VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA, por el p. Incola Bux y el p. Salvatore Vitiello - Hacia el Family Day, alias Dies Familiae

jueves, 10 mayo 2007

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Para dentro de poco más de 48 horas ha sido convocado en Roma el Family Day: expresión del laicado católico sostenido por la Conferencia Episcopal Italiana, y por no pocas asociaciones no-confesionales que se identifican con el carácter y el motivo de la convocatoria. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo hemos llegado al punto de tener que hacer una manifestación para defender y promover la identidad de aquella que, antes que todo credo religioso y toda opción política, es la más natural de las sociedades: la familia?
El recorrido, aunque su manifestación pueda ser veloz y repentina, tiene raíces profundas. Las encontramos en aquella “dictadura del relativismo” de memoria ratzingeriana, que caracteriza la época y, primordialmente, al Occidente. La relación entre relativismo y el poner en discusión la naturaleza del estatuto familiar es tanto de orden causal como final.
Efectivamente, el relativismo no tolera que existan verdades objetivas universalmente compartidas y, en consecuencia, tiene a anular progresivamente todas las diferencias, comprendidas aquellas irrenunciables, como la diferenciación sexual. Por esta razón el relativismo puede ser considerado “causa” de la inaceptable propuesta de “nuevos modelos familiares” equiparables jurídicamente a la Familia y asimilables a ella.
Al mismo tiempo todos tenemos, y hemos tenido, la experiencia de que la Familia es un hecho real; es el lugar del realismo por excelencia: el ámbito humano, afectivo, educativo y espiritual, en el cual el individuo aprende necesariamente a confrontarse con al realidad, con la alteridad, con la diferenciación, entrando así en aquella dinámica de opción entre el bien y el mal, entre verdadero y falso, que caracterizará la propia existencia toda.
Perspectiva, aquella del realismo, que está en las antípodas del relativismo y al que éste aborrece: es imposible para los relativistas afirmar que una cosa es buena o mala, y menos aún verdadera o falsa.
Atacar a la Familia, entonces, no es producto simplemente de querer defender presuntos e inexistentes derechos de reconocimiento en el ámbito público, de cuestiones que tranquilamente pueden ser reglamentadas en el derecho privado. Detrás de ello hay muchísimo más.
El ataque a la Familia, con la consiguiente propuesta de una “familia débil” (porque débilmente comprometida en el fuero público), constituye una agresión al último, y tal vez único, lugar que queda para aprender a ser realistas. El relativismo tiene como objeto cultural que no existan en lo sucesivo muros de contención a la propia “dictadura”, y el más grande e inexpugnable de todos, porque verdadero, es la Familia. En este sentido la relación entre relativismo y ataque a la Familia es también de orden “final”.
Por otra parte, la impostación cultural relativista, además de contradictoria en sí misma, muestra todo su carácter de existencialmente “insoportable” y “asfixiante”: es imposible vivir sin distinguir jamás entre bueno y mal, entre verdadero y falso. El corazón del hombre, hecho para el bien, para la verdad, para la justicia y para la belleza, sabrá reaccionar ante esta nueva dictadura, redescubriendo espacios de libertad y de certeza. Nosotros estamos del lado de la realidad, de la Familia, del Family Day, que preferimos llamar Dies Familiae. (S.L.) (Agencia Fides 10/5/2007; líneas 41, palabras 538)


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