VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El Papa y el mensaje de Lourdes: una esperanza que cuestiona la laicidad

jueves, 18 septiembre 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Quien pensaba que una revolución podía resolver durante los siglos los problemas y la vida de un pueblo y una nación está destinado a repensarlo. Hoy en día, Francia –como toda Europa- vive en medio a las migraciones y al mezclarse de las clases sociales. La misma Iglesia se interroga por el milagro de haber sobrevivido al jacobinismo y la secularización que la ha hecho casi socialmente irrelevante. Una vez más era necesario que un jefe de estado abriese una nueva prospectiva: la “laicidad positiva”.
Desde hacia tiempo, cual centinela, Joseph Ratzinger, teólogo y cardenal, reflexionaba pacientemente el discernimiento del iluminismo, de la razón, de la sana laicidad; hoy que es Obispo de Roma, la red va tomando forma; una red cuyas cabezas son los estados aferrados en Alemania e Italia, quien ha entendido que el hombre europeo no puede vivir como si Dios no existiese, caso contrario se autodestruirá o disolverá, cual “saludo de la historia” tantas veces citado por Joseph Ratzinger.
Es así que el viaje pastoral del Papa a Francia por el 150º aniversario de las Apariciones en Lourdes presenta sin contradicción su lógica: anunciar a aquella grande nación que, después de más de doscientos años de la revolución, nuevamente está buscando la libertad, la igualdad y la fraternidad, y que la esperanza teologal se ha manifestado una vez más en la periferia de la gran nación, en un pueblito perdido de los Pirineos, se ha manifestado a una muchacha analfabeta.
En su introducción a la encíclica, el Papa ha escrito: « SPE SALVI facti sumus » – en esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros (Rm 8,24). Según la fe cristiana, la « redención », la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino. Ahora bien, se nos plantea inmediatamente la siguiente pregunta: pero, ¿de qué género ha de ser esta esperanza para poder justificar la afirmación de que a partir de ella, y simplemente porque hay esperanza, somos redimidos por ella? Y, ¿de qué tipo de certeza se trata?”
“La virtud de la esperanza – según el Catecismo - corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad”. (1818).
¿No decía Nietzsche que se habría convertido si los cristianos hubiesen cantado mejores canciones y hubiesen tenido aires de salvados? La Iglesia de Francia recibe un impulso renovador de manos del Papa y no solo, pues como otras veces, está en sintonía con el carisma mariano que mueve el carisma de Pedro. Como dijo Bernadette a quienes la acusaban de impostora: “La Virgen me ha dicho que se los diga, no que los convenza”.
Se diría que el método de Dios es siempre el mismo, como en Nazaret: “Abate a los potentes de sus tronos y ensalza a los pobres”. La laicidad –que debería ser algo bueno, verdadero, libre para el pueblo- será sana y positiva si contemplará todo esto. Y si comprenderá que Lourdes no es solamente una pía devoción. (Agencia Fides 18/9/2008; 43 líneas, 642 palabras)


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