente adoración del Señor y, a través de la celebración de los misterios divinos, la Iglesia cumple su primera obra misionera.
Es necesario recuperar la clara conciencia sobre el único sujeto protagonista de la Liturgia: el Señor. El pueblo santo de Dios, y con él el celebrante, entre en la Liturgia, pero no la crea: ambos, pueblo y celebrante, son acogidos en el Misterio y sólo la conciencia de tal acogimiento, los hace a su vez capaces de acoger el Misterio y a los fieles.
Orando al Señor e intercediendo por todos los hombres, a través de la sagrada Liturgia, la Iglesia cumple con su primera misión: la celebración de los Sacramentos es por sí misma eficaz en orden a la salvación.
Con tanta organización de la pastoral contemporánea, parece que el compromiso misionero a veces es interrumpido por las celebraciones, cuyo significado, tal vez, no se comprende adecuadamente. Bautizar, perdonar los pecados, celebrar la Eucaristía son acciones más poderosamente salvíficas y misioneras que cualquier catequesis, convenio, lección académica o documento eclesial. Debemos recuperar esta conciencia y, con ella, hacer comprender que la Liturgia no está sujeta al capricho subjetivo de la creatividad y al mito moderno, entendido en sentido democrático de la participación del pueblo.
Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: “La Liturgia es también participación en la oración de Cristo, dirigida al Padre en el Espíritu Santo. En ella, cada oración cristiana encuentra su fuente y su fin. Por medio de la Liturgia, el hombre interior encuentra su raíz y fundamento [Cf. Ef 3,16-17] en el “gran amor con el que el Padre nos ha amado” (Ef 2,4) en su hijo dilecto. Aquello que se vive y se interioriza en cada oración, en cada tiempo, “en el Espíritu” (Ef 6,18) es la misma “maravilla de Dios”. (CCC 1073). (Agencia Fides 25/09/2008)


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