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Vaticano

2007-05-11

VATICANO - Congreso Internacional en el 50° de la Encíclica “Fidei Donum”- “Dejar de preocuparse por la misión de evangelizar y dejar de compartir los propios recursos para calmar las necesidades del pueblo de Dios significa dejar de ser la Iglesia de Jesucristo”

Roma (Agencia Fides) - Partiendo de la Santísima Trinidad, que es corazón y fuente de la misión, el Card. Gaudencio B. Rosales, Arzobispo de Manilas (Filipinas), intervino el 9 de mayo en el Congreso Internacional en el 50° de la Encíclica “Fidei Donum” (ver Agencia Fides 21/4/2007) presentando una relación sobre el tema “Urgencia y necesidad de la misión «ad gentes» ad extra en el modelo de comunión entre las Iglesias - El don de la Fe- Un sacerdote para todas las necesidades de la misión”.
“La comunión y la misión son dos dones preciosos que la Iglesia está siempre lista a compartir con los hombres- afirmó el Cardenal-. Sin embargo, Nuestro Señor Jesucristo puede continuar su misión de difundir la Buena Nueva del amor del Padre solo a través de los discípulos. Él, en efecto, repite: “Como el Padre ha enviado a mí, así yo os mando”. Es claro que nadie puede realizar por cuenta propia la “propia misión”. Los sacerdotes y los misioneros pueden evangelizar solo en el nombre y en la persona de Jesucristo; ellos, entonces, deben sobre todo ser enviados en misión por la Iglesia y en nombre de la Iglesia, que el Señor Jesús ha fundado. Y como se da en la condición de aquellos a quienes el Señor escoge como sus discípulos, también los evangelizadores deben ser formados para una profunda e íntima relación con Jesucristo”.
El Card. Rosales citó tres momentos importantes que “marcan la labor confiada a los apóstoles de conducir la propia vida según la voluntad del Maestro. Estos tres momentos (como los colores de la luz en un prisma) no son distintos el uno del otro, se siguen y se unen, combinándose en la creación de nuevos colores. En la vida cristiana la vocación se une con la misión, así como, con la misión muchas veces se integra la condición de discípulo”. Estas tres etapas, indicadas por el Evangelista Marco, son: el llamado de Jesús, que corresponde a la vocación sacerdotal; “escogió a Doce para que estuvieran con Él”; el estar con Jesús es el fulcro del discipulado; el tercer momento es marcado por “enviarlos a predicar”. “El envío a predicar la Buena Nueva define la acción que explícitamente es llamada misión. Es este el momento en el cual los apóstoles son enviados a predicar, a contar la sabiduría, el amor y la compasión del Señor, entre los pueblos y las culturas que ellos son enviados a evangelizar. La evangelización es la tercera etapa en la vida del discípulo escogido, que comporta tanto el privilegio del llamado, como la plena realización del ser discípulos en el anuncio del Reino que solo el Señor puede inaugurar”.
Tras haber recordado que la evangelización está dirigida a todos los pueblos y culturas, según el mandamiento del Señor, el Arzobispo de Manila se detuvo en la naturaleza misionera de la Iglesia: “Proclamar la Buena Nueva del amor de Dios, es decir la evangelización de los pueblos, constituye la misión esencial, la gracia, la vocación, la identidad propia de la Iglesia. La Iglesia existe para evangelizar, para enseñar y para ser el canal del don de la gracia. La Iglesia no sería plenamente ella misma, si no cumpliese su deber de ir al encuentro de los otros (o de ser enviada en misión)… Para la Iglesia, la misión de evangelizar no es, por lo tanto, una cuestión de necesidad o de urgencia temporal; es parte de su naturaleza e identidad”.
Al final de su intervención, el Card. Rosales indicó, en el fenómeno contemporáneo de la movilidad humana, un nuevo desafío para la misión de la Iglesia, y concluyó recordando que “pertenecer a la Iglesia significa preocuparse no solo de la Iglesia misma, sino también de todos aquellos que a ella pertenecen. No es una cuestión de urgencia o de necesidad. Dejar de preocuparse por la misión de evangelizar y dejar de compartir los propios recursos para calmar las necesidades del pueblo de Dios significa dejar de ser la Iglesia de Jesucristo”. (S.L.) (Agencia Fides 11/5/2007; líneas 47, palabras 705)

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