VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Aborto: el silencio de la vida

jueves, 29 mayo 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides)- Este año se cumplen los 40 años de la aprobación, en Italia, de la conocida Ley 194, que despenaliza el aborto. Un aniversario en el cual no hay nada que festejar. El aborto directo es siempre y como sea la supresión de una vida. Una vida frágil, indefensa, que necesita de cuidados y de protección es suprimida por quien más bien está llamado a defenderla.
Despenalizar un acto significa no atribuirle la pena legal que merecería, mas no equivale, en ningún caso, a reconocer en aquel acto algo legítimo o bondad alguna. Sería interesante, desde este punto de vista, un debate con perfil filosófico y jurídico, sobre la existencia del poder del derecho en declarar “despenalizado” un acto intrínsecamente malo.
El aborto es y sigue siendo un mal. Un drama existencial para millones de mujeres que ni siquiera a décadas de años consiguen liberarse totalmente de la pesadilla de haber suprimido una vida. Porque suprimir la vida, sobre todo aquella germinada dentro de sí es siempre un acto contra la propia naturaleza. Un acto destructivo de “otra” vida, pero también de la propia, del propio equilibrio psicológico, de la propia existencia moral y espiritual.
Con la Ley 194, la sociedad ha puesto solamente sobre las mujeres el grave peso del aborto. Como con frecuencia sucede en ciertos ambientes ideológicos y feministas, se deja a la mujer totalmente sola, con la justificación de dejarla totalmente libre de decidir por sí misma y por su propio cuerpo (vale la pena recordar el slogan: “el cuerpo es mío, yo dispongo de él”).
Es obvio que la vida que germina en el vientre materno no puede ser considerada “parte del cuerpo de la madre”, hecho ampliamente demostrado por la moderna ciencia genética que en los últimos años ha llegado a confirmar las tesis clásicas sobre la vida y sobre la irreductibilidad genética del embrión. Este tiene un propio código genético y es por lo tanto otra persona, diferente de su padre y de su madre. Una persona que nadie puede permitirse asesinar.
Es necesario reconocer los límites del poder Estatal, que no puede ir contra la realidad y la justicia ni siquiera con el apoyo democrático. Así mismo siempre es necesario evaluar con gran prudencia los “efectos pedagógicos” de la ley, la cual puede determinar sobre todo una mentalidad y sucesivamente un comportamiento. El punto de partida no es la revisión de la 194, si se diese, pues esta sería el punto de llegada, a menos que no existan “dogmas legislativos” que no conocíamos.
La cuestión verdaderamente urgente es la educación de un pueblo, la respuesta unida y convencida de las mejores fuerzas de la sociedad que debe volver a educar, y en tal perspectiva, debe educar a la vida. En una impresionante profecía, la Beata Teresa de Calcuta reveló que en el mundo continuarán las guerras mientras continúen los abortos. Si fuese el único modo para verdaderamente acabar con las guerras, ¿qué mejor ocasión para todos los pacifistas para mostrar su verdadero amor por la paz? (Agencia Fides 29/5/2008)


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