VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El rey está desnudo (La falsa “tolerancia laica” manifestó su rostro)

jueves, 17 enero 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Ahora, parece verdaderamente que el rey está desnudo. (Y ‘rey’ está voluntariamente en minúsculas). La falsa ‘tolerancia laica’ ha manifestado su rostro: los paladines de los derechos humanos deberán explicar que cosa es la libertad de conciencia y de religión, incluso respecto a la carta de los 138 musulmanes, significativamente titulada ‘Una palabra común entre nosotros y ustedes’.
Por nuestra parte, entendemos el diálogo como tiempo empleado en escuchar al otro, para entender bien quién es, a dónde va, en qué cree. La ignorancia, en cambio, genera el prejuicio y, en cadena, la violencia. Si no se conoce mutuamente, el miedo nace inevitablemente y el otro es visto como un peligro, ciertamente no como un hermano.
El diálogo parece mostrarse como un arma salida de las manos de quien, ‘católico del disenso’, como un tiempo se definían a sí mismos, o ‘adulto’, como se llaman hoy, - que significa en todo caso ‘me siento incómodo en la Iglesia pero debéis escucharme a mí y no al magisterio’ - ha perdido sustancialmente el sentido de la propia identidad.
Quizás Benedicto XVI da miedo porque propone un verdadero diálogo universal - como ha mostrado en Regensburg - dirigiéndose verdaderamente a todos: a los agnósticos y a los escépticos, a los judíos y a los musulmanes, a los cristianos secularizados.
Propone un “iluminismo auténtico” mediante “un ensanchamiento de nuestro concepto de razón y de su uso”, con el objetivo de realizar “un verdadero diálogo de las culturas y de las religiones”.
En filosofía y en teología, pero en la misma cultura en general, necesitan ser comprendidos de nuevo tanto el concepto de razón cuanto el concepto de diálogo, visto que el Papa añade repetidamente el atributo ‘verdadero’. Hasta ahora se ha considerado que tienen dignidad de “diálogo” solamente los meetings donde las diferencias eran minimizadas en nombre de aquello que une. Alguien ha dicho eficazmente que entre los católicos se ha terminado por considerar verdadera solamente la verdad del otro.
En realidad, tanto en ciertos ambientes teológicos como en la sociedad italiana, no hay una convergencia plena sobre la idea de razón y de diálogo. Es necesario, por lo tanto, un largo trabajo para tratar de convenir sobre las cuestiones “fundamentales”, si se pretende favorecer la relación correcta entre religión y espacio público.
Por lo tanto, buscaremos interlocutores entre los laicos no creyentes y aquellos religiosos, que no renuncien a la crítica de la propia fe o sistema de pensamiento, sino que amen “pensar y hacer pensar”: esto hace “caminar el pensamiento” y lo cambia.
Por lo tanto no tendremos miedo de la confrontación al interno de la Iglesia y al externo, también con cuantos son, pertinazmente e irresponsablemente, fautores de confusión.
Lo haremos bajo la guía del amado Santo Padre Benedicto XVI, que en Mónaco el 10 de septiembre de 2006, en la homilía de la Celebración Eucarística, siguiendo el “no tengáis miedo de Cristo” de Juan Pablo II, reafirmó: “Nuestra fe no la imponemos a nadie […]. La fe sólo puede desarrollarse en la libertad. Pero a la libertad de los hombres pedimos que se abra a Dios, que lo busque, que lo escuche”. Quien tenga oídos para entender, que entienda. (Agencia Fides 17/1/2008; líneas 40, palabras 567)


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