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Dossier

2007-06-16

Instrumentum mensis Maii pro lectura Magisterii Summi Pontifici Benedicti XVI pro evangelizatione in terris missionum

El mes de mayo tuvo como momento central el viaje apostólico del Santo Padre Benedicto XVI a Brasil, para inaugurar, en el Santuario mariano de Aparecida, la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. El Papa Benedicto XVI - como hicieron Pablo VI y Juan Pablo II en las asambleas anteriores - presentó una intervención importante a los Obispos, analizando los “serios desafíos” que hoy deben afrontar la Iglesia y la fe. El centro de la misión de la Iglesia - es el sentido de las palabras del Pontífice - es y continúa siendo el anuncio de Cristo. En efecto, Él, Su Palabra, no es ajena a ninguna cultura ni a ninguna persona. La tarea fundamental de la Iglesia - dijo el Papa - es la de “custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios”. El Santo Padre corrigió además aquella aproximación que quiere anteponer a la evangelización la satisfacción de las presuntas necesidades básicas: “Esta prioridad, ¿no podría ser acaso una fuga hacia el intimismo, hacia el individualismo religioso, un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo, y una fuga de la realidad hacia un mundo espiritual?”. La respuesta es “no”, porque - son palabras del Papa - es “quien excluye a Dios de su horizonte” quien “falsifica el concepto de realidad” y, en consecuencia, termina “en caminos equivocados y con recetas destructivas”. Y añadió: “Sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano”.
Tanto durante su viaje a Brasil cuanto, más generalmente, durante todo el mes, el Santo Padre Benedicto XVI no dejó de recordar como el mes de mayo es el mes mariano por excelencia. “Como tal, se ha convertido a lo largo de los siglos en una de las devociones más arraigadas en el pueblo, y lo valoran cada vez más los pastores como ocasión propicia para la predicación, la catequesis y la oración comunitaria. Después del concilio Vaticano II, que subrayó el papel de María santísima en la Iglesia y en la historia de la salvación, el culto mariano ha experimentado una profunda renovación. Y al coincidir, al menos en parte, con el tiempo pascual, el mes de mayo es muy propicio para ilustrar la figura de María como Madre que acompaña a la comunidad de los discípulos reunidos en oración unánime, a la espera del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 12-14). Por tanto, este mes puede ser una ocasión para volver a la fe de la Iglesia de los orígenes y, en unión con María, comprender que también hoy nuestra misión consiste en anunciar y testimoniar con valentía y con alegría a Cristo crucificado y resucitado, esperanza de la humanidad”.

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