VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - “El sepulcro vacío es un signo esencial” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 640)

jueves, 12 abril 2007

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En el semanal católico italiano con mayor difusión, sobre la frase del Evangelio de la resurrección (Jn 20,1-99), se lee: «“Entró también el otro discípulo, que había sido el primero en llegar al sepulcro, vio y creyó”. ¿Qué cosa ha visto? Nada en específico: es la ausencia misma que, repleta por el amor, se convierte para él en ausencia evocadora de una presencia».
¿Pero si momentos antes el evangelista sostuvo haber visto las vendas por tierra y no haber entrado para esperar a Pedro? Justamente sobre este punto, el Catecismo de la Iglesia Católica observa: “Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro” (n. 640). Por lo tanto él ha visto algún “objeto específico”. ¿Qué decir? En las Vidas de los Profetas, un documento del I siglo, afirma que los jefes religiosos judíos solían rezar ante los sepulcros a los alrededores de Jerusalén, muchos de los cuales han sido descubiertos por los arqueólogos. Quien conoce el judaísmo, sabe que la mishná y el talmud prescribían que los sepulcros permanecieran abiertos por tres días desde el momento de la sepultura del difunto, para permitir ritos de piedad como la unción que, en efecto, se efectuaba sobre los cadáveres ya envueltos en las vendas; pero, en proximidad a las grandes festividades judaicas, como la Pascua, los sepulcros eran cerrados temporalmente. También los discípulos de Jesús se disponían a observar tales prescripciones (cfr. Mc 16,6), si no hubiese intervenido la Resurrección. En efecto la sepultura de su cuerpo fue realizada con prisa dada la cercanía de las fiestas pascuales, por lo tanto era necesario regresar para completar la operación. Todo esto da ulterior valor a la importancia del sepulcro vacío.
En realidad, como ha observado el escritor Vittorio Messori, subsiste «en muchos biblistas contemporáneos, incluso con formación y convicción cristianas, la persuasión sociológica que el hombre “moderno” no podría aceptar la idea de una resurrección corporal…» (“Dicen que ha resucitado”, Turín 2000, p. 87). Para ellos lo que cuenta es “la experiencia” subjetiva de los apóstoles y no el hecho histórico de la resurrección.
Nos deberíamos preguntar: ¿si el sepulcro vacío no hubiese tenido importancia alguna, porqué el ángel hubiera invitado a ver el lugar donde había sido puesto el Señor? (cfr. Mc 16, 5ss). Si lo hizo, no fue porque las mujeres no conocían su ubicación, sino para que constatarán en persona el hecho de las vendas funerarias, como con mirada de águila hará Juan, quien “vio y creyó” (cfr. Jn 20,8).
El sepulcro vacío es “prueba” de la Resurrección, porque en este las vendas y el sudario habían sido vaciados y, al observar atentamente, daban la sensación que no hubiese pasado mucho tiempo.
De este modo, el sepulcro vacío pertenece al signo de Jonás prometido por el Maestro. Como bien recuerda Messori, la invitación del ángel a visitar la tumba vacía es un fruto totalmente relacionado a los signos del misterio que se acababa de realizar (cfr. “Dicen que ha resucitado”, p 143). El ángel movió la piedra del ingreso del sepulcro después de que Cristo había resucitado; de este modo la fe nace de la Resurrección y no al contrario, a menos que no se sostenga también que el ángel es un género literario.
Por lo tanto en el sepulcro vació no hay ambigüedad, es más, hay signos que prueban la Resurrección; más que interpretar hay que ver y creer; el sepulcro vació “agrega” mucho- ¡y cómo lo hace!- a la experiencia apostólica de la Resurrección, es más, es el fundamento histórico; de otro modo, según san Pablo, no subsistiría la fe (cfr. 1Cor 15,14).
El sepulcro vacío es capaz de fundar la fe en la Resurrección; no es argumento con “algo de contenido histórico”; al contrario, justamente las “incongruencias históricas” demuestran que el así llamado “trabajo de redacción del evangelista” no pretendía anularlas sino respetarlas, en cuanto relacionadas a un hecho históricamente realizado.
Ciertamente la Iglesia no las ha atenuado en la proclamación de las Escrituras; por lo tanto, se debe afirmar que aún hoy en día “La estructura de la palabra es suficientemente unívoca” (J. Ratzinger, “¿Qué cosa es la teología?” en La Comunión en la Iglesia, Cinisello B., 2004, p 32). Es más: “La Resurrección es un evento histórico del cual son testigos los Apóstoles y ciertamente no los creadores” (Benedicto XVI, Discurso al Convenio Eclesial de Verona, 19 octubre 2006). (Agencia Fides 12/4/2007; líneas 57, palabras 791)


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