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Europa

2004-02-03

EUROPA/ITALIA - “¿... NO SOY ITALIANO? ... SIN EMBARGO ¡SOY DEL LAZIO!” NIÑOS DE ITALIA: LA COMUNIDAD DE SAN EGIDIO MOBILIZADA A FAVOR DE UNA PROPUESTA DE LEY POR LA CIUDADANÍA ITALIANA A QUIEN ES NACIDO EN ITALIA

Roma (Agencia Fides) - Una gran manifestación que ha convocado a niños nacidos en Italia de trabajadores no comunitarios e italianos de todas las generaciones ha tenido lugar esta mañana en Plaza Montecitorio, en Roma. Ha sido organizada por la Comunidad de San Egidio para presentar datos y propuestas sobre la nueva ciudadanía italiana a partir del nacimiento en Italia.
Entre la multitud de niños que se reunieron en el encuentro hemos pedido a uno de ellos si se sentía italiano. Su respuesta vale por todos: “¿Cómo?...¿No soy italiano?... Sin embargo, ¡soy del Lazio!”...
Según los datos del Ministerio del Interior, referentes al periodo comprendido entre el 1 de enero de 1995 al 18 de septiembre del 2002, las concesiones de ciudadanía italiana a ‘no comunitarios’ con naturalización por residencia, han sumado un total de 8516, en casi ocho años, lo que supone una media anual de 1098 disposiciones; se pasa de las 1709 del 1999, el número más alto en términos absolutos, a solamente 511 de enero a septiembre del 2002. En los últimos cinco años, mientras que Italia pasa de 1.341.000 extranjeros no comunitarios regularmente presentes en el país en el 1999 a cerca de 2.400.000 en el 2002, con un crecimiento del 79%, las concesiones de la ciudadanía por residencia disminuyen el 70%. Sin embargo ya en enero del 2000 eran más de 350.000 los extranjeros con residencia legal en el país desde hace al menos 10 años.
Mientras aumenta la presencia de extranjeros en nuestro país, disminuyen continuamente las disposiciones de concesión de la ciudadanía por residencia.
El niño que nace en Italia de ciudadanos extranjeros no tiene hoy ninguna posibilidad de llegar a ser ciudadano italiano mientras sea menor de edad. Todavía menos se le reconoce esta posibilidad al niño extranjero que llega a Italia aún en edad precocísima, antes de la inserción escolar, para el que no existe ninguna posibilidad de llegar a ser ciudadano siendo menor de edad y que incluso al llegar a la mayoría de edad tiene actualmente perspectivas bastante inciertas.
El niño nacido en Italia de padre extranjero, nace y vive en Italia como todos los demás niños, aprende el idioma, mientras que la trasmisión de la lengua materna es confiada sólo al padre, frecuenta la escuela, adquiere de este país los gustos, la cultura y las costumbres. Conoce el país de procedencia de los padres sólo si éstos deciden, y tienen la posibilidad económica, de hacerlo viajar. Es un niño extranjero en su país. Según las estimaciones elaboradas por el ISTAT, en el 2002 el número de los menores de edad extranjeros presentes en el país es de 327.000.
La Comunidad de San Egidio ha pedido la reforma de la Ley sobre la ciudadanía que refuerza principios viejos, típicos de un país cuya población emigra por trabajo y completamente inconsciente de la realidad nueva y difundida de la inserción estable de ciudadanos extranjeros en nuestro país.

A continuación algunos testimonios de jóvenes “hijas” de la actual ley:

ORNELLA D.K., nacida en Brazaville – Congo

Me llamo Ornella, tengo 16 años y llegué a Italia en el año 1992, cuando tenía cinco años. En Italia he hecho el último año de preescolar, la escuela elemental y media y ahora estoy matriculada en el tercer año del liceo lingüístico.
El país de origen de mis padres es el Congo Brazaville. De este país no recuerdo absolutamente nada porque nunca he vuelto; no conozco la lengua, no se qué se come, no conozco su historia. Solamente se que vine aquí porque allí estaban en guerra y el país no era seguro. Toda mi vida le he pasado en Italia: he crecido estudiando la historia, desde Eneas a Cavour, animando a Italia en los mundiales de fútbol, mis amigos son italianos, escucho a Giorgia y a Ligabue, me gusta la pizza Margarita y ¡me encantan Nápoles y la Costa Amalfitana! Me gusta cantar y formo parte de un grupo que se llama: “Jóvenes por la paz”: cantamos canciones en italiano sobre la paz y contra el racismo.
Me siento italiana. Sin embargo este verano me he dado cuenta de que no soy ciudadana italiana. Efectivamente, me he sentido distinta de mis amigos por algo más que por el color de la piel. Quería ir a estudiar inglés pero no he podido ir porque no soy ciudadana italiana: tengo el permiso de residencia pero mi pasaporte es congolés. Y mis amigos han podido partir mientras que yo, desgraciadamente, me he tenido que quedar en casa.

LENY GIULIANA J.C., nacida en Lima – Perú

Me llamo Leny, tengo catorce años y hace diez que vivo en Italia. En Roma he hecho el preescolar, la escuela elemental, la media y ahora estoy inscrita en el primer año del liceo científico Righi. Tengo el permiso de residencia pero no la ciudadanía. Voy a Perú cada dos, tres años para ir a ver a mis abuelo y, además del italiano, hablo también el español. Explicar que me siento italiana es difícil porque es como si tuviese que decir qué es lo que soy: soy todo lo que he vivido y, por lo tanto, italiana. Éste es el país donde he pasado la mayor parte de mi vida, donde he crecido, donde he aprendido a amar la poesía y el arte, formo parte de aquél país que está orgulloso del “made in Italy” y he llorado por los soldados caídos en Nassirya. Me siento italiana porque mi futuro está aquí, en este país que me ha dado tanto y por el cual también yo quiero trabajar.

ALEIDA S.L.L., nacida en Italia
Mi madre es caboverdiana y, cuando nací, tenía el permiso de estancia pero no la residencia, que ha obtenido solo después de un año. Por este motivo he sabido que cuando cumpla dieciocho años no podré tener la ciudadanía.
Ahora me pregunto como es posible, que yo tenga que proseguir mi vida en una tierra que no me reconoce como ciudadana suya. He asistido a su escuela, desde preescolar hasta el segundo año del liceo clásico. Y es justamente el amor que tengo por esta tierra, a la que pertenezco, lo que me ha inducido a tomar una elección escolástica así de difícil. Mi sueño es el de llegar a ser escritora, y lo quiero hacer para poner al servicio de Italia todo mi saber. Me he enamorado de esta cultura, leo las obras de Montale y de Leopardi, amándoles cada vez con más intensidad.
Del país de mis padres no se casi nada. La lengua ya no la hablo y cuando el año pasado, por primera vez en quince años, estuve en Cabo Verde, no entendía nada de lo que me decían. Cuando paseaba por la plaza los niños me llamaban “italianina”. No reniego de tener sangre criolla, pero mis recuerdos, mi pasado y mi futuro están en Italia. Aquí están mis amigos, el chico que hace latir con fuerza mi corazón y mi cantante favorito. Me siento italiana y querría serlo del todo. (AP) (Agencia Fides; Líneas:89 ; Palabras: 1202)

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