VATICANO - PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - “¿Por quién te tienes a ti mismo?” (Jn 8,53)

jueves, 29 marzo 2007

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El grito escandalizado de escribas y fariseos contra Jesús de Nazaret, resuena después de dos mil años con todo su inexorable drama. “¿Por quién te tienes a ti mismo?” es la pregunta por excelencia que todo hombre después de Jesús no puede no plantearse. Tomarse en serio la propia humanidad significa acoger la desproporción constitutiva entre la finitud del yo y la necesidad estructural infinita de Verdad, Belleza, Justicia, en una palabra, de Felicidad, presente en el corazón de cada uno.
Precisamente la paradoja de una criatura finita que tiene en sí necesidades infinitas constituye aquella herida del corazón que se abre a la dimensión de la petición, del mendigar. Un hombre concreto, que vivió en un cierto tiempo y en un particular lugar, afirmó ser la Respuesta al corazón del hombre, la concreta posibilidad de que la paradoja de la desproporción encuentre donde reposar. Es necesario confrontarse con esta respuesta, evitando censurar tanto la historia como el propio yo.
“¿Por quién te tienes a ti mismo?” repite hoy el mundo. Jesús de Nazaret, Señor y Cristo, se ofrece al hombre de todo tiempo como respuesta realizada, fundada en la unidad, en Su persona divina, de naturaleza humana y divina. “¿Por quién te tienes a ti mismo?”; Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Los cristianos son los hombres que, sin censurar nada de la propia humanidad, acogen y verifican como auténtica la propuesta de Cristo. Una propuesta totalmente humana y al mismo tiempo totalmente divina, capaz de salvarnos “no de nuestra humanidad sino a través de ella” (Cf. Benedicto XVI, Bendición Urbi et Orbi, S. Navidad 2006). Esta experiencia común crea entre todos los cristianos esa Unidad que es claro fruto del Espíritu y que ningún compromiso humano sería jamás capaz de realizar.
“¿Por quién te tienes a ti mismo?” es la pregunta de hoy, como de todo tiempo, que el mundo dirige también a la Iglesia, mostrando así, inconscientemente, que reconoce la inseparabilidad del “Corpus Christi” que es Jesús y que es la Santa Iglesia de Dios. (Cf. Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis, n.15). La Iglesia permanece en la “pretensión de Cristo” de hacer presente a Dios en el mundo, por ello, es necesario que escandalice, que haga reflexionar, que mantenga viva esa dimensión de paradoja que, como enseñó H. De Lubac, es constitutiva del Cristianismo.
La reciente Nota del Consejo de la Conferencia Episcopal Italiana sobre el fundamental tema de la familia, en la cual se define la “legalización de las parejas de hecho como inaceptable al nivel de principio, peligroso en el plano social y educativo”, pertenece a título completo a la indicada hermenéutica de la Iglesia.
“¿Por quién te tienes a ti mismo?” Continúa resonando la pregunta del mundo. La autoconciencia de la Iglesia continúa en el tiempo la “pretensión” de Cristo: Camino, Verdad y Vida. La Unidad de la Iglesia en la Iglesia, no puede, a tal punto, estar relegada a los “buenos propósitos” de algunos, sino que pide enraizarse en aquella conciencia de pertenecer a Cristo que por sí misma justifica la “pretensión”. Pertenecer y reconocerse en la Iglesia es, de hecho, pertenecer y reconocer a Cristo como la respuesta a las preguntas infinitas del propio corazón, como Aquél que Él es: Dios hecho hombre. La pretensión queda en el tiempo, así como el escándalo.
Aquello mismo que es perceptible en la extraña contradicción de los sostenedores de la unidad de la Iglesia «ad extra», autores de peligrosos atajos ecuménicos, los cuales por el contrario, «ad intra» reafirman un mal entendido pluralismo que, en el fondo, no responde a la pregunta: Tú Jesús de Nazaret, Tu Iglesia, “¿Por quién te tienes a ti mismo?” (Agencia Fides 29/3/2007; líneas 45, palabras 616)


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