VATICANO - AVE MARIA de don Luciano Alimandi - "Dos Corazones un único Amor"

miércoles, 6 junio 2007

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Con la fiesta de la Visitación de la Beata Virgen Maria ha concluido el mes de mayo, mes "mariano" por excelencia. En este acontecimiento salvador, que contemplamos frecuentemente en el rezo del Santo Rosario, uno queda fascinado por la acción del Espíritu Santo que está tan fuertemente presente en el corazón de Maria, casi como si quisiera salir y entrar en Isabel y su niño (Juan).
Los gestos, las palabras, el hecho concreto que tuvo lugar, todo nos habla de esta acción extraordinaria del Espíritu santificante de Jesús que, por medio de Maria, se "posa" sobre todos aquellos que los que Ella es enviada.
Es típico de Maria, como nos recuerda Montfort, atraer sobre los corazones que se consagran a la Virgen una particular venida del Espíritu Santo y de Sus dones.
Isabel es la primera en ser visitada por esta gracia, tiene una experiencia concreta; no sólo ella, sino también el pequeño niño, que todavía tenía "escondido" en su regazo, San Juan Bautista, experimenta esta potencia del Espíritu de Jesús a través de la cercanía de Maria. Este llega a él a través del Corazón Inmaculado de Maria.
¡Qué gran misterio es éste! La Virgen, impulsada por el Espíritu Santo, al que está esponsalmente unida, abre el camino de los corazones hacia Jesús. Su mediación materna, como la llamó el Siervo de Dios, Juan Pablo II, es tan visible y sensible en el misterio de la Visitación, como lo será en el de Cana.
Isabel inspirada, exclama: "¿a qué debo que la madre de mi Señor venga a mi?” (Lc 1, 43). Esta exclamación de Isabel, hecha "a voz alta" como nos cuenta Lucas, sale del corazón un borbotón de agua fresca y transparente como de un manantial de montaña; Juan Bautista la hace suya y exulta de alegría: "¡he aquí, en cuanto tu saludo llegó a mis odios, el niño salto de alegría en mi regazo" (Lc 1, 44). ¡Como no tener en el corazón el deseo de ser visitados por Maria! ¡Es tan grande el don que Ella trae, tan plena la alegría que invade el alma de quien se deja tocar por esta Madre!
El Espíritu Santo es el secreto de Maria, de la extraordinaria potencia de sus innumerables "visitaciones" a lo largo de la historia de la salvación a partir de aquella primera Visitación en Ain Karim! Lo ha recordado el Santo Padre Benedicto XVI quien, precisamente en la reciente fiesta de la Visitación, ha repetido a la Iglesia y al mundo quien es Maria: "El Espíritu Santo, que hace presente el Hijo de Dios en la carne de Maria, dilató su corazón a las dimensiones del de Dios y la impulso por el camino de la caridad... Jesús apenas acaba apenas de comenzar a formarse en el seno de Maria, pero su Espíritu ya llena el corazón de Ella, de modo que la Madre comienza ya a seguir al Hijo divino: en el camino de Judea a Galilea es el mismo Jesús quien 'lleva' a Maria, infundiéndole el impulso generoso de ayudar al prójimo necesitado, el valor de no poner delante las propias legítimas exigencias, las dificultades, las preocupaciones, los peligros por su vida. Es Jesús quien le ayuda a superar todo dejándose conducir por la fe que opera a través de la caridad (cfr Gal 5,6"( (Benedicto XVI, el 31 de mayo de 2007).
Es maravilloso escuchar en boca del Sumo Pontífice dicha expresión sobre Maria: "el Espíritu Santo dilató su corazón a las dimensiones del de Dios"! Aquí surge aquella exclamación de estupor y alegría ante las maravillas de Dios en Maria, que invadió el corazón de Isabel y que continua invadiendo el corazón de los creyentes.
El Espíritu Santo quiere poner en los labios y en el corazón de cada uno el testimonio alegre de saberse siempre acompañado por la Virgen en el camino que nos ha trazado el Señor Jesús. Si buscamos la presencia de Maria en nuestra vida y la invocamos desde lo profundo del corazón, también nosotros experimentaremos la alegría de ser visitados por el Hijo de Dios que viene a nosotros, hoy como entonces, traído por el único Corazón que es Inmaculado, el de Su Madre. Precisamente porque es Inmaculado el Corazón de Maria no "interfiere", no compromete en modo alguno la acción del Hijo, sino que secunda todos sus movimientos, incluso el más imperceptible, para darnos la Salvación. Es siempre el "soplo" del Espíritu Santo el que conduce a Maria y a la Iglesia. Comenzando por Isabel y Juan, son muchos los que han tenido experiencia de ello.
Junto a San Bernardo queremos por ello, dirigirnos con confianza a la Virgen con la famosa oración "memorare", que la beata Teresa de Calcuta solía recitar nueve veces para conseguir particulares gracias: "Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benigna mente. Amén". (Agencia Fides 6/6/07 Líneas: 59 Palabras: 884)


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